
Diferencias entre huella de carbono, estrategia de descabonización y créditos de carbono
Para saber cuántas emisiones genera una empresa o institución con sus actividades, y qué acciones tomar, es necesario analizar todas las actividades que realiza, identificar cuales pueden evitarse o modificarse, establecer un objetivo de reducción de emisiones y planificar cómo se llevarán adelante las acciones necesarias para alcanzar ese objetivo.
Según los últimos registros de la ONU, 2024 fue el año más caluroso jamás registrado, con temperaturas que superaron los 50 grados centígrados e intensas olas de calor, inundaciones, lluvias, incendios u otros fenómenos climáticos en todas partes del mundo. En semejante contexto y en un planeta que debe ser consciente del impacto ambiental, conceptos como la Huella de Carbono, la Estrategia o Plan de Descarbonización o Reducción de Emisiones GEI y los Créditos de Carbono ganan protagonismo. Si bien están interconectados, cada uno tiene un propósito específico en la lucha contra el cambio climático.
Empresas, como así también gobiernos, instituciones o personas, tienen un rol importante a la hora de aportar a la mitigación del cambio climático global. Para dimensionar la responsabilidad de cada uno y luego planificar lo que cada uno puede hacer, es necesario saber dónde está parado uno en relación a las actividades que realiza y los GEI que emite.
Conforme la Jerarquía de Mitigación que usualmente se utiliza para los procesos de evaluación del impacto ambiental, lo primero que hay que hacer es tratar de EVITAR las emisiones de GEI. Luego, en los casos que no sea posible evitarlas se debe MINIMIZARLAS o MITIGARLAS lo más posible. Esto puede hacerse por medio de buscar utilizar los procesos, materiales o tecnologías que representen menos emisiones de GEI. Luego, aquellas emisiones que no pueden ser evitadas o minimizadas “puertas adentro” de cada empresa o institución, podrán ser COMPENSADAS por medio de proyectos de reducción emisiones “puertas afuera” de las mismas.
Hay que tener claro que el objetivo principal es REDUCIR las emisiones actuales, por lo que salir a compensar “puertas afuera” sin antes haber procurado evitar o minimizar las emisiones “puertas adentro” no genera el impacto necesario para la mitigación del cambio climático.
Para saber cuántas emisiones genera una empresa o institución con sus actividades, y qué acciones puede tomar al respecto, es necesario analizar todas las actividades que realiza la empresa, identificar cuales pueden evitarse o modificarse, establecer un objetivo de reducción de emisiones y planificar cómo se llevarán adelante las acciones necesarias para alcanzar ese objetivo. El objetivo final puede ser la “descarbonización” o “Net Zero”, es decir alcanzar un equilibrio donde las actividades que emiten GEI no emitan más de las capturas de carbono que se puedan lograr. O bien, puede ser un plan de reducciones graduales, ya sea para cumplir con requerimientos legales (generalmente locales), comerciales (generalmente internacionales) o bien para cumplir con metas corporativas autoimpuestas (usualmente para minimizar riesgos reputacionales ante clientes, consumidores o comunidades locales).
Huella de Carbono: midiendo el impacto climático individual y colectivo
La huella de carbono, o Inventario de GEI, es el conjunto de emisiones de GEI generadas directa e indirectamente por una persona, un grupo, una organización, una empresa, una región, o incluso un producto, un servicio, o un evento.
Se mide en toneladas de carbono equivalente (t CO2e), ya que el CO2 es el más abundante y el que se usa como referencia.
Es una importante métrica ambiental que da a conocer las fuentes y sumideros de emisiones de GEI y sirve como herramienta de gestión para conocer las acciones que contribuyen al aumento o descenso del volumen de emisiones de GEI de nuestra actividad, directamente ligado con nuestro impacto en el cambio climático.
Su objetivo principal es identificar las fuentes de emisiones para tomar decisiones informadas que permitan reducir el impacto climático. Este sistema es esencial para establecer líneas base, implementar estrategias de reducción y medir avances en sostenibilidad.
El mecanismo más utilizado para medir la huella de carbono de empresas es el Protocolo GHG, método que separa las emisiones de gases en tres alcances:
- Emisiones de alcance 1: se trata de emisiones “directas”, es decir, las que provoca una empresa por el funcionamiento de las cosas que posee o controla. Pueden ser el resultado del funcionamiento de la maquinaria para fabricar productos, de la conducción de vehículos o simplemente de la calefacción de los edificios y la alimentación de los ordenadores.
- Emisiones de alcance 2: son las emisiones “indirectas” creadas por la producción de la energía que una organización compra. La instalación de paneles solares o la obtención de energía renovable en lugar de utilizar electricidad generada con combustibles fósiles reduciría las emisiones de alcance 2 de una empresa.
- Emisiones de alcance 3: también se trata de emisiones indirectas -es decir, las que no produce la propia empresa-, pero difieren del Alcance 2 porque abarcan las producidas por los clientes que utilizan los productos de la empresa o las producidas por los proveedores que fabrican los productos que utiliza la empresa.
Estrategia de descarbonización o de reducción de emisiones
Una estrategia o plan de descarbonización o de reducción de emisiones de GEI es un conjunto de acciones, programas y políticas destinadas a descarbonizar o reducir la huella de carbono de una entidad específica (ya sea una empresa, una persona, un municipio u otro nivel de gobierno) y se lleva a cabo para alcanzar un objetivo de reducción de emisiones de GEI.
Una estrategia integral de emisiones de GEI abarca una serie de medidas destinadas a abordar los “puntos calientes” de las emisiones o las actividades de alta emisión dentro de las operaciones directas de una organización (Alcance 1 y 2), así como sus cadenas de valor y/o el uso de sus productos (Alcance 3).
Desarrollar una estrategia de reducción de emisiones de GEI puede ayudar a las empresas a identificar sus fuentes de emisiones, establecer objetivos basados en la ciencia para reducirlas, poner en marcha acciones para alcanzar esos objetivos y comprender cómo realizar un seguimiento eficaz de los avances hacia el objetivo. Entre las medidas más comunes figuran la mejora de la eficiencia energética y el aumento del uso de energías renovables en las instalaciones propias, así como la colaboración con los socios de la cadena de valor para la transición a opciones de transporte con bajas emisiones de carbono.
Créditos de carbono: una herramienta de compensación global
Por su parte, los Créditos o Certificados de Carbono son una forma innovadora de compensar las emisiones residuales. Representan reducciones verificadas de una tonelada de CO2 equivalente, generadas por proyectos de mitigación en diversas partes del mundo. Estas iniciativas, certificadas por entidades independientes, permiten que las organizaciones avancen hacia la neutralidad de carbono, complementando sus esfuerzos de reducción directa.
Los mercados de carbono fueron creados por la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático como una vía para generar financiamiento, principalmente desde el sector privado, para promover acciones que impliquen una reducción o una captura de GEI.
Actualmente existen al menos 170 tipos de tecnologías para generación de créditos de carbono a través de la captura y reducción de emisiones, tanto del sector forestal y del uso del suelo, como de los sectores de las energías renovables, la eficiencia energética, los hogares y comunidades, la producción industrial, el transporte, la gestión de residuos y la agricultura.
Argentina ha participado, desde 2005, tanto en los mercados regulados como en los mercados voluntarios. A través del Mecanismo para un Desarrollo Limpio (MDL) establecido en el Protocolo de Kyoto, se desarrollaron más de 45 proyectos en el país. Hasta el año 2024, se han registrado más de 60 proyectos en total. Esto es casi ínfimo si se compara con la situación a nivel global y regional. A nivel global, existen más de 14.000 proyectos de captura y reducción de emisiones certificados y registrados bajo estándares internacionales.
Por su parte, en Latinoamérica y durante los últimos 5 años se formularon el 22% de los créditos de carbono emitidos en todo el mundo, siendo así la segunda región proveedora de reducciones de emisiones certificadas, especialmente por parte de proyectos en Colombia, Brasil y México. Pero si se observan solamente los proyectos de Soluciones Basadas en la Naturaleza (del sector agropecuario y forestal principalmente), el 50% de los créditos fueron generados en esta región.
Debido a la gran demanda internacional de créditos de carbono y a la gran diversidad de ecosistemas y recursos naturales de Argentina, el país tiene una gran oportunidad para generar créditos de carbono de calidad. De hecho, la Mesa de Carbono ha colaborado en la elaboración de un anteproyecto de ley para dar seguridad jurídica y transparencia internacional a los créditos de carbono en Argentina que se encuentra actualmente en el Congreso de la Nación. Por eso, se trabaja para que el país participe en acuerdos de transferencias internacionales de reducción de emisiones en el marco del artículo 6 del Acuerdo de París.
Hacia un futuro más sostenible
Aunque estos tres conceptos trabajan en conjunto, su utilidad varía:
- La Huella de Carbono ayuda a entender el impacto climático.
- La Estrategia de Descarbonización o Reducción de Emisiones establece objetivos de reducción de emisiones y acciones concretas para alcanzar la meta establecida.
- Los Créditos de Carbono ofrecen soluciones de compensación.
Las empresas y organizaciones que adopten estas herramientas no solo contribuirán al cuidado del medio ambiente, sino que también fortalecerán su compromiso con la sostenibilidad, generando un impacto positivo en la sociedad y la economía global.
Juan Pedro Cano
Coordinador de la Mesa de Carbono

