Empresas B: Argentina gana peso global en un modelo que combina rentabilidad e impacto

Empresas B: Argentina gana peso global en un modelo que combina rentabilidad e impacto

El país consolida su posicionamiento con casi 300 compañías certificadas y un crecimiento sostenido, incluso en un contexto económico adverso, mientras el sector privado amplía su participación en agendas sociales y ambientales.

Cada marzo se celebra el Mes de las Empresas B, una iniciativa impulsada por Sistema B para visibilizar a compañías que integran objetivos económicos con impacto social y ambiental. Bajo el lema “Una simple letra, un gran significado”, la edición de este año pone el foco en la certificación como señal de compromiso con estándares más amplios de gestión.

A nivel global, el universo de Empresas B supera las 10.700 organizaciones distribuidas en 104 países. En la Argentina, el total asciende a 292 compañías, lo que ubica al país entre los principales referentes del movimiento, tanto en cantidad como en ritmo de crecimiento.

Este tipo de empresas se caracteriza por incorporar en su estructura legal y operativa criterios de impacto sobre la sociedad y el ambiente, más allá de la rentabilidad. La medición y gestión de estos efectos forma parte de su modelo de negocio, lo que implica un cambio de paradigma respecto de enfoques tradicionales.

Crecimiento local en un contexto desafiante

Argentina se posiciona actualmente como el décimo país con mayor cantidad de Empresas B y el segundo en América Latina. Este desempeño resulta significativo si se considera el contexto económico reciente, marcado por restricciones y falta de incentivos específicos para este tipo de iniciativas.

Desde Sistema B Argentina destacan que, a pesar de estas condiciones, el país lideró el crecimiento regional en nuevas certificaciones durante el último año. En 2025 se sumaron 54 compañías, lo que lo convirtió en uno de los períodos más dinámicos desde la creación del sistema en 2012.

Además, en los primeros meses del año, Argentina se ubicó como el segundo país del mundo con mayor cantidad de empresas en proceso de certificación, solo por detrás del Reino Unido. Este dato refleja el interés creciente del sector privado por adoptar modelos de gestión con enfoque de triple impacto.

En términos económicos, las Empresas B locales abarcan 30 sectores productivos, generan más de 45.700 empleos y alcanzan una facturación conjunta superior a los 5.700 millones de dólares anuales.

Grandes compañías impulsan el modelo

El crecimiento del movimiento no se limita a empresas emergentes. En los últimos años, grandes compañías comenzaron a adoptar este estándar, ampliando su alcance y visibilidad. Un caso destacado es el de Danone, que en 2025 certificó todas sus operaciones a nivel global, convirtiéndose en la Empresa B más grande del mundo.

La compañía, con presencia en más de 60 países, concentra cerca del 9% de la fuerza laboral del movimiento. En Argentina, implementa medidas como el uso mayoritario de energías renovables en su producción, la reformulación de productos para reducir azúcares y programas de donación de alimentos a gran escala.

Otro caso relevante es La Anónima, que obtuvo la certificación recientemente. Con más de un siglo de trayectoria, la empresa formalizó prácticas vinculadas al desarrollo de proveedores locales, la reducción de residuos y el fortalecimiento de economías regionales.

Estos ejemplos muestran cómo la certificación B puede funcionar tanto como herramienta de validación como de gestión estratégica, integrando criterios de sostenibilidad en la toma de decisiones empresariales.

Innovación y tecnología en clave ambiental

Dentro del ecosistema de Empresas B también se destacan iniciativas orientadas a la innovación ambiental. Es el caso de ReForest Latam, una firma argentina que desarrolla proyectos de restauración de ecosistemas mediante el uso de tecnología.

La compañía utiliza drones de precisión para sembrar semillas encapsuladas en áreas de difícil acceso, combinando conocimiento científico con herramientas digitales. Este enfoque permite escalar procesos de reforestación y contribuir a la mitigación del cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

Actualmente, la empresa opera en distintos países de la región, incluyendo Paraguay, Bolivia y Brasil, y trabaja en proyectos en la Patagonia argentina junto a equipos científicos. Este tipo de iniciativas refleja el potencial del modelo B para articular soluciones tecnológicas con impacto ambiental positivo.

Un modelo que busca consolidarse

El avance de las Empresas B en Argentina evidencia una transformación en la forma de concebir la actividad empresarial. Lo que hace algunos años era percibido como un enfoque marginal, hoy se consolida como una alternativa viable dentro del mercado.

El desafío hacia adelante será sostener este crecimiento en un entorno económico complejo y lograr que más compañías incorporen criterios de impacto en su gestión. En ese sentido, la articulación entre sector privado, organismos y consumidores será clave para escalar este modelo.

A medida que crece la demanda por prácticas más sostenibles, las Empresas B buscan posicionarse como actores relevantes en la construcción de una economía que combine desarrollo, inclusión y cuidado ambiental.