Impulsan en Buenos Aires una planta de bioetanol que busca sumar a la provincia al mapa energético

Impulsan en Buenos Aires una planta de bioetanol que busca sumar a la provincia al mapa energético

Un grupo de productores y empresarios agropecuarios avanza con un proyecto industrial de alto impacto en el oeste bonaerense, orientado a transformar maíz en biocombustible y subproductos. La iniciativa combina integración productiva, infraestructura disponible y alianzas estratégicas, aunque depende de definiciones regulatorias para concretarse.

Un grupo de 20 productores y empresarios vinculados a la actividad agropecuaria impulsa la instalación de una planta de bioetanol en General Villegas, con el objetivo de incorporar a la provincia de Buenos Aires al reducido conjunto de jurisdicciones que producen este biocombustible a base de maíz.

La iniciativa es desarrollada por integrantes del Movimiento CREA Villegas junto a actores privados de la región, en un proceso que lleva varios años de planificación. Bajo el nombre BIOVI, la empresa en formación busca consolidar un nuevo esquema productivo en una zona caracterizada por su fuerte perfil agrícola, pero históricamente alejada de los principales puertos de exportación.

El proyecto no solo apunta a la industrialización del maíz en origen, sino también a generar una red de valor asociada que incluya subproductos y encadenamientos con otras actividades, especialmente la ganadería.

Inversión, escala y condiciones necesarias

El desarrollo de la planta requiere una inversión estimada en torno a los 100 millones de dólares, de los cuales, según los impulsores, ya estaría asegurado aproximadamente el 50%. Para canalizar estos fondos, se prevé utilizar el Régimen de Incentivo a Medianas Inversiones (RIMI), aún pendiente de reglamentación.

La planta tendría capacidad para producir 248 metros cúbicos diarios de bioetanol, lo que equivale a unos 88.855 metros cúbicos anuales. A su vez, generaría 201.656 toneladas de burlanda —un subproducto clave para la alimentación animal— y 3.240 toneladas de aceite.

En términos operativos, el complejo demandaría unas 216.590 toneladas de maíz por año, además de 49.600 metros cúbicos diarios de gas, 2,75 MW de energía eléctrica y un consumo de agua de 60 metros cúbicos por hora. Según los desarrolladores, estos servicios ya cuentan con disponibilidad en la zona.

El emprendimiento prevé la creación de 100 puestos de trabajo directos y alrededor de 300 indirectos, consolidando su impacto en la economía regional.

Infraestructura y contexto económico

Uno de los factores determinantes para la localización del proyecto fue la disponibilidad de infraestructura energética. Según explicó uno de los impulsores, Pierre Courreges, “La primera condición que se daba era que llegaba un ramal de gas a Villegas y pasaba por la ruta en frente a nuestros campos. También un ramal importante, novedoso, de energía eléctrica de media tensión. Ahí nos dimos cuenta que las condiciones para la instalación de una planta podían existir”.

A esto se sumó un cambio en el contexto macroeconómico que, de acuerdo con los desarrolladores, modificó la lógica de planificación empresarial. “Después hubo un cambio de gobierno que empezó a apuntar un poco más al desarrollo, a acomodar la economía. Hasta ese momento, recordemos que todas las empresas argentinas, y el campo también, éramos casi empresas financieras, tratando de buscar algún crédito, que después lo podíamos pagar más fácil por algún tipo de devaluación. Entonces, cuando vimos que empezó en el país la búsqueda de una economía más sana, más normal dentro de lo que es el mundo, nos dimos cuenta que teníamos que apuntar a la eficiencia y a la reducción de costos”.

Alianzas estratégicas y transferencia de conocimiento

En la etapa de diseño, los impulsores del proyecto analizaron modelos internacionales, especialmente en países como Estados Unidos y Brasil, líderes en la producción de bioetanol. También buscaron referencias dentro del mercado local.

En ese recorrido, establecieron vínculos con Bio4, una de las principales productoras de bioetanol de maíz del país, con sede en Córdoba. “Empezamos a recorrer campos y empresas, y llegamos a BIO4, para ver el tema del etanol: nos mostraron la planta, toda la tecnología y los beneficios y nos pareció muy interesante”, explicó Courreges.

El vínculo avanzó hacia una posible participación directa en el proyecto. “Nos recibió Manuel Ron, que es el CEO de BIO4 y Marcelo Otero, su socio, y le comentamos que nos parecía fantástico y nos gustaría en algún momento hacer lo mismo en General Villegas, y ellos nos dijeron ‘nosotros estamos para acompañar, para ser parte’”.

Impacto productivo y ventajas logísticas

La ubicación de la planta aparece como uno de los factores clave en la ecuación económica. General Villegas se encuentra a unos 360 kilómetros del polo portuario de Rosario, lo que implica costos logísticos elevados para el traslado del maíz.

“El costo del flete para llegar hasta el puerto es de US$ 40. Entonces, eso le puede generar a los productores un ahorro en ese sentido”, señaló Courreges. En este esquema, la industrialización en origen permitiría capturar mayor valor agregado dentro de la región.

Además, la producción de burlanda como subproducto introduce beneficios adicionales para la ganadería. “El subproducto que es la burlanda, es un alimento espectacular para el ganado con dos efectos: reduce los costos de alimentación entre un 10 y un 12% y mejora la calidad de la carne, el marmoleo, que a los frigoríficos les interesa mucho también”.

Un proyecto atado a definiciones regulatorias

Pese a los avances técnicos y financieros, la concreción de BIOVI depende de ciertos factores regulatorios. Entre ellos, los impulsores destacan la necesidad de modificaciones en la política de biocombustibles, particularmente en lo referido al porcentaje de mezcla obligatoria de etanol con nafta.

Este punto resulta central para garantizar la demanda del producto y la viabilidad económica del emprendimiento. En paralelo, la reglamentación del RIMI aparece como otro elemento clave para avanzar con la inversión.

En ese marco, el proyecto se posiciona como una iniciativa que combina condiciones productivas favorables, infraestructura disponible y articulación público-privada, a la espera de un entorno normativo que permita su concreción.