“Argentina tiene una oportunidad enorme en el mercado voluntario de carbono”

“Argentina tiene una oportunidad enorme en el mercado voluntario de carbono”

Alejandra Scafati, vicepresidenta de la Bolsa Argentina de Carbono (BACX), analizó el potencial que tiene el país para atraer inversiones vinculadas a proyectos ambientales y cuestionó los modelos regulados impulsados en Europa. También habló sobre agro, minería, Vaca Muerta y el desconocimiento global que todavía existe alrededor del negocio del carbono.

La puesta en marcha de la plataforma digital de BACX marcó el inicio formal de operaciones de la primera bolsa voluntaria de carbono de América Latina. El sistema permitirá comercializar créditos certificados bajo estándares internacionales y conectar proyectos locales con empresas e inversores de distintos mercados.

En diálogo con Gerencia Ambiental, Alejandra Scafati explicó cómo funciona el mercado voluntario de carbono, por qué considera que la Argentina no debería avanzar hacia un esquema regulado y cuáles son las oportunidades que aparecen para sectores como el agro, la minería y la energía.

—Para alguien que escucha hablar del mercado de carbono y no entiende demasiado, ¿cómo se puede explicar de manera simple?

—Lo primero que hay que entender es que no existe un solo mercado de carbono. Hay dos grandes grupos: los mercados regulados y los mercados voluntarios. Los regulados funcionan por leyes y obligaciones impuestas por gobiernos o bloques regionales, como el sistema europeo ETS o el mercado chino. En cambio, el mercado voluntario es global, no tiene regulación estatal y funciona entre privados mediante oferta y demanda.

—¿Y cuál considerás que funciona mejor?

—Tienen objetivos distintos, pero yo creo que para países como Argentina el mercado voluntario es mucho más razonable. El regulado nació con el Protocolo de Kyoto y buscaba obligar a los grandes contaminadores históricos a reducir emisiones. El problema es que, después de 20 años, las emisiones siguen aumentando. Eso no es una opinión, es un dato.

—¿Por qué cuestionás tanto esos modelos?

—Porque muchas veces las empresas encuentran mecanismos para declarar menos emisiones sin que exista una reducción real. Además, los mercados regulados terminan generando costos internos muy altos. En Argentina eso sería un problema enorme porque trasladaría más costos a la economía y terminaría impactando en inflación.

—También hay una discusión geopolítica detrás de todo esto.

—Totalmente. Estados Unidos nunca terminó de acompañar Kyoto porque consideraba que Europa jugaba con ventaja. Los europeos habían trasladado muchas industrias contaminantes hacia otros países y entonces sus emisiones territoriales aparecían más bajas. Estados Unidos decía: “Yo tengo mis industrias adentro”. Esa discusión sigue hasta hoy.

—¿Qué diferencia concreta tiene el mercado voluntario?

—Que hay inversión genuina detrás. Si no hay inversión real y un proyecto monitoreado, no existe certificado de carbono. Ahí está la gran diferencia. Vos tenés que demostrar reducción de emisiones o mejoras ambientales concretas y todo eso pasa por procesos de validación internacional.

—¿Cómo funciona en la práctica la Bolsa Argentina de Carbono?

—Funciona como una plataforma de trading. Las empresas abren una cuenta y pueden comprar o vender certificados de carbono igual que en cualquier mercado financiero. Nosotros actuamos como intermediarios entre quienes desarrollan proyectos y quienes necesitan compensar emisiones.

—¿Por qué BACX es importante dentro de la región?

—Porque es la primera bolsa voluntaria de carbono de América Latina. Hay iniciativas en otros países, pero una plataforma de este tipo no existía. La idea es darle volumen y transparencia al mercado regional.

—¿Y por qué América Latina todavía tiene tan poco desarrollo en este segmento?

—Porque hay muchísimo desconocimiento técnico. Muchísimo. Incluso gente que trabaja todos los días con activos financieros muchas veces no entiende cómo funciona un certificado de carbono. Después de la COP26 esto empezó a crecer más, pero sigue siendo un mercado altamente especializado.

—¿La Argentina hoy participa poco?

—Muy poco. Pero eso también es una oportunidad porque todavía hay muchísimo potencial para crecer. Argentina tiene recursos naturales enormes, ecosistemas valiosos y posibilidades de incorporar tecnología más eficiente.

—¿Dónde ves las mayores oportunidades?

—Principalmente en el agro, en energía y en minería. Argentina necesita proyectos de adaptación climática porque nuestra economía depende muchísimo del campo. Sequías, inundaciones y eventos extremos ya están afectando la productividad.

Alejandra Scafati, vicepresidenta de la Bolsa Argentina de Carbono (BACX)

Alejandra Scafati, vicepresidenta de la Bolsa Argentina de Carbono (BACX)

—¿El agro puede transformarse en un actor central?

—Sin dudas. Argentina vive del campo. Eso es así. Entonces todo lo que tenga que ver con mejorar productividad, manejo de suelos, infraestructura hídrica o evitar incendios termina siendo estratégico. Los proyectos de carbono pueden ayudar a financiar parte de esas inversiones.

—¿Y qué lugar ocupan Vaca Muerta y la minería dentro de este esquema?

—Yo no digo dejar de desarrollar Vaca Muerta ni por casualidad. Mientras haya gas, usémoslo. El gas sigue siendo considerado un combustible de transición incluso dentro de las propias negociaciones climáticas. Lo importante es incorporar tecnologías para reducir emisiones y capturar metano.

—O sea que no ves incompatibilidad entre energía y mercado de carbono.

—Para nada. De hecho, muchas empresas internacionales de energía y minería tienen metas de descarbonización fijadas por sus casas matrices y necesitan proyectos donde canalizar inversiones ambientales. Hoy muchas veces terminan comprando certificados afuera porque acá todavía faltan proyectos desarrollados.

—¿Qué le falta a la Argentina para crecer más rápido?

—Financiamiento. Ese es el principal problema. Desarrollar un proyecto de carbono requiere inversión inicial y muchas veces pasan años hasta que se empiezan a emitir certificados. Sin crédito y sin financiamiento de largo plazo es muy difícil.

—¿Por eso insistís tanto con atraer capital externo?

—Claro. Hay países como Japón, Suiza, Alemania, Australia o Corea del Sur buscando este tipo de activos. Son inversiones reales, dólares que entran al país y además mejoran productividad e infraestructura.

—También mencionaste el caso de Misiones.

—Sí. Misiones tiene uno de los proyectos jurisdiccionales más importantes de la región. Solo en una primera etapa podría representar unos US$200 millones. Y además esos programas ayudan a reducir incendios, mejorar monitoreo ambiental y fortalecer infraestructura local.

—¿Sentís que todavía falta decisión política para impulsar estos mecanismos?

—Creo que falta comprensión del tema. Esto no es romanticismo verde. Estamos hablando de financiamiento, inversiones y competitividad. El mercado voluntario funciona entre privados, sin imponer más regulaciones internas y con incentivos económicos concretos. Ahí hay una oportunidad enorme para la Argentina.