Un informe del sector advierte que cerca de un tercio de la capacidad eólica instalada en la región llegará al final de su vida útil hacia 2030. La discusión se centra en si conviene extender operaciones, reemplazar aerogeneradores o avanzar con el desmantelamiento de los complejos.
La industria eólica europea comenzó a debatir uno de los desafíos más relevantes de la próxima década: qué hacer con los parques que fueron construidos durante el primer gran ciclo de expansión renovable y que ya se acercan al límite técnico y económico para el que fueron diseñados.
Un informe elaborado por Shoreline Wind, empresa especializada en soluciones digitales para planificación y simulación de proyectos eólicos, señala que hacia 2030 cerca del 30% de la capacidad instalada de Europa —equivalente a 86 GW— alcanzará los 20 años de operación. El escenario obliga a desarrolladores, operadores e inversores a definir estrategias para instalaciones que empiezan a mostrar signos de envejecimiento tecnológico y menor eficiencia productiva.
El trabajo, titulado Triple Salto: Oportunidades de Repotenciación para la Energía Eólica, analiza las distintas alternativas disponibles para los activos más antiguos: modernizar los parques mediante nuevas turbinas, prolongar la vida útil de los equipos actuales o avanzar directamente hacia el cierre y desmantelamiento de los proyectos.
Repotenciación: más energía con menos infraestructura
Dentro del sector, la opción de reemplazar aerogeneradores por equipos de última generación aparece como una de las alternativas con mayor potencial económico y operativo.
La denominada repotenciación permite aprovechar la infraestructura existente —accesos, conexiones eléctricas y terrenos— para instalar turbinas más eficientes, capaces de producir una cantidad significativamente mayor de energía con menor cantidad de equipos.
El informe sostiene que esta estrategia podría transformarse en una de las formas más rápidas para incrementar la generación renovable en Europa, aunque advierte que existen obstáculos regulatorios, financieros y logísticos que todavía dificultan la aceleración de estos proyectos.
Entre los principales desafíos aparecen la renovación de permisos ambientales, la extensión de contratos de arrendamiento de tierras y las dificultades para conseguir financiamiento en un contexto de mayores costos de capital.
Pierre-Etienne Claveranne, director general de Green Giraffe y uno de los especialistas consultados para el estudio, explicó que el debate dentro de la industria gira alrededor de la rentabilidad futura de cada alternativa.
“Todo el mundo se pregunta: ¿qué es mejor? ¿Prolongar la vida útil o modernizar las instalaciones?… Puede que la gente prefiera modernizar las instalaciones porque la oportunidad de obtener más energía de esa inversión de capital es más valiosa”, señaló.
Extender la vida útil, otra opción en análisis
A pesar del avance tecnológico de las nuevas turbinas, muchos operadores todavía evalúan extender la operación de parques existentes para maximizar la rentabilidad de inversiones ya amortizadas.
En ese sentido, las empresas comenzaron a desarrollar estrategias de mantenimiento más sofisticadas para sostener el rendimiento de los equipos y retrasar decisiones de cierre o reemplazo total.
David Guzmán Vázquez, consultor sénior de OWC, explicó que el análisis sobre el final de vida útil de los activos empieza incluso antes de que los proyectos entren plenamente en operación.
“Observamos que, incluso en la fase inicial de desarrollo, la gente se pregunta: ‘¿Qué podemos hacer ahora para maximizar la vida útil de las turbinas al final de sus 20 años de funcionamiento?’”, afirmó.
El especialista indicó que muchas compañías incrementan controles técnicos, inspecciones estructurales y reparaciones preventivas para extender la operación de los aerogeneradores más allá de las dos décadas previstas originalmente.
La discusión adquiere todavía mayor complejidad en los proyectos offshore, donde las condiciones ambientales generan un desgaste más agresivo sobre las estructuras.
El desafío de los parques offshore
Los primeros desarrollos eólicos marinos de Europa también empiezan a ingresar en una etapa crítica de evaluación técnica y económica.
El informe menciona el caso del parque offshore Princess Amalia, operado por Eneco, cuyos permisos y contratos clave comenzarán a vencer hacia fines de esta década.
Dominique van den Langenberg, gerente sénior de proyectos de la compañía, advirtió que las instalaciones marinas presentan desafíos específicos vinculados principalmente a la corrosión y a la fatiga estructural.
“Especialmente en alta mar, se observa mucha corrosión en el acero secundario, por lo que es necesario realizar cálculos para determinar si la carga de fatiga se mantiene dentro de los límites de las cargas de diseño”, explicó.
Según detalló, las empresas trabajan junto a organismos certificadores para determinar la vida útil remanente de estructuras, componentes y conexiones críticas antes de decidir inversiones adicionales.
La digitalización gana protagonismo
El estudio también destaca el creciente rol de las herramientas digitales en la toma de decisiones sobre el futuro de los parques eólicos envejecidos.
Las plataformas de simulación y análisis permiten proyectar escenarios de generación, estimar costos operativos y modelar el comportamiento técnico de instalaciones repotenciadas o extendidas.
Además, estas tecnologías ayudan a planificar procesos complejos de desmantelamiento, incluyendo reciclaje de palas, logística de transporte y adecuación ambiental según la normativa vigente.
“Los sistemas digitales pueden ayudar a los promotores a simular la producción energética de proyectos repotenciados, optimizar la planificación de la construcción y la logística”, afirmó Wojtek Nodzynski, director de ventas empresariales de Shoreline Wind.
La discusión sobre el envejecimiento del parque eólico europeo aparece así como un nuevo capítulo dentro de la transición energética regional. Las decisiones que adopte la industria durante los próximos años influirán directamente sobre la velocidad de expansión renovable, la seguridad del abastecimiento y el cumplimiento de los objetivos climáticos de largo plazo.


