Sustentabilidad 2026: las empresas priorizan el impacto medible y la gestión de riesgos

Sustentabilidad 2026: las empresas priorizan el impacto medible y la gestión de riesgos

La sustentabilidad corporativa estuvo asociada durante años, en muchos casos, a políticas de reputación, campañas de comunicación e iniciativas paralelas al corazón del negocio. Pero el escenario actual parece estar marcando un cambio de paradigma.

En medio de un contexto global atravesado por tensiones geopolíticas, agendas económicas cambiantes y debates sobre la velocidad de la transición sostenible, las empresas no están frenando sus estrategias ESG (Ambiental, social y gobernanza), sino que las están reformulando.

La discusión dejó de pasar únicamente por “hacer sustentabilidad”  para enfocarse en cómo convertirla en una herramienta concreta de competitividad, acceso a mercados y reducción de riesgos. Y eso implica una transformación mucho más profunda.

Aunque los cambios políticos y regulatorios en distintos países generan ritmos diversos, las tendencias estructurales siguen avanzando. Las exigencias de inversores, cadenas globales de valor, organismos financieros y consumidores empujan a las compañías hacia estándares cada vez más sofisticados. En América Latina, además, varios países comenzaron a consolidar marcos regulatorios específicos (como Brasil, México o Chile), lo que refuerza la dirección de largo plazo.

Incluso en contextos donde las regulaciones todavía son limitadas, las compañías líderes continúan alineándose con estándares internacionales, ya sea por requerimientos de casas matrices, necesidad de financiamiento o exigencias de clientes globales. Más que una pausa o cambio de agenda, lo que se observa es una adaptación del enfoque.

Ese cambio se refleja con claridad en la manera en que evolucionaron las iniciativas empresariales. Las acciones aisladas o puramente comunicacionales pierden terreno frente a proyectos vinculados directamente con resultados medibles, eficiencia operativa y gestión de riesgos. La sustentabilidad empieza a integrarse en las decisiones estratégicas y deja de funcionar como un compartimento separado dentro de las organizaciones.

Uno de los avances más notorios del último año fue la profesionalización en este tema. Las empresas fortalecieron sistemas de medición, procesos de trazabilidad y controles internos vinculados a información no financiera. También crecieron los proyectos relacionados con huella ambiental, compliance, gobierno corporativo y uso de tecnologías, incluyendo a la inteligencia artificial, para mejorar el análisis de datos y los procesos de reporting.

En paralelo, comenzó a ganar relevancia un aspecto que hasta hace poco quedaba en segundo plano: la calidad de los datos. Ya no alcanza con reportar acciones o indicadores; ahora el foco empieza a ponerse en la robustez de la información y en la capacidad de verificarla. ¿Estamos seguros de que esta información es correcta? ¿Alguien distinto del que la prepara la está auditando interna ó externamente? Esa lógica acerca la sustentabilidad a estándares similares a los de la información financiera tradicional.

Después de mucho tiempo de hablar sobre este tema, finalmente ahora sí la Sustentabilidad atraviesa todas las áreas. Finanzas, operaciones, recursos humanos, tecnología y gestión de riesgos empiezan a trabajar de manera más integrada. También se observa una mayor participación de directorios y alta dirección, un factor clave para consolidar la gobernanza y convertir estos temas en parte de la estrategia corporativa. Un directorio ya no puede “mirar para otro lado”, si soy miembro de un Board, debo preguntar sobre el tema y analizar estos riesgos y oportunidades con cuidado.

Al mismo tiempo, aparece un fenómeno interesante en la región: empresas medianas que crecieron rápidamente y ahora deben adaptarse a una agenda mucho más compleja y exigente. En ese salto, la sustentabilidad deja de ser opcional y pasa a formar parte de los nuevos estándares de gestión.

La evolución de los reportes integrados también confirma esta tendencia. La publicación de las normas NIIF S1 y S2, sumada a nuevas exigencias regulatorias en Europa y en mercados bursátiles regionales, impulsó a muchas organizaciones a ordenar procesos y adoptar estándares internacionales. Aunque todavía no todas publican reportes integrados, sí avanzan en construir la estructura necesaria para hacerlo cuando el contexto lo demande.

En términos de inversión, tampoco se observa una retracción generalizada. Lo que sí aparece es una asignación más selectiva de recursos. Las compañías priorizan proyectos con impacto tangible, retorno claro o capacidad de mitigar riesgos.

Ese cambio de prioridades también se refleja en las herramientas que crecieron con más fuerza. Las plataformas tecnológicas de gestión ESG, los sistemas de reporting y consolidación de indicadores, las soluciones de automatización y las herramientas de análisis de riesgos muestran una expansión sostenida. En contraste, pierden peso las iniciativas desconectadas de objetivos concretos o sin indicadores verificables.

En Argentina, además, el mercado de finanzas sostenibles parece haber mutado hacia esquemas menos visibles, pero más estructurales. Bajó su ritmo la emisión de bonos temáticos, aunque crecieron las operaciones vinculadas a organismos multilaterales y bilaterales que exigen incorporar métricas y mecanismos de gestión sostenible.

Para un inversor, un financiador o un comprador internacional, contar con trazabilidad, métricas confiables y procesos alineados con estándares globales puede marcar la diferencia entre ser considerado un socio confiable o un actor de riesgo.

En definitiva, el nuevo escenario parece empujar a las empresas hacia una etapa más madura: menos enfocada en el discurso y más centrada en la capacidad real de generar valor, medir impacto y sostener resultados en un entorno cada vez más exigente.

Por Julián Costábile, socio de Sustentabilidad de SMS Buenos Aires