
Estudiantes de Corrientes convierten batata descartada en harina funcional y bioplásticos
El proyecto desarrollado en una escuela técnica de Bella Vista busca aprovechar una parte de la cosecha que queda fuera del circuito comercial por cuestiones de tamaño o apariencia. El proceso permite obtener dos productos a partir del mismo tubérculo y abre una alternativa para agregar valor a una producción local.
Cuatro estudiantes de la Escuela Técnica Dr. Juan Esteban Martínez, de Bella Vista, Corrientes, desarrollaron un emprendimiento que transforma batatas descartadas por los mercados en dos productos con potencial comercial: una harina funcional con 80% menos de almidón y un material destinado a la elaboración de bioplásticos. La iniciativa busca convertir un desperdicio agrícola en materia prima para alimentos y biomateriales.
El proyecto nació a partir de un problema concreto de la producción regional. En Tres de Abril, uno de los principales enclaves batateros de la zona, se cosechan unas 2.800 toneladas por año y cerca del 20% queda fuera del circuito comercial. Son más de 500 toneladas de tubérculos que, pese a encontrarse en condiciones aptas para el consumo, terminan descartados porque no cumplen con los parámetros de tamaño, color o forma exigidos por el mercado.
Del descarte agrícola a una nueva materia prima
El equipo integrado por Soledad Sánchez, Adán Sisterna, Lucía Chamorro y Lourdes Fleita, bajo la coordinación de la ingeniera María de los Ángeles Herrera, tomó ese volumen de producto rechazado como punto de partida para desarrollar una alternativa de aprovechamiento integral.
La escuela ya contaba con experiencia en el procesamiento de batata. En años anteriores había trabajado en la producción de harina mediante el secado y posterior molienda del tubérculo completo. El nuevo desarrollo incorporó una etapa que modifica sustancialmente el resultado: la extracción previa del almidón.
«Antes, la harina de batata se hacía así como venía, procesando el tubérculo entero. Ahora lo que se hace es separar esa batata, sacarle el almidón», explicó Herrera. «Entonces se obtiene, por un lado, una harina de batata reducida en un 80 % de almidón y un rebozador también reducido en almidón, y, por el otro, se recupera el almidón puro como un subproducto independiente de altísimo valor.»
El procedimiento permite obtener dos corrientes de producción a partir del mismo lote. Una se convierte en harina y rebozador, mientras que la otra recupera el almidón para darle un destino diferente.
Una harina con perfil funcional
La extracción del almidón modifica las características nutricionales del producto final. Al reducirse en aproximadamente 80%, la harina concentra proporcionalmente otros componentes de la batata, entre ellos fibra, minerales y vitaminas.
El desarrollo también presenta una ventaja vinculada con la alimentación: se trata de un producto naturalmente libre de gluten y con un menor índice glucémico respecto de una harina convencional de batata. Esa característica podría permitir su utilización en productos destinados a consumidores que necesitan controlar el impacto de los carbohidratos en la alimentación.
La propuesta apunta, además, a un mercado donde buena parte de las harinas funcionales y libres de gluten tienen precios elevados. Utilizar una materia prima que actualmente se descarta permitiría reducir costos y, al mismo tiempo, generar una alternativa elaborada con producción agrícola regional.
El equipo ya realizó ensayos con el producto y desarrolló alimentos a partir de la harina, entre ellos galletitas que serán presentadas durante la final nacional de Emprende U.
El almidón se convierte en bioplástico
La segunda parte del proceso permite avanzar hacia otro mercado. El almidón extraído de la batata no se descarta, sino que se utiliza como materia prima para desarrollar bioplásticos.
«Estamos trabajando con los chicos en el desarrollo del bioplástico con el almidón de la batata y está muy bueno porque sale lindo, sale bien, ya llegaron a armar bolsitas biodegradables», detalló Herrera.
De esta manera, el proyecto busca aprovechar prácticamente la totalidad del tubérculo descartado. Mientras una parte se orienta a la elaboración de alimentos, la otra se utiliza para producir materiales que podrían sustituir productos plásticos de un solo uso.
La lógica del emprendimiento es justamente evitar que el aprovechamiento de una fracción genere un nuevo residuo. El mismo proceso permite obtener dos productos con aplicaciones diferentes y agregar valor a una materia prima que originalmente quedaba fuera del mercado.
Dos escuelas públicas y energía solar
La iniciativa también se apoya en recursos desarrollados dentro del sistema educativo. Para deshidratar las batatas, los estudiantes utilizan Helios, un secador solar térmico diseñado y perfeccionado por distintas generaciones de alumnos de la propia escuela.
El dispositivo permite utilizar energía solar para reducir el consumo de electricidad o combustibles durante una etapa clave del procesamiento. En una región con alta disponibilidad de radiación solar, la tecnología busca mantener los costos de producción bajo control.
La materia prima llega desde la Escuela Agrotécnica de Tres de Abril, que produce batata y entrega los ejemplares descartados para los ensayos. «Nos apoyamos entre instituciones públicas y con lo que tenemos se hace», resumió Herrera.
Del laboratorio a la final nacional
El emprendimiento también obtuvo un reconocimiento en Emprende U, certamen de innovación y emprendedorismo juvenil. Después de superar la instancia regional, el equipo de Bella Vista obtuvo el primer puesto en la semifinal realizada en la UNNE, donde compitió con proyectos de Chaco y Corrientes.
El resultado le permitió acceder directamente a la final nacional, que se realizará el 13 y 14 de agosto en Rosario. Allí presentarán muestras de la harina, alimentos elaborados con ella, bolsas biodegradables fabricadas con almidón de batata y los resultados acumulados durante tres ciclos de ensayos.

