
Vaca Muerta pone el cuidado del agua en el centro de su próxima etapa de crecimiento
El aumento de la actividad hidrocarburífera en Neuquén, la menor disponibilidad del recurso y los cambios en el costo de captación están modificando la gestión hídrica de la formación. El reúso aparece como una alternativa para reducir nuevas captaciones, aliviar la logística y mejorar la eficiencia de las operaciones.
El crecimiento de Vaca Muerta convirtió al agua en uno de los recursos que deberán ser gestionados con mayor eficiencia durante la expansión de la actividad. Un informe técnico elaborado por Roberto Lino Blanco advierte que el volumen utilizado en las fracturas hidráulicas alcanzó una escala que vuelve necesario avanzar hacia esquemas de reutilización, circuitos cerrados y una planificación más eficiente de la infraestructura.
El cambio responde a una combinación de factores: el aumento sostenido de las etapas de fractura, las condiciones de sequía que atraviesan algunas de las principales cuencas de la región y el incremento del costo asociado a la captación. En este escenario, el agua dejó de ser considerada solamente como un insumo disponible para convertirse también en una variable operativa, ambiental y logística.
Más actividad, mayor demanda hídrica
La magnitud del consumo está directamente relacionada con la intensidad del desarrollo no convencional. El fluido utilizado durante la estimulación hidráulica está compuesto aproximadamente por un 98% de agua, además de arenas y aditivos químicos.
Para un pozo horizontal de Vaca Muerta, el informe toma como referencia un consumo cercano a los 40.000 metros cúbicos, aunque el volumen puede variar según el diseño y la cantidad de etapas. A escala de la formación, el incremento de la actividad llevó las estimaciones de consumo desde unos 2,1 millones de metros cúbicos en 2016 hasta cerca de 29,9 millones en 2025.
Para 2026, el documento proyecta más de 28.000 etapas de fractura y un consumo aproximado de 35 millones de metros cúbicos. El acumulado durante el período 2016-2026 superaría los 125 millones de metros cúbicos.
Las cifras son estimaciones construidas a partir de la cantidad de etapas y un consumo promedio por operación, debido a que actualmente no existe un registro público oficial y desagregado que permita conocer cuánto agua capta cada fractura.
El problema también está en mover el recurso
Uno de los principales desafíos no está solamente en la cantidad de agua utilizada, sino en la infraestructura necesaria para trasladarla. La actividad requiere captar el recurso, transportarlo hasta los bloques, almacenarlo y gestionar posteriormente el agua de retorno y de producción.
En las referencias utilizadas por el informe, el transporte representa alrededor del 43% de los costos asociados a la gestión del agua. Para dimensionar la escala logística, un solo pozo puede demandar alrededor de 600 viajes de camión vinculados con el abastecimiento hídrico.
“El costo del agua no está en el agua. Está en moverla”, sostiene Blanco. La afirmación resume uno de los principales argumentos a favor de reducir las distancias recorridas y avanzar hacia sistemas de conducción que permitan reemplazar progresivamente parte del transporte por camiones.
La construcción de infraestructura permanente comienza a responder a esa necesidad. Entre las iniciativas mencionadas aparecen redes de acueductos y sistemas de abastecimiento destinados a distintos proyectos industriales y energéticos de la cuenca.
Reutilizar para reducir la presión sobre las fuentes
En este contexto, el reúso aparece como una de las principales herramientas para mejorar la gestión hídrica. Algunas operadoras ya trabajan con agua de retorno y de producción tratada para reincorporarla a nuevas etapas de fractura, reduciendo la necesidad de realizar nuevas captaciones.
La ventaja es doble: se utiliza nuevamente un recurso que ya se encuentra dentro del área productiva y, al mismo tiempo, se reducen los recorridos necesarios para abastecer los sets de fractura.
El informe señala que las experiencias existentes muestran que es posible incorporar porcentajes de agua de retorno al fluido de fractura sin afectar el rendimiento de los pozos. El objetivo, por lo tanto, no sería alcanzar una autosuficiencia hídrica total, sino incrementar progresivamente la proporción de agua reutilizada.
Esa estrategia también puede reducir los costos asociados al recurso. Cada metro cúbico recuperado y reutilizado permite evitar una nueva captación y, en determinados esquemas, también disminuir los gastos de transporte y disposición.
“Transportar agua cincuenta kilómetros penaliza el presupuesto dos veces: una en el surtidor y otra en el canon”, plantea el documento, en referencia al impacto que tienen simultáneamente el traslado y el costo de captación.
Un cambio hacia un sistema más circular
La comparación con otras regiones productoras, particularmente el Permian estadounidense, muestra que el reúso puede crecer rápidamente cuando las restricciones ambientales y operativas hacen más difícil disponer del agua producida. En esa cuenca, la proporción de agua reciclada utilizada en completaciones aumentó significativamente durante los últimos años.
Para Vaca Muerta, el escenario es diferente. La formación presenta una relación agua-petróleo más favorable y todavía cuenta con alternativas para la disposición del agua producida. Sin embargo, el crecimiento de la producción plantea la necesidad de anticiparse a futuras restricciones y evitar que el incremento de la actividad se traduzca automáticamente en una mayor presión sobre las fuentes hídricas.
“El reúso es una palanca de eficiencia, no una solución de suficiencia”, plantea Blanco. Por eso, el informe propone complementar la reutilización con medición, balances hídricos por bloque, reducción de distancias de transporte y una mayor coordinación de la infraestructura.

