Construcción sostenible: el desafío de transformar lo existente

Construcción sostenible: el desafío de transformar lo existente

La necesidad de reducir las emisiones del sector obliga a revisar qué sucede con los edificios que ya están en uso y con los materiales utilizados para renovarlos. En las economías avanzadas, cerca del 80% del parque que llegará a 2050 ya fue construido, según estimaciones de la IEA.

La construcción enfrenta un desafío que obliga a cambiar el foco de la agenda ambiental: buena parte de los edificios que estarán en funcionamiento dentro de 25 años ya existe.

En las economías avanzadas, alrededor del 80% del parque edilicio previsto para 2050 está construido, por lo que reducir la huella ambiental del sector dependerá tanto de nuevas obras eficientes como de la transformación de las estructuras actuales.

La magnitud del problema se explica por dos tendencias que avanzan en paralelo. Mientras la superficie edificada mundial continúa creciendo y se proyecta que aumente 75% durante las próximas tres décadas, una parte significativa de las construcciones existentes seguirá en servicio durante los próximos años. Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), aproximadamente dos tercios de la superficie edificada actual continuarán utilizándose en 2040.

Esto plantea una doble exigencia para la industria: responder a la demanda de nuevos espacios que genera el crecimiento urbano y, al mismo tiempo, reducir el impacto ambiental de un parque edilicio que permanecerá activo durante décadas.

La renovación como herramienta para reducir emisiones

El desafío adquiere mayor dimensión cuando se observa el peso ambiental de la construcción. El sector de edificios y construcción genera cerca del 37% de las emisiones globales de CO₂ y representa aproximadamente la mitad de la extracción mundial de materiales, de acuerdo con los últimos datos difundidos por Naciones Unidas.

Por eso, la discusión sobre sostenibilidad comienza a exceder la eficiencia energética de los edificios terminados. El análisis incorpora cada vez más aquello que ocurre antes de que una construcción entre en funcionamiento: de dónde provienen los materiales, cómo se producen, cuánto demandan en términos de recursos y qué sucede con ellos cuando llega el final de su vida útil.

En este escenario, la renovación del parque existente gana relevancia. La IEA estima que en las economías avanzadas actualmente se renueva menos del 1% de los edificios por año. Para avanzar hacia los objetivos de descarbonización, esa tasa debería superar el 2% anual. La meta planteada por la agencia es que para 2030 cerca del 20% del parque existente haya alcanzado estándares compatibles con edificios de emisiones netas cero.

La ecuación también modifica las decisiones que deben tomar los desarrolladores. “Estos objetivos modifican también las decisiones de los desarrolladores. Ya no se trata solamente de preguntarse cuánto cuesta construir un edificio nuevo, sino qué conviene conservar, qué conviene renovar y qué soluciones permiten mejorar las prestaciones sin demoler y volver a construir desde cero. Y en ese proceso, medir el impacto ambiental de los materiales empieza a adquirir mayor relevancia”, destaca Maximiliano Sequeira, Responsable de Capacitaciones Técnicas en Mapei Tour.

Materiales bajo una nueva lupa

La búsqueda de menores emisiones también está impulsando cambios entre los fabricantes de materiales para la construcción. La sostenibilidad comienza a incorporarse como un criterio de innovación que atraviesa no solo las características técnicas de los productos, sino también su impacto durante todo el ciclo de vida.

En ese sentido, durante 2025 MAPEI adquirió compensaciones equivalentes a 430.000 toneladas de CO₂, un volumen comparable con aproximadamente 220 viajes alrededor del mundo en avión. Además, la compañía señala que sus productos se encuentran compensados durante todo su ciclo de vida.

La estrategia ambiental también alcanza a los envases utilizados en las obras. Entre las iniciativas implementadas se encuentra la recuperación de las bolsas de papel multicapa empleadas para contener materiales, con un circuito que contempla su recolección en puntos determinados, clasificación y posterior procesamiento.

El objetivo es reincorporar ese material al proceso productivo para fabricar papel reciclado que pueda utilizarse nuevamente en envases. De esta manera, la gestión ambiental se extiende más allá del producto y alcanza también los residuos generados durante la actividad.