El sello sustentable que busca abrirle más mercados al vino argentino

El sello sustentable que busca abrirle más mercados al vino argentino

La certificación de COVIAR ya reúne a 26 bodegas y 53 unidades productivas distribuidas en 14 provincias. El programa incorpora criterios ambientales, económicos y sociales, con auditorías independientes y respaldo oficial, mientras avanza la estrategia para convertir el sello en una herramienta de competitividad exportadora.

El Sello Vitivinicultura Argentina Sostenible, desarrollado por la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), amplió de manera significativa su alcance desde su lanzamiento. El programa comenzó en 2024 y, tras dos convocatorias, llegó a 26 bodegas y 53 unidades productivas de 14 provincias durante la vendimia 2026.

La expansión representa un crecimiento importante respecto de la primera convocatoria, cuando fueron certificadas 22 bodegas y 31 unidades productivas. La segunda etapa, abierta en 2025, permitió incorporar nuevos establecimientos y extender la presencia territorial del programa.

El avance también refleja una transformación en la manera en que la industria vitivinícola aborda la sustentabilidad. Las exigencias de los principales mercados internacionales ya no se concentran únicamente en las características del vino terminado, sino que también alcanzan los procesos productivos, el uso de recursos y las condiciones sociales bajo las cuales se desarrolla la actividad.

En ese contexto, contar con una certificación verificable puede convertirse en un elemento relevante para diferenciar productos argentinos frente a compradores cada vez más atentos a la trazabilidad y al impacto de las cadenas de producción.

Un esquema con participación público-privada

El programa se sostiene sobre una estructura que combina la participación de COVIAR, a través de su unidad ejecutora de Pymes Exportadoras, el Consejo Federal de Inversiones (CFI) y los gobiernos provinciales.

Esta articulación permitió ampliar el alcance geográfico del sello y llegar a territorios que no forman parte de los principales polos vitivinícolas tradicionales. Además de Mendoza, San Juan y Salta, el programa incorporó establecimientos de provincias como Neuquén, Misiones y Tucumán.

La implementación de la certificación para las 53 unidades productivas demandó una inversión de $44 millones. Los recursos fueron destinados a asistencia técnica, implementación de sistemas de gestión y auditorías externas necesarias para validar el cumplimiento de los requisitos establecidos.

El proceso, de esta manera, no se limita a entregar una identificación comercial a las bodegas. Incluye una instancia previa de adecuación de procesos y de evaluación de las prácticas implementadas en cada establecimiento.

Qué evalúa el sello

La sustentabilidad vitivinícola contempla una agenda bastante más amplia que el uso de productos químicos o la producción orgánica. El protocolo diseñado por COVIAR se estructura sobre tres dimensiones principales: ambiental, económica y social.

En materia ambiental, la guía contempla aspectos como eficiencia en el consumo de agua, conservación y manejo del suelo, utilización de energía, tratamiento de residuos y manejo integrado de plagas.

El componente económico apunta a la viabilidad de las unidades productivas, mientras que el eje social incluye condiciones laborales, seguridad ocupacional y equidad de género.

Otro elemento relevante es la independencia del proceso de evaluación. La industria no realiza por sí misma la validación definitiva, sino que las bodegas pueden ser auditadas por siete organismos habilitados. Entre ellos se encuentran IRAM, Bureau Veritas, la Organización Internacional Agropecuaria (OIA), Letis, Foodsafety, Lenor Group y Ecocert.

A esto se suma el aval institucional de la Dirección Nacional de Fiscalización del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), que aprobó y reglamentó formalmente el uso del sello.

La Patagonia se incorpora al mapa

La expansión territorial también alcanzó a la Patagonia, una región de menor participación dentro del volumen nacional pero con creciente reconocimiento por sus vinos de clima frío.

Tres bodegas patagónicas obtuvieron la certificación: Bodega Trina, de Río Negro; Nant y Fall, de Chubut; y Malma, de Neuquén.

La incorporación de estas empresas se produce mientras la región busca fortalecer su posicionamiento como destino vitivinícola y turístico. El desarrollo del enoturismo y una mayor presencia en encuentros especializados acompañan la expansión de la actividad en las provincias patagónicas.

Para bodegas de menor escala, disponer de una certificación reconocida puede aportar una herramienta adicional de diferenciación frente a grandes productores. De acuerdo con referentes del sector, el sello ya aparece en etiquetas de vinos patagónicos destinados a mercados internacionales.

De atributo ambiental a herramienta comercial

La estrategia se encuentra alineada con uno de los ejes del Plan Estratégico Vitivinícola 2030 (PEVI), que incorpora la sustentabilidad ambiental, económica y social como parte de sus objetivos para el desarrollo de la actividad.

En paralelo, COVIAR trabaja junto con la Cancillería argentina para avanzar en el reconocimiento del sello en mercados internacionales. El propósito es que la certificación pueda ser interpretada por importadores y compradores como una garantía sobre las prácticas de producción y no simplemente como un elemento de comunicación.

Ese punto resulta especialmente relevante para una industria que busca sostener su presencia en segmentos de mayor valor agregado. A medida que los mercados incorporan nuevas exigencias ambientales y sociales, demostrar el cumplimiento mediante auditorías independientes puede reducir barreras comerciales y mejorar la posición de las bodegas argentinas.