Electromovilidad: América Latina supera los 10.000 colectivos eléctricos

Electromovilidad: América Latina supera los 10.000 colectivos eléctricos

El crecimiento de las flotas cero emisiones se apoya en nuevos mecanismos de financiamiento, políticas públicas y cooperación entre gobiernos. Brasil concentra buena parte de la expansión y São Paulo se consolida como uno de los principales casos de referencia para replicar el modelo en otras grandes ciudades.

América Latina alcanzó un nuevo máximo en la electrificación del transporte urbano: ya circulan más de 10.000 autobuses eléctricos en las ciudades de la región. El dato fue presentado durante Lat.Bus 2026 a partir de información de E-Bus Radar y marca una expansión significativa de una tecnología que hasta hace pocos años tenía una presencia marginal en los sistemas de transporte público.

El crecimiento reúne la experiencia de 80 ciudades distribuidas en 13 países y tiene como principales protagonistas a Santiago de Chile, São Paulo y Bogotá. Entre las tres concentran más de 7.000 unidades eléctricas en operación. La transición también genera un efecto ambiental de escala: se calcula que los vehículos actualmente en servicio permiten evitar más de 10 millones de toneladas de dióxido de carbono al año.

Brasil concentra buena parte de la expansión

La evolución de la movilidad eléctrica tiene especial fuerza en Brasil, donde distintos programas comenzaron a combinar asistencia técnica, financiamiento y políticas municipales para acelerar la renovación de las flotas.

Entre las iniciativas se encuentra la Alianza ZEBRA, impulsada desde 2019 por C40 Cities y el Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT), junto con otros socios. El programa permitió vincular gobiernos locales con entidades financieras y fabricantes, con el objetivo de facilitar operaciones de compra de vehículos cero emisiones y reducir las barreras financieras que históricamente limitaron su incorporación.

La experiencia también se integró a Mutirão Brasil, una iniciativa de C40 Cities y el Global Covenant of Mayors for Climate & Energy que busca acompañar a los municipios brasileños en proyectos de descarbonización.

Para Ilan Cuperstein, director regional de C40 Cities para América Latina, el volumen alcanzado demuestra un cambio de escala en la región. “Alcanzar los 10.000 autobuses eléctricos en operación demuestra que la transición hacia un transporte de cero emisiones ya no es una promesa, sino una realidad en las ciudades latinoamericanas. Lo que antes era una excepción se ha convertido en una política pública cada vez más extendida, que aporta beneficios directos para el clima, la salud, la calidad del transporte público y las economías locales. El mensaje para otras ciudades es claro: la financiación no tiene por qué ser una barrera. Existen vías que ya han sido probadas y la red está preparada para apoyar a quienes estén dispuestos a recorrerlas”.

São Paulo, el caso de mayor escala

La capital paulista se convirtió en uno de los principales ejemplos de cómo combinar regulación, financiamiento y renovación de flota. En junio incorporó 500 autobuses eléctricos de una sola vez, con lo que alcanzó 1.759 unidades eléctricas. Del total, 1.570 corresponden a vehículos eléctricos a batería y otros 189 son trolebuses.

La flota permite evitar unas 130.000 toneladas de CO₂ por año y reducir el consumo de diésel en aproximadamente 57 millones de litros anuales. El volumen de pasajeros involucrado también es significativo: los vehículos eléctricos ya forman parte del sistema que transporta diariamente a más de 7 millones de personas.

El desarrollo requirió una estructura financiera de gran magnitud. El municipio articuló inversiones por unos 6.500 millones de reales, con participación de organismos nacionales e internacionales como el BNDES, el Banco Mundial y el BID.

A esto se suma una regulación que impide a los operadores reemplazar por nuevos colectivos diésel aquellos vehículos que llegan al final de su vida útil. De esta manera, la electrificación deja de depender únicamente de decisiones puntuales de compra y pasa a formar parte de una política de renovación progresiva.

Ricardo Nunes, alcalde de São Paulo, destacó: “Estamos acelerando la transición energética de la mayor ciudad del país y consolidando una política pública que ya es un referente nacional e internacional. Con la incorporación de 500 nuevos autobuses eléctricos en junio, la ciudad logró un impacto ambiental equivalente a plantar 3,2 millones de árboles al año. Esto evita la emisión de 45.000 toneladas métricas de CO₂ y reduce el consumo anual de diésel en aproximadamente 20 millones de litros”.

El financiamiento, una pieza clave para replicar el modelo

El desafío para las ciudades que buscan avanzar en la electrificación no se limita a adquirir los vehículos. La infraestructura de recarga y la inversión inicial requieren esquemas financieros capaces de sostener proyectos de largo plazo.

En ese sentido, C40 y GCoM trabajan con municipios brasileños para desarrollar modelos económicos, estructurar proyectos y facilitar el acceso a recursos. Río de Janeiro, por ejemplo, analiza las condiciones necesarias para adaptar sus terminales a la llegada de futuros autobuses eléctricos, incluyendo infraestructura de carga y alternativas de financiamiento.

Salvador tiene como objetivo electrificar al menos la mitad de su flota BRT, mientras que Recife logró formalizar una inversión federal de 319 millones de reales para comprar 100 unidades eléctricas y desarrollar sus sistemas de recarga.

En Belo Horizonte, el foco está puesto en la infraestructura. El proyecto contempla instalar 27 cargadores en las cocheras municipales, una obra necesaria para poner en funcionamiento los primeros aproximadamente 100 autobuses eléctricos de la ciudad.

El avance conjunto de estas iniciativas muestra que el salto regional no depende únicamente de la incorporación de vehículos. La coordinación entre gobiernos, organismos financieros, fabricantes y operadores comienza a configurar un modelo de transición que puede extenderse a nuevas ciudades. Con 10.000 unidades ya en circulación, la electrificación del transporte público latinoamericano dejó de ser una experiencia aislada y empieza a consolidarse como una política de movilidad de escala regional.