
Gran Chaco: plantaron más de 100.000 árboles nativos para recuperar corredores de bosque
La iniciativa alcanzó 367,2 hectáreas en establecimientos productivos de Santa Fe y Santiago del Estero y combinó plantación tradicional con siembra mediante drones. El proyecto busca recuperar áreas degradadas, mejorar la conectividad de los ecosistemas y sumar prácticas de conservación compatibles con la actividad agropecuaria.
Más de 100.000 árboles nativos fueron plantados en 367,2 hectáreas del Gran Chaco argentino como parte de un proyecto de restauración impulsado por The Nature Conservancy (TNC) Argentina, con apoyo filantrópico de John Deere.
Las intervenciones se realizaron en campos de Santa Fe y Santiago del Estero y apuntaron a recuperar sectores degradados dentro de paisajes donde la agricultura y la ganadería tienen un peso central. El objetivo es conformar agrocorredores que permitan conectar fragmentos de bosque nativo que quedaron aislados por los cambios en el uso del suelo.
La fragmentación del monte chaqueño tiene consecuencias que van más allá de la pérdida de superficie boscosa. También dificulta el desplazamiento de especies y afecta funciones ambientales vinculadas con la regulación del agua, la conservación de la biodiversidad y la capacidad de los ecosistemas para responder ante períodos de sequía o inundaciones.
“Los agrocorredores son una propuesta que surge de entender que la producción y la conservación pueden avanzar juntas. Buscamos identificar aquellas áreas donde la restauración puede favorecer la conectividad de los ecosistemas y aportar valor a la producción”, explicó Elisa Carrión Narváez, líder de Bosques, Carbono y Cambio Climático de TNC Argentina.
Plantación tradicional y tecnología aplicada al territorio
El proyecto combinó distintas herramientas para ampliar la superficie restaurada. Parte de los ejemplares fue implantada directamente en los establecimientos seleccionados, mientras que en otros sectores se utilizó una estrategia de siembra aérea con drones desarrollada junto con la startup ReForest Latam.
La tecnología permitió trabajar sobre áreas de mayor extensión y agilizar determinadas tareas de intervención. En paralelo, los equipos especializados realizaron plantaciones manuales, con una capacidad de hasta 2.500 ejemplares por jornada.
El algarrobo blanco, identificado científicamente como Neltuma alba, representó aproximadamente el 80% de los árboles incorporados. La especie presenta adaptación a las condiciones del Chaco Seco y tolerancia a períodos de escasez de agua.
Su presencia también puede generar beneficios dentro de los sistemas productivos. Los árboles aportan sombra para el ganado, favorecen la infiltración del agua, colaboran con la recuperación de los suelos y generan condiciones para que distintas especies de fauna encuentren alimento o refugio.
Para definir los lugares de intervención se realizaron visitas de campo, análisis de imágenes satelitales y entrevistas con los productores. Los establecimientos debían cumplir una serie de condiciones, entre ellas no haber desmontado sectores considerados bosques de alto valor de conservación, destinar superficies agropecuarias degradadas al proyecto y comprometerse con el cuidado de los ejemplares.
Productores y científicos, parte del proceso
La iniciativa también involucró a empresas, productores e instituciones académicas. Optimizar Forestal aportó 80.000 árboles y trabajó junto a los establecimientos en el diseño de las plantaciones.
“Trabajamos mucho con los productores en el diseño de la reforestación y en la planificación de las plantaciones. Nos reunimos unas cinco veces con cada uno de ellos para llevar adelante este trabajo”, señaló Luis Arguello Pitt, socio fundador de Optimizar Forestal.
Las condiciones climáticas fueron otro factor determinante. Antes de cada intervención se prepararon los terrenos y se esperaron niveles adecuados de humedad. Las plantaciones se realizaron luego de precipitaciones cercanas a los 60 milímetros para mejorar las posibilidades de establecimiento de los árboles.
Después de la implantación, Nativas realizó el monitoreo y reemplazó aquellos ejemplares que no lograron sobrevivir. Según los registros de la organización, la tasa de supervivencia se ubicó cerca del 90%, favorecida por un período de lluvias que acompañó el desarrollo inicial.
“El resultado va más allá del número; el impacto también se mide en el contagio de los productores de la zona, en la sensibilidad que genera”, expresó Antonella Fernández, líder de Diseño para la Naturaleza de Nativas.
Restaurar también para mejorar los sistemas productivos
En los establecimientos participantes, la restauración se vinculó con objetivos productivos concretos. En Don Nicanor, Santa Fe, el productor ganadero Mario Oertlinger destinó parte de una superficie agrícola a la recuperación forestal y espera que los árboles generen mejores condiciones para el ganado durante los períodos de altas temperaturas.
“El beneficio es que el campo tenga sombra en cualquier parte en que el animal se encuentre y tenga confort. Así va a aumentar la ganancia de peso diaria, vamos a mejorar la condición reproductiva y van a disminuir los abortos, que son consecuencias de altas temperaturas”, planteó Oertlinger.
La Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Santiago del Estero produjo además 20.000 plantas nativas y participó en investigaciones, capacitaciones y actividades con comunidades rurales.
El trabajo académico permitió identificar especies con posibles usos productivos, vinculados con la elaboración de harina, miel, tintes naturales y productos medicinales.
“Estamos plantando una nueva visión, mejorando la perspectiva de nuestros productores en torno al manejo sustentable del territorio”, sostuvo Sandra Bravo, docente e investigadora de la UNSE.
La experiencia apunta ahora a desarrollar modelos que puedan replicarse en otras zonas del Gran Chaco, una región donde restaurar ambientes degradados implica recuperar biodiversidad, mejorar la conectividad ecológica y, al mismo tiempo, encontrar nuevas formas de integrar conservación y producción.

