Grupo Mitre impulsa financiamiento verde y economía circular para transformar la construcción

Grupo Mitre impulsa financiamiento verde y economía circular para transformar la construcción

En un contexto donde la presión ambiental sobre la actividad constructiva gana visibilidad, surgen nuevas herramientas que combinan innovación financiera, gestión de residuos y estándares internacionales. La articulación entre mercado de capitales y modelos productivos más eficientes empieza a marcar el rumbo de una industria en proceso de cambio.

En un sector históricamente asociado a altos niveles de impacto ambiental, informalidad y baja trazabilidad de residuos, comienzan a consolidarse modelos que buscan revertir esa lógica a partir de la economía circular y el acceso a financiamiento sostenible. En ese camino, Grupo Mitre se posiciona como uno de los actores que impulsa esta transformación, con iniciativas que van desde la emisión de instrumentos financieros verdes hasta la operación de plantas de reciclaje con estándares medibles.

En diálogo con Gerencia Ambiental, el director de gestión de la compañía, Miguel Ippolito, detalla los avances, desafíos y proyecciones de una estrategia que apunta a integrar sustentabilidad, eficiencia operativa y desarrollo del mercado de capitales en la industria.

—¿De qué se trata la emisión del primer cheque verde y qué implica para la empresa?

—En Grupo Mitre emitimos el primer cheque verde del sector de la construcción y demolición en Argentina como parte de una estrategia de largo plazo, orientada a convertir una problemática ambiental crítica en una oportunidad de impacto positivo a través de la economía circular. Con ese objetivo desarrollamos la primera planta privada integral de reciclaje de Residuos de Construcción y Demolición (RCD) del país. Este proyecto responde a una realidad estructural: en Argentina se generan más de 10 millones de toneladas de RCD por año que, en su mayoría y debido al alto nivel de informalidad del sector, terminan en basurales ilegales o sin un tratamiento adecuado. Como parte de ese camino, concretamos la emisión del primer cheque verde de la industria de la construcción por 100 millones de pesos. Se trata de un instrumento de deuda sustentable de corto plazo negociado en el mercado de capitales argentino, para el cual recibimos el acompañamiento de BS Capital Partners y fue colocado en el Mercado Abierto de Valores a través de Grupo Mariva, bajo estándares SVS (Sustentable, Verde y Social).

—¿Cuál es el destino de esos fondos?

—Los fondos se destinan a la ampliación, el equipamiento y la certificación de nuestra Planta de Reciclaje de RCD ubicada en Hurlingham, incorporando una nueva línea tecnológica para el reciclaje de cables eléctricos y electrónicos, junto con sistemas de pesaje y control digital que refuerzan la trazabilidad integral. Estas mejoras permiten aumentar la capacidad operativa, optimizar procesos y reducir tratamientos externos, al tiempo que fortalecen el trabajo con nuestra cadena de valor para promover el uso de materiales reciclados en nuevos proyectos constructivos. Desde una perspectiva ambiental, este cheque verde escala un modelo de economía circular ya en funcionamiento, con impactos medibles en la reducción de residuos, emisiones y uso de recursos vírgenes. Al mismo tiempo, consolida nuestros planes ambientales orientados a alcanzar la carbono neutralidad en 2030.

Miguel Ippolito, Director de Gestión de Grupo Mitre

—¿Qué representa el Premio CAMBRAS para la compañía?

—Para Grupo Mitre fue un gran orgullo recibir el Premio CAMBRAS de Finanzas Sostenibles por la emisión del primer cheque verde del sector de la construcción en Argentina. Este reconocimiento nos genera una enorme satisfacción, no solo puertas adentro, sino también como una oportunidad para dar visibilidad al camino que venimos construyendo como empresa familiar y PyME, en un contexto tan desafiante como el argentino. El premio respalda una visión empresarial basada en el triple impacto, donde el crecimiento económico se articula con la inclusión social y la regeneración ambiental. En nuestro caso, el acceso al financiamiento sostenible fue clave para impulsar un proyecto de economía circular, transformando los residuos de nuestras obras en nuevas materias primas recicladas que vuelven a integrarse al ciclo productivo de la construcción.

—¿Qué implica ser Empresa B en este contexto?

—Significó ponerle nombre y método a un propósito que ya venía guiando cómo trabajamos y cómo tomamos decisiones todos los días. Venimos de un sector históricamente asociado a impactos ambientales muy altos y a mucha informalidad. Justamente por eso creemos que ahí está el desafío: demostrar que la demolición y la construcción también se pueden hacer de otra manera, con reglas claras, midiendo lo que hacemos y buscando un equilibrio real entre el impacto económico, el social y el ambiental. La Certificación B implica medir, auditar y mostrar cómo operamos: desde la gobernanza y las condiciones laborales hasta el vínculo con la comunidad y el desempeño ambiental. Además, nos permitió acceder a herramientas de financiamiento sostenible y convertir el propósito en decisiones concretas de inversión y crecimiento.

—¿Cómo abordan el impacto ambiental del sector?

—Cuando empezamos a analizar el impacto ambiental del sector de la construcción y las demoliciones, vimos un problema estructural. A nivel global, la construcción es responsable de alrededor del 37% de las emisiones de CO₂, y en Argentina se generan cerca de 10 millones de toneladas por año de residuos de construcción y demolición, la mayoría con muy poco tratamiento. Frente a eso decidimos actuar. Hoy operamos la primera planta privada integral de reciclaje de RCD del país, donde procesamos más de 100.000 toneladas anuales, con niveles de recupero superiores al 90% en nuestras obras. Los escombros se clasifican, se procesan y se transforman en áridos reciclados, metales, madera y otros materiales que vuelven a entrar al circuito productivo, evitando rellenos y basurales.

—¿Cómo garantizan trazabilidad y medición?

—Para nosotros es clave medir lo que hacemos. Por eso incorporamos una balanza industrial de alta precisión que nos permite tener trazabilidad real de los volúmenes que ingresan y se reciclan. En paralelo, medimos nuestra huella de carbono y nos fijamos como objetivo alcanzar la carbono neutralidad en 2030. Desde 2024 compensamos nuestras emisiones a través de proyectos certificados y ofrecemos a nuestros clientes obras bajo esquemas de Basura Cero y carbono neutral, con trazabilidad integral.

—¿Qué lugar ocupa la agenda social dentro de la estrategia?

—La sustentabilidad para nosotros es integral. No es solo lo ambiental, también es lo social y cultural. La construcción y la demolición siguen siendo industrias muy masculinizadas, con menos del 5% de participación femenina. Frente a eso decidimos impulsar un cambio. Hoy contamos con mujeres en roles operativos, técnicos y de liderazgo, incluyendo a la primera operadora de robots de demolición Brokk de Latinoamérica. Actualmente duplicamos el promedio de participación femenina del sector. Creemos que este cambio no es aislado, sino parte de una transformación más profunda que la industria necesita, y somos optimistas en que el futuro será cada vez más circular, inclusivo y responsable.