La expansión de la inteligencia artificial acelera la construcción de centros de datos y eleva la demanda de electricidad y agua. Al mismo tiempo, las principales empresas tecnológicas aumentan sus inversiones en remoción de carbono, generación de energía y proyectos de adaptación para sostener el crecimiento de la infraestructura digital.
La expansión de la inteligencia artificial (IA) está impulsando una rápida incorporación de centros de datos en todo el mundo, con un consecuente aumento del consumo de energía y agua.
Ese crecimiento también está modificando las estrategias ambientales de las principales compañías tecnológicas, que combinan inversiones en descarbonización, generación eléctrica y proyectos de adaptación frente a los riesgos climáticos.
Durante junio, Anthropic se incorporó como nuevo integrante de Frontier, el consorcio dedicado a financiar tecnologías de remoción de carbono, que comprometió otros US$ 915 millones para la compra de este tipo de soluciones.
La decisión se produjo semanas después de que la empresa anunciara una ronda de inversión Serie H por US$ 65.000 millones, que elevó su valuación a casi US$ 1 billón.
En paralelo, distintos estudios muestran que la infraestructura necesaria para sostener el desarrollo de la IA también enfrenta crecientes desafíos climáticos.
Según Bloomberg, de los 2.600 centros de datos proyectados a nivel mundial, más de 150 estarán ubicados en zonas expuestas a inundaciones, temperaturas extremas o crecidas de ríos.
A su vez, First Street estimó que el 79% de la capacidad global de centros de datos se encuentra expuesta a riesgos climáticos elevados, mientras que el 54% opera en regiones con estrés crónico por calor o sequía.
La adopción de la IA continúa acelerándose
Los datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA) muestran que durante el último año los principales desarrolladores de modelos de IA triplicaron su cantidad de usuarios activos y multiplicaron por cinco sus ingresos.
La adopción también continúa expandiéndose entre las empresas. Según McKinsey, el porcentaje de organizaciones que incorporó inteligencia artificial en al menos una función pasó del 20% en 2017 al 88% en 2025. En el caso de la IA generativa, la utilización creció del 33% en 2023 a cerca del 80% dos años después.
Una encuesta internacional realizada por Ipsos refleja además diferencias regionales en la percepción sobre esta tecnología. En Asia y América Latina predominan las opiniones favorables respecto de sus beneficios, mientras que en Europa y América del Norte existe un mayor nivel de preocupación.
El estudio también muestra que, en promedio, el 49% de los consultados considera que los beneficios potenciales de la IA superan sus costos ambientales.
Más centros de datos y mayor demanda eléctrica
El crecimiento de la IA incrementó la necesidad de capacidad de procesamiento, lo que impulsa nuevas inversiones en centros de datos.
La IEA informó que en 2024 había más de 11.000 centros de datos registrados en el mundo, mientras que estimaciones privadas elevan actualmente esa cifra a alrededor de 12.000 instalaciones.
Aunque los modelos de inteligencia artificial son cada vez más eficientes desde el punto de vista energético, el desarrollo de aplicaciones más complejas —como generación de video, razonamiento avanzado y agentes de IA— continúa elevando la demanda de electricidad.
Según la IEA, si todas las búsquedas tradicionales de internet fueran reemplazadas por consultas simples mediante IA, el consumo adicional sería inferior a 4 TWh anuales, equivalente a menos del 1% del consumo eléctrico actual de los centros de datos.
Cambios en las estrategias de descarbonización
El aumento de la demanda energética también está modificando las estrategias de abastecimiento de las grandes empresas tecnológicas.
Algunas compañías avanzan con contratos de largo plazo para asegurar suministro de energía de bajas emisiones. Google firmó un acuerdo por US$ 20.000 millones junto con Intersect Power y TPG Rise Climate para desarrollar proyectos energéticos asociados a nuevos centros de datos, mientras que Microsoft acordó adquirir durante 20 años toda la producción de una central nuclear que volverá a operar.
En otros casos, los desarrollos también incorporan generación a gas natural para garantizar el suministro eléctrico. Según distintos análisis del sector, esta alternativa puede incrementar las emisiones de carbono de los operadores si no es compensada con otras medidas.
En paralelo, algunas empresas modificaron la forma en que comunican sus objetivos climáticos, aunque mantienen sus compromisos de reducción de emisiones. Al mismo tiempo, continúan destinando recursos a proyectos de remoción de carbono, como el programa impulsado por Frontier.
El agua, otro recurso bajo presión
Además del consumo eléctrico, la expansión de los centros de datos incrementa la demanda de agua utilizada para refrigeración, generación de electricidad y fabricación de componentes electrónicos.
La IEA proyecta que el consumo de agua del sector crecerá desde 560 millones de metros cúbicos en 2023 hasta 1.200 millones en 2030, un volumen equivalente al consumo anual de una ciudad de aproximadamente 7,5 millones de habitantes.
El impacto, sin embargo, varía según la ubicación de cada instalación. De acuerdo con S&P Global, el 43% de los centros de datos opera en cuencas con alto estrés hídrico, por lo que los efectos se concentran principalmente a escala local.
Las principales empresas tecnológicas también desarrollan programas para compensar ese consumo. Microsoft informó que en 2024 restauró un volumen de agua superior a 16 veces el utilizado en sus operaciones y financió 49 proyectos de recuperación hídrica. Google señaló que repuso el 64% del agua dulce consumida mediante una cartera de 74 iniciativas. Meta financia más de 40 proyectos en distintas cuencas, mientras que Amazon informó un avance del 53% hacia su objetivo de convertirse en “water positive” en 2030, con proyectos desarrollados en 14 países, entre ellos iniciativas regionales junto con la empresa argentina Kilimo.


