La peperina serrana obtiene un sello de origen que busca proteger la biodiversidad

La peperina serrana obtiene un sello de origen que busca proteger la biodiversidad

La hierba aromática característica de Córdoba y San Luis consiguió el reconocimiento de Indicación Geográfica, una herramienta que vincula la calidad del producto con su territorio y sus prácticas de recolección. La distinción apunta a conservar la especie nativa y generar nuevas oportunidades para las comunidades serranas.

La peperina serrana de Córdoba y San Luis obtuvo la aprobación de la Indicación Geográfica (IG), un reconocimiento que busca proteger las características propias de esta hierba nativa y establecer criterios para su aprovechamiento responsable. La distinción representa un avance para la conservación de la biodiversidad y para las comunidades que mantienen su recolección, cultivo y uso a través de generaciones.

Presente en las sierras de ambas provincias, la peperina forma parte de la identidad cultural de la región. Su aroma, sus aplicaciones medicinales y culinarias y los conocimientos asociados a su utilización constituyen un patrimonio transmitido entre pobladores serranos. Además de su valor económico y cultural, la presencia de esta especie en el monte nativo aporta información sobre las condiciones del ecosistema.

El reconocimiento cobra relevancia en un escenario de retroceso de las poblaciones silvestres. La extracción indiscriminada, los incendios forestales, el sobrepastoreo y la expansión de la actividad agropecuaria son algunos de los factores que presionan sobre la especie. Frente a esas amenazas, la identificación del origen y la definición de prácticas de manejo aparecen como herramientas para compatibilizar su aprovechamiento comercial con la conservación.

Cómo funciona el sello de Indicación Geográfica

La IG distingue productos cuyas características o reputación están estrechamente vinculadas con un territorio determinado. Su aplicación permite identificar ese origen y establecer condiciones que deben respetarse para preservar los atributos que diferencian al producto en el mercado.

En el caso de la peperina serrana, el proceso contempla pautas para la recolección, el secado y el almacenamiento. La intención es que la calidad no dependa únicamente de las características naturales de la planta, sino también de procedimientos controlados que reduzcan el impacto de la actividad sobre las poblaciones silvestres.

Marta Ojeda, exdocente de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) e integrante del proceso de trabajo, explicó a LA NACION que el reconocimiento requiere una serie de instancias previas y mecanismos de seguimiento para mantener los estándares establecidos. Según señaló, el sello también puede mejorar las condiciones comerciales de quienes producen y recolectan la hierba.

“A los productores los beneficiará porque, con ese sello, podrán vender a un precio algo mejor -agrega-. También se fijan normas de recolección, secado y acopio para también garantizar la calidad”.

La herramienta, por lo tanto, busca generar una diferenciación comercial basada en el origen y en las prácticas productivas, al tiempo que promueve criterios comunes para cuidar el recurso natural.

Un trabajo conjunto entre instituciones y comunidades

La iniciativa comenzó a desarrollarse mediante un proyecto institucional impulsado por equipos del INTA de Concarán, en San Luis, y Villa Dolores, en Córdoba. Al proceso se incorporaron la Facultad de Turismo y Urbanismo de la Universidad Nacional de San Luis, Ojeda, organismos ambientales de ambas provincias, cooperativas, recolectores y la Red de Aromáticas de San Luis.

La participación de estos actores permitió articular conocimientos científicos, experiencia territorial y saberes tradicionales. Ese vínculo resulta especialmente importante para una especie cuyo aprovechamiento está asociado a prácticas históricas de las comunidades serranas y a condiciones ambientales específicas.

Carolina Galli, especialista en plantas aromáticas y medicinales de la Agencia de Extensión Rural del INTA en Concarán, destacó el papel de la certificación para promover una extracción compatible con la conservación. El objetivo es que el consumidor pueda reconocer que el producto proviene de un sistema que respeta los criterios definidos para el manejo del monte nativo.

La identidad química como atributo diferencial

La peperina de Córdoba y San Luis presenta características que contribuyen a distinguirla de otras variedades. Galli señaló que, aunque existen distintos quimiotipos, el correspondiente a estas provincias se destaca por la presencia de mentona y pulegona, compuestos que forman parte de su perfil químico.

La especialista considera que el reconocimiento debe servir para asegurar que las cualidades del producto se mantengan sin comprometer la continuidad de la especie. “Buscamos garantizar que no haya una sobreexplotación”, explicó al referirse a la necesidad de ordenar las prácticas de cosecha.

El establecimiento de protocolos permite, además, mejorar la uniformidad del producto final y fortalecer su posicionamiento comercial. La calidad deja de depender exclusivamente de la percepción del aroma o el color y pasa a estar vinculada también con procedimientos definidos de producción y acondicionamiento.

Un instrumento para el desarrollo sostenible

Las Indicaciones Geográficas cuentan con reconocimiento internacional como herramientas de protección de productos asociados a territorios específicos. Entre los ejemplos más conocidos figuran el Champagne francés y el café de Colombia, cuyos nombres se vinculan con condiciones de origen y características particulares.

En la Argentina ya existen antecedentes de aplicación de estos instrumentos a productos agroalimentarios, incluido el orégano. En el caso de la peperina, la distinción incorpora una hierba nativa silvestre de fuerte arraigo regional y plantea el desafío de combinar su valor comercial con la protección de la biodiversidad.

Las especialistas sostienen que la certificación permitirá consolidar estándares de recolección sustentable y procesos de secado, mejorar la calidad y explorar oportunidades en los mercados nacionales e internacionales. Su impacto dependerá de la aplicación efectiva de las normas y del acompañamiento a quienes trabajan con la especie.