La rehabilitación y la vuelta al mundo

La rehabilitación y la vuelta al mundo

Hasta mediados del siglo XX, la medicina se ocupaba muy poco de las patologías discapacitantes. Pero gracias a los Juegos deportivos de Stoke-Mandeville, que se realizaron por primera vez en 1948 por iniciativa del médico neurólogo Ludwig Guttmann, la idea de la rehabilitación comenzó a cambiar ese paradigma.

 

Con el tiempo, la atención de complicaciones tempranas se incrementó y se empezó a pensar en restablecer las funciones motrices perdidas de los pacientes o bien de que estos aprendieran nuevas formas para desarrollarse y/o desenvolverse en la sociedad.

 

Más tarde, la Organización Mundial de la Salud (OMS) eligió el 23 de marzo para celebrar el Día de la Rehabilitación, que destaca esa necesidad de que las personas con discapacidad puedan acceder a tecnologías eficaces, diagnósticos y tratamientos, sin importar su raza, religión, ideología política o estatus social.

 

“Desde entonces, la noción central de rehabilitación no viró mucho de ese lineamiento inicial; que implica logar que los pacientes sean más funcionales, independientes y responsables de sí mismos, en la medida de sus posibilidades”, explica Javier Facello (MN 138785), médico de Internación en ALPI Asociación Civil y especialista en Medicina Física y Rehabilitación.

 

Para lograr este objetivo, existen dos aspectos principales en la rehabilitación:

  • La recuperación: reaparición de una función perdida gracias a la estimulación apropiada del tejido u órgano lesionado.
  • La compensación: toda estrategia o equipamiento que reemplaza, completa o parcialmente, la función perdida o deteriorada.

 

Tecnología, investigación y diagnóstico

A través de los años, hubo tres aspectos que sí se modificaron y que tuvieron resultados positivos, como la tecnología destinada al proceso de rehabilitación. A través de ella, se

 

incorporaron numerosas alternativas y herramientas, que facilitan el equipamiento definitivo de las personas con discapacidad y permiten, en algunos casos, sistematizar y recopilar datos de los procesos de rehabilitación de forma más objetiva.

 

Otro de los cambios tuvo que ver con el desarrollo de investigaciones de calidad e impacto. “En este sentido, es importante subrayar que las áreas de Rehabilitación/Discapacidad son uno de los puntos más destacados y promovidos dentro de los programas de Becas de Investigación Salud Investiga, del Ministerio de Salud y Desarrollo Social”, indica Facello.

 

El perfil y diagnóstico de pacientes, que requieren un abordaje multidisciplinario de rehabilitación, fue otra de las áreas centrales que se modificaron. Inicialmente, se trataban pacientes que estaban marcados por eventos traumáticos como lesiones medulares, traumatismos de cráneo y amputaciones. Pero luego, se empezaron a tratar personas con enfermedades vasculares y sus secuelas. Este es el caso de los pacientes con ACV, que representan el 37,4% de las internaciones en rehabilitación, según datos aportados por ALPI.

 

Un segundo grupo es el de pacientes que no tuvieron necesariamente un impacto inicial en el sistema locomotor, pero que por la severidad o duración de su cuadro sufrieron una desadaptación neuro-muscular y que representa el 20,5% de quienes se atienden en ALPI. Las restantes patologías que completan la nómina de diagnósticos más frecuentes son los traumas de cráneo (10,8%), lesiones medulares (7,7%) y patologías ortopédicas/traumatológicas (9,1%), tumorales (6%) y autoinmunes (4%), entre otras.

 

Volver a vivir

“Pocas situaciones resultan tan impactantes en la vida de una persona y su entorno como padecer una patología que genere una discapacidad – destaca Facello -. En los pacientes con discapacidad adquirida se suma la pérdida de un rol social o familiar y  el alejamiento del hogar y la rutina. Esto último, es consecuencia de la internación  para tratar la enfermedad inicial y del posterior tiempo de rehabilitación; plazos que pueden representar desde algunos días a varios meses fuera de casa,  es decir, fuera del mundo del paciente”.

 

En el intento de recuperar por completo la funcionalidad perdida, puede ocurrir que el tiempo de internación en rehabilitación se extienda por años, o que la cantidad de terapias ocupe la totalidad de la semana. Cualquiera de esas situaciones representa una prolongación del tiempo del paciente fuera de su mundo, ese mismo que quieren recuperar.

 

Con el correr del tiempo, cuando los objetivos se alcanzan, se reformulan o se desestiman, haberle brindado al paciente las herramientas apropiadas para requerir cada vez menos la intervención del equipo rehabilitador cobra mayor importancia.

 

Por eso, además de manejar la tecnología y de capacitarse permanentemente, los profesionales de la rehabilitación deben ser buenos jugadores de equipo, ya que necesitan interactuar con casi todas las especialidades médicas para diseñar un plan de rehabilitación adecuado al estado y patología del paciente, contemplar sus expectativas y la de sus familiares, orientarlo a través de todo el proceso y coordinar los esfuerzos en equipo.

 

“Cambiar los regímenes, disminuir la dependencia del paciente a las terapias de forma progresiva y balancear el tiempo entre el tratamiento y las actividades sociales, familiares y recreativas, también es rehabilitación y reinserción… es la vuelta al mundo”, concluye el especialista.

 

 

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