La urea puede cambiar la huella de carbono de los granos: el dato que busca el agro

La urea puede cambiar la huella de carbono de los granos: el dato que busca el agro

Profertil verificó que su urea granulada genera 777,8 kilos de CO₂ equivalente por tonelada, un valor 42% inferior al promedio de referencias internacionales. La información apunta a mejorar el cálculo ambiental de cultivos como trigo y maíz y puede ganar relevancia en cadenas que exigen trazabilidad.

La huella de carbono de los cultivos comienza a incorporar un dato que hasta ahora muchas veces se estimaba con valores genéricos: las emisiones generadas durante la fabricación del fertilizante utilizado en el campo. Profertil obtuvo una verificación independiente para su urea granulada y estableció un valor de 777,8 kilos de dióxido de carbono equivalente por tonelada.

El resultado es un 42% menor que el promedio de 1.329,53 kilos de CO₂ equivalente por tonelada obtenido a partir de 59 publicaciones internacionales relevadas por la compañía. La diferencia puede modificar de manera significativa el cálculo de emisiones asociado a un cultivo, especialmente en producciones como trigo y maíz, donde la urea tiene un peso importante.

La urea explica buena parte de las emisiones

La huella de carbono permite medir las emisiones generadas durante la producción agrícola y expresarlas en relación con una hectárea o una tonelada cosechada. Para calcularla se consideran variables como el combustible utilizado, las labores, los fertilizantes y el rendimiento obtenido.

Según datos de Profertil, la producción y aplicación de urea puede representar entre el 40% y el 50% de las emisiones totales asociadas a cultivos como trigo y maíz. Por eso, el valor utilizado para representar el fertilizante tiene un impacto directo sobre el resultado final.

El problema aparece cuando no existe información específica sobre el producto aplicado. En esos casos, las herramientas de medición suelen recurrir a factores de emisión predeterminados, elaborados a partir de referencias internacionales.

Ese mecanismo permite completar los cálculos, pero puede generar diferencias respecto de la realidad productiva. Dos ureas fabricadas con procesos industriales diferentes pueden quedar registradas con el mismo factor de emisión, aunque una de ellas haya requerido menos energía o tenga una menor intensidad de carbono.

La consecuencia es que una mejora ambiental alcanzada durante la fabricación del fertilizante puede no quedar reflejada en la huella del cultivo que lo utiliza.

Profertil verificó su propio indicador

Para reducir esa diferencia entre el dato real y el valor utilizado en los cálculos, Profertil realizó una medición específica de su urea granulada. El proceso se desarrolló durante 2025 y el primer trimestre de 2026 y fue revisado por un organismo independiente.

La verificación se realizó bajo la norma ISO 14064-3:2019, que establece criterios para comprobar declaraciones vinculadas con gases de efecto invernadero.

El estudio utilizó un enfoque cradle-to-gate, que contempla las emisiones generadas desde las etapas vinculadas con la producción hasta que la urea terminada queda lista para salir de la planta.

Con el valor obtenido, Profertil sostiene que su producto se encuentra dentro del 15% de mayor eficiencia ambiental entre las referencias analizadas y dentro de la categoría denominada “Gas Eficiente”.

La compañía comenzó a medir la huella de carbono de su urea en 2014 y asegura que desde entonces logró reducir el indicador cerca de un 40%.

Eficiencia industrial y energía renovable

Profertil atribuye la reducción acumulada a distintas mejoras realizadas en su complejo industrial. Entre ellas menciona inversiones destinadas a elevar la eficiencia energética, una mayor participación de electricidad proveniente de fuentes renovables y proyectos de optimización de los procesos productivos.

La empresa fabrica fertilizantes en Ingeniero White, Bahía Blanca, desde 2001. Su principal producto es la urea granulada, con una producción superior a 1,32 millones de toneladas anuales. También produce aproximadamente 790.000 toneladas de amoníaco por año.

La compañía está controlada en un 90% por Adecoagro, mientras que el 10% restante pertenece a la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA).

El dato de emisiones verificado busca trasladar las mejoras realizadas en la industria química hacia el cálculo ambiental de las actividades agrícolas que utilizan sus productos.

Un indicador que empieza a tener impacto comercial

La medición de emisiones dejó de ser exclusivamente una variable vinculada con la gestión ambiental. Para algunas cadenas agroindustriales comienza a convertirse en información necesaria para demostrar el origen y el impacto de las materias primas.

Profertil señaló que la información puede ser especialmente relevante para productores que abastecen a industrias con mayores exigencias de trazabilidad, entre ellas las cadenas citrícola, cañera y arrocera.

En esos mercados, la huella de carbono puede sumarse a las variables tradicionales de una operación agrícola, como el volumen producido, la calidad y el precio. Contar con factores de emisión específicos permite evitar que un cultivo sea evaluado con referencias que no representan las características reales de los insumos utilizados.

La información también adquiere importancia frente a regulaciones comerciales que incorporan el componente climático. Entre ellas se encuentra el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono de la Unión Europea (CBAM).

Para los productores, disponer de un factor de emisión verificado permite calcular con mayor precisión el impacto de sus cultivos. Para las industrias, aporta información más precisa sobre las emisiones asociadas a las materias primas que procesan.

En ese contexto, conocer cuánto carbono se emitió antes de que el fertilizante llegara al campo puede dejar de ser un dato complementario y convertirse en parte de la información comercial que acompaña a un grano desde el lote hasta la industria.