La comunidad local reúne compañías de 30 sectores, genera más de 47.800 empleos y alcanza una facturación anual de US$ 5.917 millones. El crecimiento de las certificaciones aceleró en los últimos años y posicionó al país detrás de Brasil en América Latina y entre los diez primeros mercados a nivel global.
Argentina alcanzó las 300 Empresas B certificadas, un hito que refleja el crecimiento de un modelo empresarial basado en la incorporación de criterios sociales, ambientales, de transparencia y responsabilidad dentro de la gestión. Con esta cifra, el país se convirtió en el segundo de América Latina con mayor cantidad de compañías certificadas, detrás de Brasil, y ocupa el noveno lugar a nivel mundial.
Las empresas que integran esta comunidad pertenecen a 30 sectores de la economía, generan más de 47.800 puestos de trabajo y alcanzan una facturación conjunta de US$ 5.917 millones anuales. Si bien están distribuidas en todo el territorio, las compañías certificadas tienen origen en 16 jurisdicciones.
La Ciudad de Buenos Aires concentra la mayor cantidad, con 124 empresas, seguida por la provincia de Buenos Aires, con 97. Córdoba reúne 27, Mendoza suma 23 y Río Negro completa los primeros puestos con 16 compañías.
La certificación implica que las organizaciones incorporen un propósito que exceda la generación de ganancias y modifiquen sus estatutos para protegerlo en el tiempo. También deben medir y gestionar su impacto socioambiental bajo un proceso de evaluación y mejora continua.
“Este hito es mucho más que alcanzar un número: pone en evidencia el liderazgo de Argentina en un movimiento global hacia una nueva economía que ponga en el centro el bienestar de las personas y del planeta. Las 300 Empresas B locales demuestran que es posible entender de otra forma el rol de las empresas y generar valor desde el sector privado”, señala Marina Arias, Directora Ejecutiva de Sistema B Argentina.
De las primeras certificaciones al récord de 2026
La evolución de la comunidad muestra una aceleración sostenida. Las primeras dos empresas argentinas obtuvieron la certificación en 2012. Ocho años después, en 2020, el país había llegado a las 100 compañías y en 2023 alcanzó las 200.
El ritmo volvió a intensificarse durante los últimos dos años. En 2025 se certificaron 56 compañías argentinas, la segunda cifra anual más elevada desde la creación del movimiento, apenas por debajo de las 57 registradas en 2022. Ese año, además, Argentina fue el país latinoamericano que más creció en términos absolutos.
La tendencia se profundizó durante 2026. En lo que va del año ya se incorporaron 68 nuevas Empresas B, un récord para el país. Entre las compañías que obtuvieron la certificación aparecen HIT Cowork, Proma, Agro de Souza, Grupo Santa Elena, Conte Mas, Sparkling Premium Water, KO Agua, Gliestore, Agua Local, Biocosmética Exel, Establecimiento La Cumbre, Brascorp y Laboratorios Pharmamerican.
“Argentina es un ejemplo para el mundo, porque incluso frente a una coyuntura económica compleja y sin una agenda pública que impulse específicamente estos temas, el Movimiento B sigue creciendo”, sostiene Marina Arias. “Esto es gracias a la profunda convicción y visión de futuro del empresariado argentino y de todo el ecosistema de impacto en general”.
El interés por incorporar estas herramientas también excede a las empresas que finalmente obtienen la certificación. Actualmente, 12.000 organizaciones argentinas utilizan la Evaluación de Impacto B, una plataforma gratuita que permite analizar el desempeño de una compañía en siete áreas contempladas dentro de los estándares del movimiento.
A escala internacional, unas 320.000 organizaciones utilizan esa evaluación. En total existen 11.068 Empresas B certificadas en 103 países, que reúnen más de 1,3 millones de trabajadores y están distribuidas en 163 industrias.
Empresas que buscan integrar impacto y rentabilidad
La expansión del modelo también aparece en las experiencias de compañías de diferentes tamaños y sectores. Santiago Barbera, CEO de Grupo Broda, la Empresa B más grande de Mendoza, considera que la certificación funciona como una herramienta de mejora permanente y destaca el intercambio dentro de la comunidad para “aprender de organizaciones que enfrentan desafíos similares, compartir buenas prácticas, construir alianzas y encontrar nuevas formas de innovar”.
Para Matías Portela, primer empresario B de Córdoba y director de Sirkel, la expansión responde a una incorporación más concreta de los criterios de triple impacto dentro de la actividad empresarial. “El crecimiento del Movimiento B se explica por algo muy concreto: el triple impacto dejó de ser una idea lejana. Hoy aparece en problemas reales de empresas de distintos sectores y tamaños, empieza a permear en cadenas de valor, equipos, proveedores y clientes”, explica.
La experiencia de Danone muestra que el modelo también puede trasladarse a grandes compañías multinacionales. Juan Garibaldi, Senior VP y CEO de Danone Cono Sur, destaca el carácter pionero de Argentina y observa un cambio en las expectativas sobre el papel de las empresas. “En los últimos años vimos un cambio muy claro en las expectativas que existen sobre el rol de las empresas en el ecosistema social y económico. Los consumidores son cada vez más conscientes de las marcas que eligen y el Movimiento B ofrece un marco que acompaña esta transformación”, agrega.
Desde Qero Ecovasos, Agustina Legasa, Gerente de Sostenibilidad y Comunicación, define la certificación como “una forma de gestionar” más que como un objetivo final. La recertificación permite revisar procesos, medir resultados y detectar oportunidades de mejora.
Una demanda que también llega desde los mercados
El crecimiento del movimiento coincide con una transformación en las expectativas de consumidores, trabajadores e inversores. Un estudio de CENARSECS UBA señala que el 75% de los argentinos considera el impacto social y ambiental al comprar alimentos, mientras que casi el 70% estaría dispuesto a pagar más por productos sustentables que generen valor para la sociedad.
En el plano internacional, el 90% de los inversores tiene actualmente más en cuenta factores ESG que antes de la pandemia, según EY. A su vez, Deloitte señala que el 76% de los trabajadores busca desarrollarse en empresas comprometidas con la sustentabilidad.
La evolución regulatoria también puede reforzar esta tendencia. “Ya hay mercados internacionales, como la Unión Europea, que están aplicando directivas relacionadas con la rendición de cuentas del impacto socioambiental de empresas que exportan a su territorio e incluso de las involucradas en sus cadenas de valor”, agrega Arias.
En ese contexto, la certificación aparece como una herramienta que permite a las empresas anticiparse a nuevas exigencias comerciales y regulatorias. Para Sistema B Argentina, el desafío ahora es que las compañías orientadas al triple impacto dejen de ser una excepción y que el modelo pueda extenderse hacia una transformación más amplia del sector privado.
“El desafío ahora es que las empresas con propósito no sean una excepción, sino que puedan inspirar una transformación mucho más amplia. Llegar a las 300 Empresas B nos muestra que el cambio ya está sucediendo, pero también que tenemos una enorme oportunidad para seguir ampliando este movimiento”, concluye la líder de Sistema B Argentina.


