Río Negro apuesta a los bonos de carbono para financiar la ganadería regenerativa

Río Negro apuesta a los bonos de carbono para financiar la ganadería regenerativa

La iniciativa reúne a 11 productores ovinos de la Meseta de Somuncurá y busca demostrar que los créditos de carbono pueden convertirse en una herramienta para mejorar la productividad, fortalecer la resiliencia frente a la sequía y financiar inversiones en los establecimientos rurales.

Un grupo de 11 productores ovinos de la Meseta de Somuncurá, en Río Negro, participa de un proyecto piloto que busca financiar la transición hacia la ganadería regenerativa mediante la generación de bonos de carbono. La iniciativa cuenta con el aval ambiental de la provincia y el acompañamiento técnico del INTA, y apunta a demostrar que la mejora en el manejo de los campos puede traducirse tanto en beneficios ambientales como en una mayor estabilidad económica para los establecimientos.

El desarrollo es impulsado por Forestblock y se implementa sobre unas 50.000 hectáreas de la Línea Sur rionegrina, una de las regiones más afectadas por la variabilidad climática y las sequías recurrentes.

Para Christian Farjat, fundador de Forestblock, el eje del proyecto no pasa por la comercialización de créditos de carbono en sí misma, sino por generar un modelo económicamente viable para los productores. “El bono es definitivamente la herramienta, no el destino. La pregunta de fondo que nos hicimos al diseñar el proyecto es: ¿cómo hacés para que a un productor familiar de la Línea Sur le cierre económicamente un manejo que cuida la tierra? Eso es lo que venimos a responder”.

Carbono para financiar el cambio de manejo

El proyecto propone aplicar prácticas de ganadería regenerativa, entre ellas la rotación de potreros, el descanso de los pastizales y un manejo más eficiente de la carga animal. Aunque estas técnicas son conocidas desde hace años, su implementación suele requerir inversiones que muchos establecimientos familiares no pueden afrontar.

“Los cambios no son nuevos en la teoría. Siempre chocaron con un problema concreto: el costo de implementarlos. Kilómetros de alambrado, bebederos bien distribuidos, planificación técnica campo por campo. El crédito de carbono es exactamente el capital que falta para dar ese salto”, explicó Farjat.

Según el empresario, los primeros establecimientos que comenzaron a aplicar estas prácticas ya muestran mejoras en la cobertura vegetal y en la capacidad del suelo para conservar humedad, un aspecto clave en una región donde la disponibilidad de agua condiciona la producción.

“El pastizal responde: la cobertura vegetal se recupera con el descanso, la humedad del suelo mejora, el campo tiene más resiliencia en los años secos”, señaló. Y agregó: “En la estepa patagónica, donde la variabilidad climática es brutal, eso se traduce directamente en reducción del riesgo productivo. No es solo ambiental: es el seguro más barato que existe contra la sequía”.

Validación científica y respaldo ambiental

Actualmente, Forestblock trabaja junto al INTA en la determinación de la línea base de carbono del suelo, un dato indispensable para cuantificar las futuras reducciones de emisiones y emitir créditos de carbono bajo estándares internacionales.

“Acá quiero ser transparente: estamos en etapa de validación y hay un dato que todavía no está cerrado, que es la línea base de carbono del suelo. Ese proceso lo estamos completando con el INTA, con muestras ya en análisis. Mientras ese número no esté validado de forma independiente, no es serio de mi parte ponerte una cifra de ingreso por tonelada, prefiero que cuando publiquen, todo sea verificable y no tengamos que corregir después”, afirmó.

Mientras tanto, el proyecto obtuvo la Factibilidad Ambiental otorgada por la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático de Río Negro mediante la Resolución 493/2026, que confirmó la compatibilidad de la iniciativa con los objetivos de conservación del Área Natural Protegida Meseta de Somuncurá.

Para Farjat, ese respaldo institucional contribuye a facilitar el desarrollo del proyecto, aunque remarcó que la credibilidad del mercado voluntario depende de auditorías independientes. “¿Si alcanza solo con acuerdos regionales para consolidar el mercado voluntario a largo plazo? No, y creo que es importante decirlo. La credibilidad del mercado voluntario de carbono descansa precisamente en que la verificación es independiente de los gobiernos”.

El desafío de escalar el modelo

La primera etapa involucra a 11 establecimientos distribuidos sobre unas 50.000 hectáreas, aunque la expectativa es extender el modelo a otras zonas de la Meseta de Somuncurá si los resultados son positivos.

“El nuestro es un piloto ambicioso, pero un piloto, y parte del trabajo de esta etapa es demostrar que el modelo funciona para que pueda replicarse en la región”, sostuvo Farjat.

Los próximos pasos contemplan avanzar con la validación del proyecto ante el estándar internacional Verra, completar el Documento de Diseño del Proyecto (PDD) e implementar una plataforma digital que permitirá monitorear la evolución de los pastizales en cada establecimiento. La intención es demostrar que los créditos de carbono pueden transformarse en una fuente complementaria de ingresos que contribuya a financiar mejoras productivas y fortalecer la resiliencia de la ganadería patagónica frente al cambio climático.