Salud mental en el trabajo: el rol decisivo del liderazgo en la prevención de riesgos invisibles

Salud mental en el trabajo: el rol decisivo del liderazgo en la prevención de riesgos invisibles

El enfoque actual sobre seguridad laboral amplía su alcance hacia los factores psicosociales, donde la organización del trabajo y las decisiones de conducción inciden directamente en el bienestar. La coherencia —o su ausencia— en los niveles jerárquicos define el clima interno, impacta en la conducta de los equipos y condiciona la gestión preventiva.

El tema que la OIT ha establecido para este año se centra en el entorno psicosocial del trabajo, que incluye la manera en que se diseña, organiza y gestiona el trabajo, así como las prácticas organizacionales que afectan la experiencia laboral diaria. Factores como la carga de trabajo, la claridad de roles, la autonomía, el apoyo y los procesos justos y transparentes son determinantes para la seguridad, la salud y el desempeño de los trabajadores.

La OIT enfatiza que un entorno psicosocial deficiente puede convertirse en un riesgo laboral real, al igual que los riesgos físicos, químicos o biológicos.

En mi experiencia profesional, el factor relacionado con apoyo visible y sostenido de la Alta Dirección hacia el valor de la vida por encima de cualquier otra prioridad es uno de los que más profundamente condiciona la salud mental de quienes trabajan en una organización.

Cuando ese respaldo no existe, o existe sólo en los papeles y en el discurso, todo el sistema preventivo se vuelve frágil, por más procedimientos escritos que existan.

Los trabajadores perciben rápidamente si la conducta de los líderes es coherente con lo que dicen los carteles en las paredes. Basta con que un jefe felicite a un equipo por cumplir un plazo a costa de no cumplir con un permiso de trabajo, o que minimice un aviso de casi-accidente porque “detener la producción sale caro”, para que el mensaje real llegue con claridad: la producción, el cliente o el indicador económico del mes pesan más que la integridad de las personas.

A partir de ahí se instala un desgaste silencioso. La gente deja de reportar, se normalizan condiciones inseguras, se silencian los problemas de riesgos, y se comienza a convivir con una contradicción permanente entre lo que se le pide hacer y lo que sabe que debería hacerse.

Esa contradicción tiene un costo psíquico concreto y real. Aparecen la sensación de no ser escuchado, la frustración de percibir que las decisiones importantes se toman en una oficina y sin considerar al ser humano que está en el puesto de trabajo, y el miedo, muchas veces no dicho, a represalias por levantar la mano ante una situación de riesgo, el famoso “stop work” de las organizaciones “adultas” en materia de prevención.

Con el tiempo estas situaciones se traducen en irritabilidad, problemas de sueño, ausentismo, conflictos interpersonales, y en los casos más serios, cuadros de ansiedad o depresión que rara vez se asocian formalmente al trabajo, pero que tienen su raíz en él.

Y ni que hablar del efecto que tienen estas situaciones en aquellos que tienen la responsabilidad de llevar adelante la gestión de Salud y Seguridad en estas organizaciones. Pasan a vivir una sensación de estrés permanente, ya que su trabajo y responsabilidad carecen del apoyo de la Dirección cuando, ante situaciones de riesgo crítico, se desautoriza su evaluación profesional de tomar acciones inmediatas para controlar las  causas que provocan la situación de peligro.

Cuando en cambio, la Alta Dirección demuestra con hechos concretos, decisiones, recursos presupuestarios, presencia en planta y escucha real a las consultas, que se “vive” el convencimiento y realidad de que ninguna razón justifica poner en riesgo una vida, entonces las personas se sienten cuidadas. Entonces, ese cuidado percibido se convierte en compromiso, en participación genuina, en avisos tempranos y en una cultura donde hablar de lo que preocupa deja de ser un riesgo personal.

La salud mental en el trabajo, antes que con un programa de beneficios, se construye o se destruye a través de esa coherencia diaria del liderazgo.

Por Hugo Pagliotti, experto en diseño, implementación y certificación de sistemas de gestión de Seguridad Industrial, Salud Ocupacional y Medio Ambiente y Calidad.

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