
Turismo con impacto: las Empresas B ganan terreno en la industria argentina
Con una demanda global en expansión y nuevos perfiles de viajeros más conscientes, el sector turístico comienza a integrar criterios sociales y ambientales como parte de su estrategia de crecimiento. En este escenario, las certificaciones internacionales se consolidan como un diferencial competitivo y una herramienta de transparencia.
El turismo atraviesa una etapa de transformación impulsada por el crecimiento sostenido de la actividad a nivel global. Según datos de Oxford Economics, el sector avanza a un ritmo superior al de la economía mundial y mantendría esta tendencia en la próxima década.
En este contexto, cada vez más empresas incorporan el enfoque de triple impacto —económico, social y ambiental— como parte de su modelo de negocio. Esta integración no solo responde a una demanda creciente de los consumidores, sino también a la necesidad de construir organizaciones más resilientes y competitivas.
El fenómeno cobra especial visibilidad durante el Mes de las Empresas B, una iniciativa global que este año se presenta bajo el lema “Una simple letra, un gran significado”, destacando el valor de la certificación como señal de compromiso con estándares internacionales de sostenibilidad.
Argentina y el crecimiento del ecosistema B
En el país, el universo de Empresas B vinculadas al turismo, la gastronomía y las experiencias continúa expandiéndose. Actualmente, existen 45 propuestas certificadas que incluyen restaurantes, operadores turísticos, bodegas, alojamientos y una reserva natural.
Dentro de este mapa, Mendoza se posiciona como el principal polo de desarrollo con 22 iniciativas, seguida por la Ciudad de Buenos Aires y la provincia bonaerense. A su vez, otras regiones como Salta, Río Negro, Neuquén, Santa Fe y La Rioja también suman propuestas, reflejando una diversificación territorial de la oferta.
Las Empresas B son organizaciones que cumplen con estándares verificados de gestión socioambiental, transparencia y gobernanza. Su característica distintiva es que incorporan en sus estatutos el compromiso de medir y gestionar el impacto de sus operaciones en las personas, las comunidades y el entorno.
A nivel general, Argentina cuenta con 292 Empresas B, lo que la ubica como el décimo país del mundo y el segundo de América Latina en cantidad de certificaciones. Estas compañías generan más de 45.700 empleos y alcanzan una facturación anual de US$ 5.700 millones, con presencia en 30 sectores productivos.
Boomerang Viajes: trayectoria y modelo de impacto
Uno de los casos destacados dentro del sector turístico es Boomerang Viajes, certificada como Empresa B desde 2019 y con 25 años de trayectoria en el mercado. Fundada por Bettina González y Paula González, la compañía desarrolló un modelo orientado a conectar viajeros con destinos de conservación y proyectos comunitarios.
A lo largo de su historia, la firma impulsó iniciativas en regiones como el NOA, Misiones y el Gran Chaco, además de capacitar a 297 agentes turísticos en prácticas de impacto. También participa en proyectos educativos a través de la Fundación Charis.
Desde la compañía destacan que la certificación no solo refuerza su posicionamiento frente a los viajeros, sino también en el segmento corporativo. Según explican, sus ventas en este rubro crecieron un 60% durante 2025, impulsadas por empresas que buscan alinear su cadena de valor con criterios de sostenibilidad.
“De cara a los viajeros conscientes, la Certificación de Empresa B es un sello de confianza que garantiza estándares internacionales”, afirmó Bettina González. Y agregó: “Por otro lado, cada vez más compañías buscan fortalecer su cadena de valor bajo criterios de triple impacto. Para este tipo de clientes, ser Empresa B nos posiciona como un proveedor transparente y con una gestión socioambiental verificada”.
Certificación y competitividad en el mercado
El avance del modelo B también es impulsado por organizaciones como Sistema B Argentina, que promueven la adopción de estándares de impacto en el sector privado. Su directora ejecutiva, Marina Arias, destacó el potencial del turismo sostenible en el país.
“Cuando hablamos de crecimiento, tenemos que hablar de desarrollo sostenible y diversificación productiva, y el turismo sustentable representa una gran oportunidad en un país con tanta riqueza natural y diversidad social”, señaló. Además, subrayó: “Boomerang Viajes es un ejemplo que nos inspira. Demuestran que es posible que las empresas asuman un rol activo como agentes de cambio: ven al turismo como una herramienta de redistribución, trabajan colaborativamente con el sector, educan a otros y se involucran en su comunidad de una forma muy concreta”.
En este escenario, la certificación se consolida como un diferencial competitivo, especialmente en mercados donde la trazabilidad y la transparencia comienzan a ser requisitos clave.
Nuevas demandas y transformación del viajero
El crecimiento del turismo sostenible está directamente vinculado a un cambio en las preferencias de los consumidores. Según Bettina González, “El turismo con impacto positivo dejó de ser un nicho, porque lo que entendíamos como disfrute, descanso y lujo está cambiando. Cada vez más personas buscan viajes que las transformen, experiencias únicas y una conexión auténtica con el mundo y con los demás”.
Esta tendencia se refleja en el auge de destinos de conservación, así como en el desarrollo de propuestas de turismo rural y comunitario. A su vez, crece la conciencia sobre el impacto que generan los viajes en el entorno y en las comunidades locales.
“Las personas también son cada vez más conscientes de que, cuando viajan, impactan. Y nosotros las acompañamos, les damos las opciones y los educamos para que lo hagan de una forma que conserve el entorno natural y ponga en valor la cultura de las comunidades locales”, concluyó.

