
Villavicencio refuerza su apuesta por la conservación en la precordillera mendocina
La protección de ecosistemas estratégicos vuelve a ubicarse en el centro de la agenda ambiental con iniciativas que combinan producción y sustentabilidad. En Mendoza, un modelo de gestión integra preservación de biodiversidad, resguardo de recursos hídricos y desarrollo de impacto social con proyección de largo plazo.
En el marco del Día de la Tierra, la marca Villavicencio puso en foco el valor estratégico de la Reserva Natural Villavicencio, un área protegida ubicada en la precordillera mendocina que cumple un rol central en la conservación de los ecosistemas regionales.
Con más de 60.000 hectáreas bajo protección, este espacio natural se consolidó como un activo ambiental clave no sólo por su biodiversidad, sino también por su aporte a la gestión sostenible del agua. Durante más de 25 años, el trabajo de conservación permitió identificar y preservar más de 45 humedales, fundamentales para la recarga de acuíferos y la regulación hídrica.
El reconocimiento internacional llegó en 2017, cuando el sistema fue declarado Convención Ramsar, una distinción que destaca su importancia global y la necesidad de sostener políticas activas de monitoreo y restauración.
Conservación y producción: un vínculo directo
Uno de los aspectos distintivos del modelo es la relación entre el cuidado del entorno y la calidad del recurso. En este caso, Villavicencio se posiciona como la única agua mineral natural de manantial en Argentina que se origina dentro de un área natural protegida.
Este factor establece un vínculo directo entre la preservación del ecosistema y las características del producto. Cuanto mayor es el nivel de conservación del ambiente, más se mantienen las condiciones naturales que definen su perfil.
La lógica es clara: el equilibrio ambiental impacta directamente en la calidad del agua. De esta manera, cada botella refleja las condiciones del entorno en el que se origina, consolidando un modelo donde la sustentabilidad no es un agregado, sino un componente estructural.
Biodiversidad y trabajo en territorio
La reserva alberga una elevada diversidad biológica, con más de 420 especies de flora y 265 de fauna registradas. Esta riqueza la convierte en un corredor estratégico para la conservación en la región andina.
El sostenimiento de este ecosistema depende de un trabajo continuo en campo. “Detrás de cada avance en conservación hay un equipo que sostiene este trabajo todos los días en el territorio. Guardaparques, técnicos, investigadores, guías de sitio, comunicadores y educadores son quienes hacen posible que este ecosistema se mantenga vivo, monitoreado y protegido. Su compromiso no sólo garantiza la preservación de la biodiversidad, sino también la continuidad de un modelo que demuestra que es posible articular producción y conservación de manera responsable.”, señaló Silvina Giudici, responsable de la reserva.
Más allá de la conservación, la compañía impulsa iniciativas de impacto social a través de su programa Juntos por el Agua. La propuesta busca garantizar el acceso a agua segura en comunidades rurales y periurbanas, con acciones en Mendoza y Chascomús.
El alcance del programa supera los 1,6 millones de personas, mediante la provisión de agua de calidad y la articulación con instituciones para optimizar las donaciones.
Además, desde 2017 la empresa cuenta con la certificación de Sistema B, lo que implica cumplir con estándares internacionales en materia social y ambiental. Este enfoque vincula directamente la generación de valor económico con el impacto positivo en el entorno.
En un contexto donde la sostenibilidad gana peso en la agenda global, el caso de Villavicencio refleja un esquema de gestión que integra conservación, producción y desarrollo social.
La experiencia en la precordillera mendocina muestra que es posible mantener ecosistemas en equilibrio mientras se desarrollan actividades económicas, siempre que exista una estrategia basada en el cuidado del recurso.

