Día Internacional de la Diversidad Biológica: alertan por la pérdida de especies

Día Internacional de la Diversidad Biológica: alertan por la pérdida de especies

La conmemoración impulsada por Naciones Unidas vuelve a poner el foco sobre el deterioro de ecosistemas en todo el mundo y sus efectos sobre el clima, la producción de alimentos y el acceso a recursos esenciales. Organismos internacionales advierten que la actividad humana acelera el riesgo de extinción de millones de especies.

Cada 22 de mayo se conmemora el Día Internacional de la Diversidad Biológica, una fecha impulsada por Naciones Unidas para promover acciones de conservación frente al avance de la degradación ambiental y la pérdida de especies a escala global.

La efeméride coincide con el aniversario del Convenio sobre la Diversidad Biológica firmado en 1992 y busca reforzar la necesidad de preservar ecosistemas, garantizar un uso sostenible de los recursos naturales y promover políticas orientadas a proteger la riqueza biológica del planeta.

Lejos de tratarse de una discusión exclusivamente ambiental, distintos organismos internacionales advierten que el deterioro de la biodiversidad ya impacta sobre actividades económicas, sistemas productivos y condiciones básicas de vida.

La ONU sostiene que la biodiversidad atraviesa una de las crisis más profundas de la historia reciente. Según datos difundidos por el organismo, cerca del 75% de los ambientes terrestres y aproximadamente dos tercios de los ecosistemas marinos ya presentan alteraciones significativas vinculadas a la acción humana.

En paralelo, alrededor de un millón de especies animales y vegetales enfrentan actualmente riesgo de extinción.

La pérdida de hábitats naturales, la expansión urbana, el avance de la frontera agropecuaria, la contaminación y el cambio climático aparecen entre los principales factores que explican este escenario.

El impacto sobre la economía, el clima y la calidad de vida

Especialistas en conservación remarcan que la biodiversidad no se limita a la existencia de especies animales o vegetales, sino que constituye un componente esencial para el funcionamiento de los ecosistemas y para múltiples actividades humanas.

La estabilidad de los sistemas alimentarios, la fertilidad de los suelos, la disponibilidad de agua potable y la regulación climática dependen directamente de ecosistemas saludables.

Además, la degradación ambiental reduce la capacidad natural para absorber emisiones, controlar temperaturas extremas y amortiguar fenómenos climáticos cada vez más frecuentes.

Diversos estudios internacionales también muestran que el deterioro ecológico afecta de manera más intensa a las comunidades vulnerables, especialmente aquellas que dependen directamente de recursos naturales para su subsistencia o cuentan con menor capacidad de adaptación frente a sequías, inundaciones o pérdida de productividad.

En los últimos años, la discusión sobre biodiversidad comenzó además a ganar espacio dentro de sectores económicos vinculados a la energía, la minería y la infraestructura, donde crece la presión internacional para incorporar estándares ambientales más exigentes en proyectos de desarrollo.

El debate adquiere especial relevancia en América Latina, una de las regiones con mayor riqueza biológica del planeta y al mismo tiempo una de las más expuestas a procesos de degradación ambiental vinculados al avance productivo.

Restauración de ecosistemas y recuperación de especies

Frente a este escenario, organismos ambientales y especialistas coinciden en que las políticas de restauración ecológica aparecen como una de las principales herramientas para revertir parte del deterioro.

La recuperación de hábitats naturales, la ampliación de áreas protegidas, el control de actividades ilegales y la mejora en los sistemas de conservación permitieron en distintos países registrar avances sobre especies que se encontraban en situaciones críticas.

Entre los casos más citados a nivel internacional aparece la recuperación del panda gigante en China, donde la creación de corredores biológicos, áreas protegidas y programas de restauración de bosques de bambú contribuyeron a mejorar significativamente las poblaciones de la especie.

En Argentina también se registraron experiencias de recuperación asociadas a políticas de conservación y reducción de amenazas ambientales.

Uno de los ejemplos más emblemáticos es el de la ballena franca austral en Península Valdés. Tras décadas de fuerte presión por la caza comercial, las poblaciones comenzaron a recuperarse de manera sostenida luego de la prohibición de esa actividad y de la implementación de medidas de protección marina.

También en Misiones se observó en los últimos años una mejora en la población de yaguaretés, vinculada a mayores controles ambientales, fortalecimiento de áreas protegidas y programas de monitoreo científico.

Otro fenómeno que comenzó a registrarse con mayor frecuencia es la expansión del puma en distintos sectores de la provincia de Buenos Aires, favorecida por cambios en dinámicas rurales, reducción de la caza y mayor disponibilidad de presas naturales.

Aun así, especialistas advierten que los avances continúan siendo insuficientes frente a la velocidad con la que avanza la degradación ambiental global. Por eso, organismos internacionales insisten en que la conservación de la biodiversidad dejó de ser únicamente una cuestión ecológica y pasó a convertirse en un desafío económico, social y productivo de escala global.