Vaca Muerta y Brasil: nueva etapa de integración gasífera en Sudamérica

Vaca Muerta y Brasil: nueva etapa de integración gasífera en Sudamérica

Un informe elaborado por organismos internacionales y referentes de la industria sostiene que la región dispone de recursos suficientes para fortalecer su seguridad energética y reducir emisiones. Sin embargo, advierte que será necesario invertir más de US$10.000 millones en infraestructura y garantizar reglas estables para atraer capitales.

América Latina cuenta con algunas de las reservas de gas más importantes del planeta, aunque su participación en la producción mundial continúa siendo relativamente reducida. Esa es una de las principales conclusiones del informe “Oportunidades para el desarrollo del gas en América Latina y el Caribe”, presentado durante la Conferencia ARPEL 2026.

El documento, elaborado conjuntamente por la Unión Internacional del Gas (IGU), ARPEL y la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), plantea que la región se encuentra ante una oportunidad histórica para avanzar en una mayor integración energética aprovechando los recursos disponibles y la infraestructura existente.

Según el estudio, América Latina y el Caribe aportan apenas el 5% de la producción global de gas, a pesar de disponer de importantes reservas distribuidas en distintos países. Para revertir esa situación y facilitar el intercambio regional de energía, los especialistas estiman que serán necesarias inversiones superiores a los US$10.000 millones destinadas a la construcción y ampliación de gasoductos internacionales.

No obstante, el desafío no se limita a la infraestructura. El reporte subraya que la estabilidad regulatoria será determinante para movilizar financiamiento privado, acceder a créditos multilaterales y desarrollar proyectos de largo plazo capaces de trascender los cambios de gobierno.

El papel estratégico de Vaca Muerta en el nuevo mapa regional

Dentro de ese escenario, Argentina aparece como uno de los actores con mayor potencial de crecimiento. El informe señala que las reservas no convencionales de Vaca Muerta, junto con los desarrollos offshore convencionales y los yacimientos presalinos de Brasil, pueden convertirse en los principales motores de una nueva etapa de expansión gasífera en el Cono Sur.

A ellos se suman productores tradicionales como Venezuela, Bolivia, Perú y Trinidad y Tobago, además de nuevas áreas exploratorias que comienzan a ganar relevancia en Guyana y Surinam.

Para Argentina, la consolidación de este proceso tendría múltiples efectos económicos. Por un lado, permitiría reducir progresivamente la dependencia de las importaciones de Gas Natural Licuado (GNL). Por otro, abriría la puerta a un crecimiento sostenido de las exportaciones regionales e internacionales.

El estudio también identifica beneficios concretos para los países vecinos. Brasil podría acceder a mayores volúmenes de gas competitivo para impulsar su actividad industrial, mientras que Bolivia tendría la posibilidad de rentabilizar parte de su infraestructura de transporte existente mediante servicios de tránsito regional. Chile y Uruguay, en tanto, podrían acceder a suministros más económicos que los cargamentos de GNL provenientes de mercados lejanos.

Un aliado para la transición energética

Los autores del informe destacan que el gas natural seguirá desempeñando un papel relevante en los procesos de descarbonización durante las próximas décadas.

Según datos citados del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), la sustitución de combustibles más intensivos en carbono por gas natural permite reducir significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero en la generación eléctrica.

Además, el combustible continúa siendo un respaldo fundamental para las fuentes renovables variables, especialmente la energía solar y eólica. La experiencia de Brasil durante la crisis hídrica de 2021 es presentada como ejemplo de esa complementariedad, ya que la generación térmica a gas permitió compensar la menor disponibilidad de recursos hidroeléctricos y evitar problemas de abastecimiento.

Esta situación adquiere especial relevancia en varios países de América Central y el Caribe, donde una parte significativa de la electricidad aún depende de combustibles derivados del petróleo. Para esas economías, el reemplazo gradual por gas natural podría generar mejoras inmediatas tanto en términos ambientales como de costos.

Transporte, desarrollo social y nuevas oportunidades

El informe también destaca el potencial del gas en sectores difíciles de electrificar, como el transporte pesado. La utilización de Gas Natural Comprimido (GNC) y Gas Natural Licuado (GNL) aparece como una alternativa disponible para reducir emisiones mientras tecnologías emergentes como el hidrógeno, el amoníaco o el metanol avanzan hacia una mayor madurez comercial.

Desde el punto de vista económico, la monetización de las reservas regionales permitiría fortalecer las balanzas comerciales, generar nuevas inversiones y ampliar el acceso a fuentes energéticas más confiables y accesibles.

Los autores citan el caso de Colombia, donde la expansión del acceso a la energía contribuyó a reducir los niveles de pobreza energética durante los últimos años. También destacan el potencial del biometano para complementar la matriz energética, aprovechar infraestructura existente, impulsar economías regionales y promover una mejor gestión de residuos.

En ese contexto, el reporte concluye que el desarrollo coordinado del gas natural puede transformarse en una herramienta clave para fortalecer la seguridad energética regional, acompañar la transición hacia matrices más limpias y potenciar el crecimiento económico de América Latina durante las próximas décadas.