“La innovación es la herramienta para reducir la huella de carbono sin resignar desempeño”

“La innovación es la herramienta para reducir la huella de carbono sin resignar desempeño”

Mariana Tortoza, jefa de Sostenibilidad de Holcim Argentina, repasa los principales ejes de la estrategia ambiental de la compañía, desde el uso de combustibles alternativos y materiales reciclados hasta la expansión de productos de baja emisión y la necesidad de generar incentivos para acelerar la construcción sostenible.

En un contexto marcado por la desaceleración de la construcción y la transformación del mercado de materiales, Holcim Argentina presentó la decimocuarta edición de su Informe de Sostenibilidad, donde resume los principales resultados económicos, ambientales y sociales alcanzados durante 2025.

Entre los indicadores más destacados figuran una reducción del 18% en la huella de carbono, el abastecimiento del 90% de la energía eléctrica a partir de fuentes renovables y la valorización de más de 140.000 toneladas de residuos a través de su unidad Geocycle, además de avances en seguridad laboral, diversidad e impacto comunitario.

Para profundizar en los desafíos que enfrenta la industria y conocer cómo la compañía busca combinar crecimiento, innovación y sostenibilidad, Gerencia Ambiental conversó con Mariana Tortoza, jefa de Sostenibilidad de Holcim Argentina, quien analizó los principales resultados del reporte, las estrategias de descarbonización, el desarrollo de la economía circular y las metas que la empresa se fijó para los próximos años.

—Holcim lleva varios años trabajando en una estrategia de sostenibilidad. ¿Cómo evolucionó ese proceso y cuáles son hoy sus principales ejes?

—Nuestra estrategia comenzó a consolidarse en 2015, cuando analizamos cómo nuestra actividad impactaba sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Identificamos que, por el tipo de industria en la que operamos, teníamos incidencia sobre 13 de los 17 ODS y decidimos organizar esa agenda en cuatro pilares, que con algunas actualizaciones se mantienen hasta hoy.

El primero es clima y energía, donde concentramos todas las acciones orientadas a reducir las emisiones de dióxido de carbono. Somos una industria intensiva en emisiones y tenemos muy claro que la descarbonización es uno de los principales desafíos del sector. Por eso trabajamos en mejoras de eficiencia, incorporación de nuevas tecnologías y reducción de la huella de carbono en nuestros procesos.

El segundo pilar es la economía circular, que busca disminuir el consumo de recursos naturales mediante la incorporación de materiales provenientes de otras industrias. En lugar de extraer nuevas materias primas, utilizamos subproductos como escorias y óxidos de hierro de las acerías o cenizas volantes de centrales térmicas, que pueden incorporarse a la fabricación de cemento. También estamos avanzando en el aprovechamiento de residuos de demolición para reincorporarlos al proceso productivo.

—La economía circular ocupa un lugar cada vez más importante dentro de la industria. ¿Cómo se traduce ese concepto en la operación diaria de Holcim?

—La circularidad también implica sustituir combustibles fósiles por combustibles alternativos obtenidos a partir de residuos industriales. Ese trabajo lo desarrollamos a través de Geocycle y durante 2025 alcanzamos una tasa de sustitución térmica del 19% en nuestros hornos.

Pero el concepto va más allá del proceso industrial. También promovemos la separación y recuperación de residuos dentro de nuestras plantas. En los comedores implementamos sistemas para clasificar los residuos orgánicos, que luego se transforman en compost. Ese material se utiliza en los viveros que funcionan en nuestras canteras para acompañar los procesos de rehabilitación con especies autóctonas.

Otro de los pilares de nuestra estrategia es agua y naturaleza. Aunque el agua no forma parte del proceso de fabricación del cemento, sí se utiliza para refrigeración y otras operaciones, por lo que trabajamos para reducir el consumo de agua dulce. En la planta de Malagueño, por ejemplo, desarrollamos un sistema de captación de agua de lluvia que permitió disminuir alrededor de un 20% la extracción de agua durante el último año.

—El informe también pone el foco en los productos de menor huella de carbono. ¿Qué lugar ocupan ECOPlanet y ECOPact dentro de esa estrategia?

-Son dos marcas globales que reflejan cómo trasladamos la sostenibilidad al producto final. ECOPlanet identifica nuestros cementos de baja huella de carbono y ECOPact nuestros hormigones con menores emisiones. Para integrar esas líneas, cada producto debe demostrar una reducción mínima del 30% de emisiones respecto de un producto convencional equivalente y cumplir con una trazabilidad técnica que respalde ese desempeño.

Nuestro objetivo es que hacia 2030 el 50% de las ventas de cemento correspondan a ECOPlanet y el 50% de las ventas de hormigón a ECOPact. En cemento ya superamos ese porcentaje y seguimos trabajando para alcanzar la misma meta en hormigones. Para lograrlo combinamos distintas herramientas: aumentar el uso de combustibles alternativos, incorporar más materiales reciclados, reducir el contenido de clínker cuando es técnicamente posible y seguir ampliando el uso de energía renovable, que hoy ya representa el 90% de la electricidad que consumimos.

La estrategia global de Holcim apunta justamente a demostrar que la sostenibilidad puede ir de la mano del crecimiento del negocio. La innovación nos permite desarrollar materiales con menor impacto ambiental sin resignar calidad ni prestaciones, y ese es el camino que estamos profundizando.

—¿Cómo responde hoy el mercado argentino a los materiales de construcción con menor huella de carbono?

—Todavía es un mercado incipiente. A diferencia de Europa, donde existe un precio diferencial porque las emisiones tienen un costo, en Argentina los productos de baja huella de carbono no reciben un reconocimiento económico específico. Hay desarrolladores que priorizan la sustentabilidad y eligen este tipo de materiales por decisión propia, pero todavía son casos puntuales y no una tendencia generalizada del mercado.

—¿Qué rol juegan las certificaciones ambientales en esa decisión?

—Son una herramienta muy importante porque permiten demostrar, con información verificable, el desempeño ambiental de los materiales. Todos nuestros cementos y hormigones cuentan con Declaraciones Ambientales de Producto certificadas por terceros y este año estamos renovando esas certificaciones.

Cuando un proyecto busca obtener certificaciones como LEED o EDGE, cada material aporta puntaje en función de sus características ambientales. Contar con esa información auditada facilita que nuestros productos puedan formar parte de ese tipo de desarrollos. Hoy quizás no es un requisito masivo, pero vemos que cada vez más desarrolladores comienzan a incorporarlo en sus proyectos.

—¿Qué falta para que ese mercado termine de consolidarse?

—Todavía faltan incentivos. Hoy no existe una política que premie a quienes construyen con materiales de menor impacto ambiental, ya sea a través de beneficios fiscales, herramientas de financiamiento o algún otro mecanismo. Eso hace que, muchas veces, la variable costo siga siendo la principal al momento de elegir un producto.

Desde Holcim tratamos de reducir esa barrera. Comercialmente buscamos que la diferencia de precio entre un producto convencional y uno de baja huella de carbono sea mínima, justamente para facilitar su adopción. Creemos que la sostenibilidad tiene que dejar de ser un diferencial para convertirse en un estándar del mercado.

—Mencionabas que otra de las claves para reducir las emisiones fue disminuir el factor de clínker. Para quienes no están familiarizados con el proceso, ¿qué es el clínker y por qué resulta tan determinante?

—La fabricación del cemento puede dividirse en dos grandes etapas. Primero producimos el clínker, que es un producto intermedio obtenido a partir de materias primas como la caliza, el hierro y otros correctores minerales. Esos materiales ingresan al horno, donde alcanzan temperaturas cercanas a los 1.500 grados, y luego se enfrían rápidamente hasta formar pequeñas partículas muy resistentes, que son las que llamamos clínker.

La mayor parte de las emisiones de carbono de nuestra actividad se genera justamente en esa etapa. Por un lado, por el combustible que necesita el horno para alcanzar esas temperaturas y, por otro, porque la propia transformación química de la caliza libera dióxido de carbono. Más del 90% de las emisiones asociadas a la producción del cemento se concentran allí.

Por eso una de las estrategias consiste en reducir la cantidad de clínker que contiene el cemento, incorporando otros materiales que ya fueron descarbonatados y que mantienen las prestaciones del producto. Eso requiere innovación y desarrollo tecnológico, porque la calidad del cemento debe seguir cumpliendo exactamente las mismas normas. Esa reducción, combinada con el mayor uso de combustibles alternativos y de energía renovable, explica buena parte de la disminución de nuestra huella de carbono.

—En ese proceso también aparece con fuerza la biomasa y otros residuos como fuente de energía. ¿Cómo funciona ese esquema?

—Hace varios años que trabajamos para ampliar el uso de combustibles alternativos y hoy la biomasa ya forma parte de esa estrategia. Utilizamos distintos materiales con poder calorífico que reemplazan parcialmente a los combustibles fósiles tradicionales. Entre ellos hay cáscaras de maní, residuos de la actividad vitivinícola, restos de poda y también semillas que, por distintos motivos, quedaron fuera de especificación y no pueden volver al circuito comercial.

En esos casos trabajamos junto con otras industrias que necesitan garantizar la destrucción segura de esos materiales. Nosotros los incorporamos al proceso productivo y aprovechamos su contenido energético. Desde el punto de vista ambiental tiene un doble beneficio: evitamos que esos residuos terminen en disposición final y, al mismo tiempo, reducimos el consumo de combustibles fósiles.

—¿Qué rol cumple GeoCycle dentro de esa estrategia de economía circular?

—GeoCycle es la unidad de negocios de Holcim especializada en la gestión y valorización de residuos. Recibe corrientes muy diversas, tanto peligrosas como no peligrosas, las analiza y prepara mezclas con características energéticas adecuadas para ser utilizadas como combustible alternativo en nuestros hornos de clínker.

No se trata únicamente de residuos industriales. También gestionamos neumáticos fuera de uso, aceites, solventes y otros materiales que, de otra manera, requerirían una disposición ambientalmente compleja. En el caso de los neumáticos, por ejemplo, somos la única empresa del país que puede incorporarlos completos al proceso, sin necesidad de triturarlos previamente.

Todo ese material reemplaza combustibles convencionales y, al mismo tiempo, evita impactos ambientales asociados a su disposición final. Es un claro ejemplo de economía circular, porque un residuo deja de ser un pasivo ambiental para convertirse en un recurso productivo.

—Holcim también amplió su estructura de negocios durante los últimos años. ¿Cómo se integra GeoCycle dentro de esa estrategia?

—Nuestra evolución como compañía apunta a dejar de ser únicamente un productor de cemento para convertirnos en una empresa que ofrece soluciones integrales para la construcción. GeoCycle forma parte de esa transformación, junto con otras unidades de negocio como Tensolite, dedicada a premoldeados; Quimexur, especializada en pinturas, membranas y aditivos; y la reciente incorporación de Horcrisa en el negocio del hormigón elaborado.

El objetivo es diversificar la actividad para que, hacia los próximos años, aproximadamente la mitad de nuestros ingresos provenga del cemento y la otra mitad de soluciones vinculadas a la construcción. Esa es una de las principales líneas estratégicas que hoy impulsa Holcim a nivel global.

—La estrategia de sostenibilidad también involucra a proveedores y clientes. ¿Cómo trabajan para extender esas prácticas más allá de las operaciones propias?

—Entendemos que la sostenibilidad no termina en nuestras plantas. Por eso trabajamos con toda la cadena de valor. Todos los contratistas que ingresan a nuestras operaciones reciben capacitaciones vinculadas a seguridad, gestión de residuos, orden y limpieza, porque esperamos que quienes trabajan con nosotros compartan los mismos estándares ambientales y operativos.

Además, desarrollamos programas específicos para nuestros clientes. Uno de ellos es Más Aliados, una red integrada por hormigoneras que reciben nuestros productos, pero también asistencia técnica, capacitaciones y herramientas para mejorar su desempeño ambiental. El objetivo no es solamente abastecerlas, sino acompañarlas para que también puedan reducir su huella y profesionalizar su gestión.

Ese trabajo también alcanza a otros proveedores. En algunos casos compartimos buenas prácticas o colaboramos para que incorporen criterios de sostenibilidad en sus procesos. Es un aprendizaje mutuo: muchas veces nosotros también tomamos ideas de otras empresas y las adaptamos a nuestra operación. La sostenibilidad avanza más rápido cuando existe intercambio de experiencias.

—En materia logística, ¿qué criterios aplican para reducir el impacto ambiental del transporte?

—Gran parte de nuestra logística está tercerizada, por lo que uno de los principales requisitos que exigimos a los transportistas es que operen con unidades que cumplan estándares ambientales cada vez más exigentes. Buscamos que nuestros proveedores acompañen los objetivos de descarbonización de la compañía y que toda la cadena logística evolucione en la misma dirección.

Al mismo tiempo priorizamos, siempre que es posible, los modos de transporte con menor impacto ambiental. Incrementamos el uso del ferrocarril para el movimiento de materiales y también trabajamos con bitrenes y camiones escalables, que permiten transportar un mayor volumen por viaje y mejorar la eficiencia logística.

Además, incorporamos nuevas tecnologías. Hoy somos la única empresa cementera del país que opera un camión eléctrico dentro de una cantera. Es una experiencia que viene dando muy buenos resultados y forma parte de nuestra estrategia para seguir reduciendo las emisiones asociadas a la operación.

—Holcim ya no se presenta solamente como una empresa cementera, sino como una compañía de soluciones para la construcción. ¿Qué significa ese cambio?

—Es una transformación que venimos impulsando desde hace varios años. Nuestro objetivo es ofrecer soluciones integrales para la construcción y no limitarnos únicamente a la producción de cemento. Hoy podemos cubrir más del 90% de los materiales que requiere una obra a través de nuestras distintas unidades de negocio.

En esa estrategia se integran Geocycle, dedicada a la valorización y gestión de residuos; Tensolite, especializada en premoldeados de hormigón; Quimexur, enfocada en pinturas, membranas y aditivos; y Horcrisa, incorporada recientemente para fortalecer el negocio del hormigón elaborado.

La meta es que, en los próximos años, aproximadamente la mitad de los ingresos de la compañía provengan del cemento y la otra mitad de soluciones integrales para la construcción. Esa diversificación forma parte de la estrategia global de Holcim y está alineada con una visión en la que la sostenibilidad no solo implica reducir el impacto ambiental, sino también desarrollar nuevos modelos de negocio que acompañen la evolución del sector.

—Para cerrar, ¿qué desafío queda por delante en materia de sostenibilidad?

—El principal desafío es seguir generando impacto más allá de nuestras propias operaciones. Queremos que nuestros proveedores, clientes, comunidades y organismos públicos también puedan incorporar herramientas que les permitan avanzar en ese camino. La sostenibilidad requiere colaboración y trabajo conjunto.

Muchas veces existe un gran desconocimiento sobre cómo funciona la industria cementera y sobre las acciones que ya se están desarrollando para reducir su impacto ambiental. Por eso también creemos que es importante abrir las puertas de la compañía, explicar los procesos y compartir experiencias. Esa es una forma de contribuir a que la conversación sobre construcción sostenible siga creciendo y que cada vez más actores puedan sumarse a esa transformación.

Por Juan Martín Grazide