
“La sustentabilidad tiene que verse en la operación, no ser un discurso”
Claudia Kalinec, directora de Grupo Pelco y presidenta de CATRIES analiza los desafíos de la gestión de residuos industriales en Argentina, las oportunidades de la valorización energética y la necesidad de fortalecer los controles y la trazabilidad. Advierte que menos del 10% de los residuos ingresa al circuito formal y plantea que la economía circular requiere cambios en los procesos productivos, inversiones y un compromiso que alcance a toda la cadena de valor.
Claudia Kalinec, socia y directora de Grupo Pelco y presidenta de la Cámara Argentina de Tratadores y Transportistas de Residuos Industriales y Especiales (CATRIES), sostiene que la gestión de residuos necesita superar la lógica de la disposición final para avanzar hacia alternativas de recuperación y valorización. La empresa, fundada en 1993, gestiona más de 90.000 toneladas de residuos industriales al año y opera en Puerto General San Martín, Santa Fe, y Tigre, provincia de Buenos Aires.
Con foco en el tratamiento de residuos peligrosos, la compañía trabaja en la producción de combustibles derivados de residuos para la industria cementera, además de desarrollar alternativas de reciclado, recuperación y tratamiento. En esta entrevista con Gerencia Ambiental, Kalinec analiza las limitaciones del sistema argentino, el peso de la informalidad, las oportunidades de crecimiento del sector y el desafío de convertir la sustentabilidad en una práctica cotidiana.
-¿En qué etapa está la gestión de residuos industriales en Argentina? ¿La economía circular ya se traduce en resultados concretos o todavía hay una distancia importante entre el discurso y la práctica?
-Hay mucho discurso light sobre este tema. Se dice que todos los residuos se recuperan, que no se generan residuos o que todo se reincorpora al sistema productivo, pero eso no es real. No existe un proceso productivo que no genere residuos y, con las tecnologías y los materiales que manejamos hoy, reincorporar un 30% de material recuperado ya sería un valor ideal.
La problemática tiene dos extremos: el residuo una vez generado y el propio proceso productivo. Para abordarla, no alcanza con preguntarnos qué hacemos con lo que descartamos. También necesitamos incentivos para que las industrias utilicen menos recursos y generen menos residuos desde el origen.
Hoy, menos del 10% de los residuos ingresa al circuito formal, ya sea para recibir tratamiento, disposición final o recuperación. El resto se descarta informalmente, en basurales, al costado de las rutas o en cursos de agua. Esto muestra la dimensión del problema y el trabajo que todavía tenemos por delante.
-¿Qué impide que una mayor proporción de esos residuos pueda recuperarse?
-Muchas veces, los materiales pierden sus posibilidades de recuperación por la forma en que se generan, se separan o se almacenan. Cuando se mezclan residuos de distintas características, pueden contaminarse y dejar de ser aptos para reincorporarse a un proceso productivo.
Además, recuperar un material no siempre es económicamente viable. Puede requerir tanta mano de obra, tratamiento y recursos que termina siendo más caro que utilizar materia prima nueva.
Los bidones de agroquímicos son un ejemplo. El plástico es poroso y puede contaminarse con el producto que contiene. Algunos compuestos cambian de estado físico, se vuelven viscosos o sólidos y no pueden separarse fácilmente del envase. Aun con una inversión importante, puede no lograrse una descontaminación completa.
Por eso hacen falta planificación, controles y mejores decisiones desde el diseño de los procesos. Hay que pensar qué materias primas se utilizan, qué residuos se van a generar y qué posibilidades de recuperación tendrá cada material antes de descartarlo.
-También señalás problemas de control y de información. ¿Qué cambios necesita el sistema?
-Faltan controles, incentivos y sistemas integrados de información. Hoy, los movimientos de residuos dentro de una provincia no necesariamente quedan registrados a nivel nacional, mientras que los traslados entre jurisdicciones pueden no estar reflejados en los sistemas provinciales. Cada autoridad ve una parte de la película, pero no tenemos una visión completa.
En los residuos industriales peligrosos, la autoridad competente es la provincia y, cuando hay movimientos entre jurisdicciones, interviene también la autoridad nacional. Sin información integrada es difícil conocer los volúmenes reales, seguir los movimientos y evaluar qué está pasando.
También necesitamos revisar el marco normativo para contemplar nuevas alternativas de aprovechamiento. Si un residuo puede utilizarse como insumo de otro proceso industrial, deberíamos poder analizarlo desde esa perspectiva, con los controles y las garantías ambientales correspondientes. La regulación tiene que proteger el ambiente, pero también reconocer las posibilidades de recuperación y generación de empleo.
-¿Qué está impulsando a las empresas a exigir mejores prácticas de gestión de residuos?
-Una parte importante de ese impulso viene de los propios clientes, sobre todo de compañías multinacionales que deben cumplir estándares ambientales más exigentes en sus mercados de origen. También influyen los requisitos asociados al comercio internacional y a los acuerdos entre bloques, como el Mercosur y la Unión Europea.
Hace años, por ejemplo, empresas del sector farmacéutico empezaron a pedir que se redujera la proporción de residuos enviados a disposición final. La pregunta dejó de ser solamente cómo tratarlos de manera segura y pasó a ser qué otras alternativas existen antes de enterrarlos o incinerarlos.
En Pelco escuchamos constantemente qué necesitan nuestros clientes y buscamos respuestas tecnológicas. De esa búsqueda surge, entre otras alternativas, la formulación de combustibles derivados de residuos para aprovechar su poder calorífico en otras industrias.

Claudia Kalinec, socia y directora de Grupo Pelco y presidenta de la Cámara Argentina de Tratadores y Transportistas de Residuos Industriales y Especiales (CATRIES).
-¿Cómo funciona ese proceso y qué materiales pueden convertirse en combustibles alternativos?
-No se trata de tomar un residuo y convertirlo directamente en combustible. Los residuos son heterogéneos y no tienen siempre las mismas características, incluso cuando provienen de una misma industria.
Para formular combustibles derivados de residuos, primero evaluamos los materiales y analizamos parámetros como la humedad y el poder calorífico. Después realizamos una separación y una segregación, y combinamos distintas corrientes mediante un proceso de blending para obtener una mezcla homogénea que cumpla con las especificaciones del cliente, principalmente la industria cementera.
Algunos residuos tienen un poder calorífico elevado y otros ayudan a conseguir las características necesarias para la mezcla. El resultado se acondiciona y se transporta a la cementera, donde puede utilizarse como combustible alternativo.
En función de los volúmenes y los tipos de residuos que recibimos, estimamos que entre un 25% y un 30% de los residuos peligrosos podría ser apto para incorporarse a estas mezclas. La tecnología está habilitada en nuestras dos plantas, pero el porcentaje efectivo varía según las características de los materiales que ingresan.
-¿Por qué la valorización energética todavía no representa una proporción mayor de la actividad?
-Porque necesitamos trabajar sobre dos puntas. Por un lado, el generador tiene que entregar residuos con características adecuadas: por ejemplo, con menos humedad o menor contaminación con otros materiales. Por otro, la industria que los utiliza tiene que estar en condiciones de incorporar mayores volúmenes de combustible alternativo.
Hoy, los hornos cementeros no trabajan necesariamente a plena capacidad y el porcentaje de combustibles alternativos que utilizan todavía es limitado. No podemos afirmar que la mayor parte de los residuos que gestionamos vaya a ese destino.
El objetivo es crecer, pero estos procesos requieren tiempo y un intercambio permanente entre quienes generan los residuos y quienes los utilizan. Hay que mejorar el producto, adaptar los procesos y generar demanda. Si logramos avanzar en ambos extremos, podremos valorizar una mayor proporción de materiales que hoy siguen otros tratamientos.
-¿Qué ocurre con otras corrientes, como los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE)?
-Los RAEE tienen mucha visibilidad, pero su recuperación presenta dificultades. Contienen materiales diversos que requieren mucha mano de obra para separarlos. El componente más valioso suele ser la plaqueta electrónica, que contiene metales preciosos, pero su recuperación industrial no se realiza en Argentina a una escala suficiente.
No es porque se trate de una tecnología inaccesible, sino porque no tenemos volúmenes asegurados ni una ley nacional específica que permita prever una corriente estable de materiales. A veces podemos tardar dos años en reunir suficientes plaquetas para exportarlas; en otras ocasiones, un cambio tecnológico en una gran empresa permite reunir ese volumen en seis meses.
Sin escala es difícil justificar una línea industrial de recuperación de metales preciosos. En esos casos, realizamos tareas de separación, clasificación y acondicionamiento, y derivamos los materiales a otras industrias que puedan reincorporarlos a sus procesos.
Hay otros mercados más consolidados, como la recuperación de solventes usados, aceites e hidrocarburos. En esos casos existen procesos más definidos, con empresas especializadas que pueden tratar los materiales y devolverlos al circuito productivo.
-¿Qué potencial de crecimiento tiene la industria formal de tratamiento de residuos?
-Es muy grande. Si lográramos incorporar al circuito formal una parte de los residuos que hoy se manejan informalmente, la actividad podría multiplicarse. Y eso no significaría solamente más trabajo para las empresas tratadoras: también habría más demanda de transporte, consultoría, ingeniería, laboratorios, monitoreo y otros servicios asociados.
Además, permitiría que muchas personas que hoy trabajan informalmente como recuperadores urbanos accedan a condiciones laborales más dignas, con capacitación, elementos de protección y un encuadre formal.
Por supuesto, la transición no puede hacerse de un día para el otro. La capacidad instalada disponible permite absorber parte del crecimiento, pero cada inversión requiere analizar qué residuos se generan, cuáles son peligrosos, cuáles son líquidos o sólidos y qué tecnologías hacen falta para tratarlos. La planificación es fundamental para que la expansión sea sostenible.
-¿Cómo se garantiza la trazabilidad de los residuos que gestiona Pelco?
-La trazabilidad es la clave de todo el proceso. Un operador serio tiene que poder demostrar qué hizo efectivamente con cada residuo.
En Pelco estamos integrados en toda la cadena y contamos con logística propia, salvo situaciones puntuales en las que necesitamos contratar un servicio externo. El transporte es una etapa fundamental porque es cuando el residuo cambia de manos: pasa del generador al operador que lo va a tratar.
Después, cada corriente sigue el proceso que corresponda. Puede destinarse a la formulación de combustibles alternativos, a una recuperación específica o a tratamientos físico-químicos y de estabilización. Cuando no hay alternativas viables, se recurre a los tratamientos finales habilitados.
Tenemos auditorías de clientes y recibimos inspecciones de las autoridades ambientales. En general, las empresas generadoras revisan las instalaciones y los procesos, y algunas incluso presencian las operaciones de destrucción de sus materiales. También mantenemos las habilitaciones provinciales y nacionales que corresponden a nuestras actividades.
-¿Cómo incorporan la sustentabilidad puertas adentro de la compañía?
-Instalamos paneles solares en los techos de las oficinas de nuestras dos plantas para abastecer parte de nuestro consumo eléctrico. Además, medimos nuestra huella de carbono y ofrecemos mediciones para que nuestros clientes puedan conocer el impacto asociado a la gestión de sus residuos.
El parque solar instalado sobre una de las celdas del relleno de seguridad de Puerto General San Martín es otro avance. El proyecto tuvo demoras administrativas, pero ya está instalado.
También elaboramos reportes de sustentabilidad desde 2023 y trabajamos para reducir la generación de residuos, incorporar criterios ambientales en las compras y elevar progresivamente las exigencias a proveedores y contratistas. Buscamos trasladar a nuestra cadena de valor los estándares que, a su vez, nos exigen las grandes compañías con las que trabajamos.
Pero el cambio más importante es cultural. La sustentabilidad dejó de ser algo aspiracional que se menciona en un reporte para convertirse en una cuestión operativa. Tiene que estar presente en las tareas cotidianas y en las decisiones de quienes trabajan en la empresa.
Si la dirección establece una política, pero las personas que están en la operación no la entienden o no están comprometidas, termina siendo una declaración de manual. El objetivo es que las prácticas estén incorporadas y no dependan de que alguien tenga que recordarlas permanentemente.
-¿Cuáles son los próximos pasos de Pelco en materia de tecnología y eficiencia energética?
-Estamos trabajando en un plan de mejora continua para ampliar la capacidad instalada, incorporar tecnologías y mejorar las instalaciones. Uno de los proyectos que tenemos previsto para el próximo año es modernizar el proceso de incineración con hornos que permitan aprovechar el calor liberado para generar energía eléctrica.
Para eso necesitamos incorporar equipamiento de última tecnología. Estamos evaluando alternativas y visitaremos una instalación en Turquía antes de definir la compra. Después tendremos que avanzar con los trámites de habilitación correspondientes.
Es una inversión importante, pero forma parte de la misma lógica: buscar alternativas para aprovechar mejor los recursos, mejorar los procesos y reducir el impacto de nuestra actividad. La gestión de residuos tiene un potencial enorme, pero para desarrollarlo necesitamos tecnología, controles, planificación y un compromiso sostenido de toda la cadena.
Por Juan Martín Grazide

