ACABIO: el modelo cooperativo que transforma maíz en energía y valor industrial

ACABIO: el modelo cooperativo que transforma maíz en energía y valor industrial

En el centro del entramado agroindustrial cordobés, una biorrefinería se consolida como referencia en la producción de combustibles renovables y subproductos estratégicos. Con fuerte integración territorial, innovación tecnológica y proyección exportadora, el esquema impulsa el desarrollo regional y amplía el alcance de la bioeconomía argentina.

En la provincia de Córdoba, la cooperativa ACA Bio se posiciona como uno de los principales exponentes de la bioeconomía local. Su esquema productivo articula a miles de productores, tecnología industrial y mercados externos para convertir recursos agrícolas en energía limpia y derivados de alto valor.

El emprendimiento fue impulsado por la Asociación de Cooperativas Argentinas, junto a más de 60 entidades asociadas, y comenzó a operar en 2014 en Villa María. Con una inversión inicial superior a los 150 millones de dólares, la planta se consolidó como la mayor productora de bioetanol de maíz del país, reforzando su capacidad tras recientes ampliaciones.

El modelo se basa en una integración territorial amplia: el maíz que alimenta la producción proviene de más de 600 localidades, lo que permite canalizar la producción primaria hacia la industria energética. El bioetanol generado se destina principalmente al corte obligatorio en naftas, contribuyendo a reducir emisiones y diversificar la matriz energética.

Biorrefinería y aprovechamiento integral

Más allá del combustible, la planta funciona bajo el concepto de biorrefinería, maximizando el uso de cada componente de la biomasa. Con una capacidad anual de 290.000 metros cúbicos de bioetanol anhidro, también produce una amplia gama de subproductos industriales.

Entre ellos se destacan más de 390.000 toneladas de burlanda húmeda, utilizada en alimentación animal, y 55.000 toneladas de DDGS, un suplemento proteico clave para la ganadería. A esto se suman 50.000 toneladas de dióxido de carbono de alta pureza, desarrolladas en conjunto con Gas Carbónico Chiantore, destinadas a múltiples aplicaciones industriales.

La producción incluye además 8.300 metros cúbicos de aceite técnico de maíz, un insumo con creciente demanda en la fabricación de combustibles sostenibles de aviación y diésel renovable. Todo el proceso —desde la molienda hasta la deshidratación— se complementa con un sistema de cogeneración que cubre cerca del 90% del consumo energético de la planta.

El enfoque ambiental también es central: la operación no genera efluentes líquidos de proceso, mientras que los residuos se reutilizan en esquemas agrícolas y en la generación de biofertilizantes, en articulación con otros desarrollos productivos.

Certificación internacional y apertura de mercados

Frente a un mercado interno con limitaciones en la expansión del corte de bioetanol, la compañía avanzó en su inserción internacional mediante la certificación bajo el estándar ISCC. Este sistema exige trazabilidad total y el cumplimiento de estrictos criterios ambientales y sociales.

Gracias a mejoras en toda la cadena, el bioetanol producido logra una reducción superior al 73% en emisiones respecto a los combustibles fósiles, alineándose con las exigencias de la normativa europea RED III. Este avance habilita el acceso a mercados como Europa, donde la demanda de combustibles sostenibles continúa en expansión.

El proceso de certificación implicó transformaciones clave, como asegurar el origen del maíz en un radio cercano a la planta, optimizar la eficiencia energética y fortalecer la trazabilidad en toda la cadena logística, incluyendo los puertos de exportación.

Impacto económico y desarrollo regional

El aporte de ACA Bio trasciende lo productivo y se refleja en el desarrollo territorial. La planta genera 137 empleos directos y alrededor de 350 indirectos, además de sostener una extensa red de trabajo vinculada a la cadena agroindustrial.

Córdoba, en este contexto, se consolida como líder en el sector: en 2025 concentró el 45,4% de la producción nacional de bioetanol, con más de 579.000 metros cúbicos generados.

En paralelo, la empresa amplió sus exportaciones hacia destinos como Brasil y Europa, donde el bioetanol certificado se integra en cadenas de valor vinculadas a la descarbonización, incluyendo combustibles de aviación sostenible.

Este desempeño le valió el reconocimiento con el Premio Córdoba a la Exportación 2025 en la categoría Agronegocios, reflejando el impacto de un modelo que combina producción, sostenibilidad y proyección internacional.