
Conservación de los ecosistemas de montaña: la Reserva Villavicencio cumple 26 años
El área protegida mendocina conserva más de 60.000 hectáreas de monte, cardonal, puna y humedales altoandinos. Su gestión combina protección de la biodiversidad, investigación científica, educación ambiental y trabajo con comunidades e instituciones para preservar los servicios ecosistémicos del territorio.
La Reserva Natural Villavicencio cumple 26 años desde su declaración como Área Natural Protegida de Mendoza, una trayectoria en la que amplió su rol más allá de la conservación de especies y paisajes. Con más de 60.000 hectáreas, el área protege ambientes de monte, cardonal y puna, junto con humedales altoandinos que cumplen funciones relevantes para el equilibrio ambiental de la región.
Entre los principales valores del territorio se encuentra el agua. Los ambientes de montaña y los humedales presentes dentro de la reserva participan en la regulación hídrica y en la recarga de acuíferos, mientras que en este entorno también se encuentra el origen del agua mineral Villavicencio.
La protección de estos ecosistemas adquirió además reconocimiento internacional. En 2017, los humedales de la reserva fueron incorporados a la Lista de Humedales de Importancia Internacional de la Convención Ramsar, una distinción vinculada con la relevancia ecológica y los servicios que estos ambientes proporcionan.
A esto se suma el reconocimiento de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que destacó a Villavicencio como un caso de éxito en conservación y gestión sostenible de tierras privadas.
Ciencia para conocer y gestionar el territorio
La investigación ocupa un lugar central en la estrategia de conservación. El trabajo con instituciones científicas y académicas comenzó incluso antes de la declaración formal de la reserva y permitió reunir información sobre las especies, los ambientes y los procesos ecológicos que se desarrollan en el área.
Uno de los proyectos incorporados más recientemente es la participación, desde 2025, en la Red GLORIA-Andes, iniciativa que estudia los efectos del cambio climático sobre la biodiversidad de los ecosistemas de montaña.
La reserva también sostiene investigaciones de largo plazo sobre anfibios, reptiles y distintas especies de vertebrados consideradas de especial interés. El seguimiento de estas poblaciones permite obtener información sobre el estado de conservación de los ambientes y detectar modificaciones en sus dinámicas.
Estos datos tienen una aplicación directa sobre el manejo del territorio. El objetivo no es solamente ampliar el conocimiento científico, sino utilizar esa información para definir acciones de conservación sustentadas en evidencia y evaluar cómo responden los ecosistemas a diferentes presiones.
Una gestión que involucra a distintos actores
La conservación de Villavicencio también se desarrolla a partir del vínculo con las personas que utilizan, estudian y recorren el territorio. La reserva recibe estudiantes de manera periódica y funciona como espacio para actividades educativas vinculadas con el ambiente y la biodiversidad.
A la actividad académica se suman investigadores, universidades, organismos públicos, organizaciones y comunidades que participan en distintas iniciativas. Este entramado permite combinar el trabajo de conservación con propuestas vinculadas al turismo y el deporte.
El contacto con los visitantes constituye, además, una herramienta para acercar los valores ambientales del área protegida a un público más amplio. El recorrido por los paisajes de la reserva permite conocer los ambientes que allí se preservan y comprender la relación entre biodiversidad, agua y funcionamiento de los ecosistemas de montaña.
En paralelo, guardaparques y puesteros forman parte de la gestión cotidiana del territorio. Su conocimiento del ambiente y su presencia permanente contribuyen al seguimiento de las condiciones del área y al desarrollo de las tareas de conservación.

