Cuando el packaging también comunica sostenibilidad

Cuando el packaging también comunica sostenibilidad

Cada vez que una persona realiza una compra online, una compleja cadena logística se pone en marcha para que ese producto llegue a destino. Sin embargo, detrás de esa experiencia cotidiana existe un aspecto que durante años pasó desapercibido y que hoy ocupa un lugar cada vez más relevante en las estrategias de sostenibilidad de las empresas: el packaging.

El crecimiento sostenido del comercio electrónico está modificando profundamente la forma en que consumimos, distribuimos y transportamos productos. Lo que antes representaba una porción limitada del comercio minorista se ha convertido en uno de los principales motores de transformación para múltiples sectores productivos, incluyendo la industria del embalaje.

Argentina no es ajena a esta tendencia. Millones de operaciones se realizan cada año a través de plataformas digitales y el volumen continúa creciendo de la mano de consumidores que valoran la rapidez, la comodidad y la disponibilidad de productos. Pero ese crecimiento también plantea interrogantes cada vez más relevantes sobre el impacto ambiental asociado a cada envío.

La conversación ya no se limita al producto adquirido. También incluye el recorrido que realiza, la eficiencia logística involucrada y los materiales utilizados para protegerlo durante el transporte.

En este contexto, el packaging dejó de cumplir exclusivamente una función operativa. Hoy forma parte de la experiencia del consumidor, de la reputación de las marcas y de los compromisos ambientales que las empresas asumen frente a clientes, inversores y mercados internacionales.

A nivel global observamos una evolución clara hacia envases más livianos, reciclables y diseñados para optimizar recursos. Conceptos como el “right-sizing”, que busca adaptar el tamaño del embalaje al contenido real transportado, o el desarrollo de soluciones basadas en materiales renovables, ya forman parte de las estrategias de innovación de numerosas compañías.

Al mismo tiempo, la economía circular comienza a redefinir la manera en que se diseñan los envases, incluyendo a las materias primas utilizadas en su elaboración. La posibilidad de reutilizar, reciclar o recuperar materiales deja de ser un atributo deseable para convertirse en una condición cada vez más valorada por consumidores y reguladores. En ese escenario, el origen de los materiales adquiere una importancia creciente.

Durante mucho tiempo, la discusión sobre sostenibilidad estuvo centrada en qué materiales utilizar. Hoy la pregunta es más amplia: también importa de dónde provienen esos materiales y bajo qué criterios fueron obtenidos.

La trazabilidad se convierte así en una herramienta fundamental para generar confianza. Poder demostrar el recorrido de una materia prima a lo largo de la cadena de suministro permite brindar información verificable y transparente en un momento donde las exigencias ambientales son cada vez mayores.

Esto resulta especialmente relevante para materiales de base forestal como el papel y el cartón, que hoy ocupan un rol central en el packaging asociado al comercio electrónico. Su carácter renovable, reciclable y versátil los posiciona como una alternativa cada vez más elegida, pero también genera la necesidad de asegurar que su origen responda a criterios de sostenibilidad.

La certificación forestal PEFC – gestión forestal sostenible y cadena de custodia – cumple allí una función estratégica. No solo permiten verificar que los recursos forestales provienen de fuentes gestionadas de manera sostenible, sino que además aportan mecanismos de trazabilidad que acompañan a los materiales a lo largo de toda la cadena de valor, a la vez que verifican y garantizan condiciones de trabajo conforme con los principios fundamentales del trabajo en cada eslabón de esta larga cadena.

Para las empresas argentinas, este aspecto adquiere una relevancia creciente. Los mercados internacionales avanzan hacia mayores exigencias de transparencia operática, ambiental y social, mientras que consumidores y clientes corporativos demandan información cada vez más precisa sobre el origen de los productos que compran.

La sostenibilidad ya no es una tendencia emergente. Es un criterio de competitividad. Por eso, cuando hablamos del futuro del comercio electrónico, no deberíamos concentrarnos únicamente en la velocidad de entrega o en la eficiencia logística. También debemos preguntarnos cómo construir cadenas de suministro más responsables, capaces de responder a las expectativas ambientales de una economía cada vez más consciente.

Porque, en definitiva, el packaging no solo protege lo que compramos. El packaging certificado PEFC también comunica los valores, compromisos y decisiones, verificadas en cada paso, que acompañan a cada producto durante todo su recorrido.

Por Florencia Chavat, responsable de PEFC Argentina

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