
El turismo sostenible ya representa cerca del 30% del gasto turístico mundial
La transformación del sector está modificando las decisiones de viajeros, empresas y destinos, que incorporan criterios ambientales, sociales y económicos a sus estrategias. La eficiencia en el uso de recursos, el vínculo con las comunidades y la certificación de prácticas ganan espacio frente a una demanda cada vez más exigente.
El turismo sostenible dejó de ocupar un lugar secundario dentro de la industria para convertirse en un componente con creciente peso económico. De acuerdo con estimaciones de Technavio, Research and Markets y Mordor Intelligence, este segmento moviliza más de US$3 billones a nivel global y concentra alrededor del 30% del gasto turístico mundial.
El cambio no se limita al volumen de dinero involucrado. También modifica la forma en que las compañías diseñan sus servicios y cómo los destinos gestionan la llegada de visitantes. Mientras el turismo tradicional presenta tasas de expansión más moderadas, las actividades vinculadas con la sostenibilidad avanzan a un ritmo promedio cercano al 10% anual, según las proyecciones citadas por el sector.
Una demanda que incorpora nuevos criterios
La evolución de las preferencias de los viajeros es uno de los factores que explica este crecimiento. Antes de contratar un alojamiento, un vuelo o una experiencia, cada vez más consumidores buscan conocer el impacto que tendrá su elección sobre el ambiente y las comunidades del destino.
La sostenibilidad, además, amplió su alcance. Ya no se limita a reducir emisiones o disminuir el consumo de recursos naturales, sino que también incorpora el impacto económico y social de la actividad, la preservación del patrimonio cultural, las condiciones laborales y la participación de las poblaciones locales.
“Los principios de sostenibilidad se refieren a los aspectos medioambiental, económico y sociocultural del desarrollo turístico, habiéndose de establecer un equilibrio adecuado entre esas tres dimensiones para garantizar su sostenibilidad a largo plazo”, sostiene ONU Turismo en su informe trimestral correspondiente al primer semestre de 2026.
La búsqueda de experiencias auténticas también gana relevancia. Los visitantes muestran mayor interés por propuestas vinculadas con la cultura local y por modelos en los que una parte significativa de los ingresos generados por el turismo permanezca en las comunidades receptoras.
Energía, agua y tecnología entran en la ecuación
La gestión de los recursos se convirtió en otro de los ejes de esta transformación. Hoteles, operadores y destinos incorporan medidas relacionadas con eficiencia energética, reducción del consumo de agua, eliminación de plásticos descartables, utilización de productos locales y disminución del desperdicio de alimentos.
La tecnología facilita, además, que los viajeros puedan acceder a información que antes resultaba difícil de encontrar. Las plataformas digitales permiten consultar certificaciones, comparar establecimientos y, en algunos casos, conocer indicadores relacionados con la huella de carbono de determinados servicios.
Este avance también plantea un desafío para las empresas: demostrar que sus compromisos ambientales tienen un respaldo concreto. La preocupación por el greenwashing aumentó la importancia de los sistemas de certificación independientes, que permiten verificar el cumplimiento de determinados estándares.
Entre las referencias internacionales aparecen los criterios del Global Sustainable Tourism Council (GSTC), además de sistemas como LEED y Green Key, utilizados para evaluar distintas instalaciones y operaciones.
Los destinos compiten por ser más sostenibles
La transformación alcanza también a las ciudades y países que buscan posicionarse dentro del mercado turístico internacional. El Global Destination Sustainability Index (GDS-Index) es uno de los indicadores utilizados para comparar el desempeño de los destinos en aspectos como gestión ambiental, infraestructura, políticas sociales y gobernanza.
Los países nórdicos aparecen de manera recurrente entre los mejor posicionados. Helsinki, por ejemplo, combina políticas de reducción de emisiones con transporte público y una estrategia orientada a compatibilizar la actividad turística con la calidad de vida de sus residentes.
Gotemburgo avanzó en la electrificación del transporte público y en la certificación ambiental de establecimientos hoteleros, mientras Copenhague desarrolló políticas vinculadas con movilidad sustentable, economía circular y energías limpias.
En Noruega, Bergen trabaja sobre la reducción de emisiones asociadas a su actividad portuaria y la electrificación de embarcaciones. Aarhus, en Dinamarca, incorporó mecanismos de participación de los residentes en decisiones vinculadas con el turismo.
América Latina apuesta a la conservación
Fuera de Europa también aparecen modelos que buscan combinar actividad turística y protección ambiental. Singapur desarrolló una estrategia urbana que integra espacios verdes, planificación territorial y eficiencia ambiental, mientras que Sidney incorporó energías renovables en grandes instalaciones y espacios destinados a eventos y visitantes.
En América Latina, Costa Rica se mantiene como uno de los principales referentes. Su estrategia combina conservación de la biodiversidad con propuestas turísticas orientadas hacia modelos regenerativos. El país alberga cerca del 6% de la biodiversidad mundial y cuenta con una matriz eléctrica en la que las fuentes renovables tienen una participación predominante.

