
Europa acelera el cambio en movilidad: electrificación lidera y el hidrógeno gana terreno
Un relevamiento entre ejecutivos del sector revela una fuerte apuesta por tecnologías limpias para reducir emisiones, aunque persisten dudas sobre la viabilidad de los objetivos climáticos. La transición avanza con distintos ritmos según el tipo de transporte y enfrenta desafíos estructurales que aún condicionan su despliegue.
El sistema de transporte europeo atraviesa una etapa de redefinición estructural en la que la reducción de emisiones se consolida como prioridad. En ese proceso, la electrificación aparece como la herramienta predominante para avanzar hacia una movilidad más limpia, especialmente en segmentos donde la tecnología ya alcanzó niveles de madurez suficientes.
Así lo expone el I Barómetro de la Movilidad Sostenible en Europa 2026, elaborado por eMobility Expo World Congress, que recoge la visión de referentes de toda la cadena de valor del sector. El informe muestra un amplio consenso en torno a la necesidad de acelerar la transición: el 75% de los consultados considera fundamental reducir el impacto ambiental del transporte.
En esa línea, el 70% identifica a la electrificación como una de las principales palancas para alcanzar ese objetivo, superando a otras alternativas como la inteligencia artificial (42%) y el hidrógeno (41,1%). Esta preferencia se apoya en el avance del vehículo eléctrico, el desarrollo de baterías y la expansión de soluciones de gestión energética.
Además, la electrificación no solo se vincula con la descarbonización, sino también con la competitividad industrial. El despliegue de nuevas cadenas de valor —desde la fabricación de baterías hasta la infraestructura de carga— abre oportunidades económicas y de innovación para el sector.
Obstáculos estructurales que frenan el despliegue
A pesar de su protagonismo, la movilidad eléctrica enfrenta limitaciones relevantes que condicionan su expansión a gran escala. El informe identifica como principal barrera la insuficiencia de infraestructura de carga, señalada por el 53,6% de los encuestados.
A este factor se suman los costos asociados a los vehículos eléctricos (44,6%) y el precio de las baterías (32,1%), además de las restricciones vinculadas a la capacidad de las redes eléctricas (30,4%). Estos elementos configuran un escenario donde la transición energética avanza, pero con ritmos desiguales.
En este contexto, el 76% de los profesionales considera que aún resta desarrollar más de la mitad de la infraestructura necesaria para sostener una electrificación plena. Esta brecha evidencia que, más allá de los avances tecnológicos, la transición depende en gran medida de inversiones en redes, puntos de carga y planificación energética.
Por otro lado, tampoco existe una visión unificada respecto a la factibilidad de los objetivos regulatorios. La meta de la Unión Europea de reducir en un 90% las emisiones de CO₂ en vehículos nuevos para 2035 genera dudas entre los actores del sector, que advierten sobre los desafíos técnicos y económicos que implica su cumplimiento.
Hidrógeno: alternativa para los segmentos más exigentes
En paralelo al avance de la electrificación, el hidrógeno comienza a consolidarse como una solución complementaria, especialmente en aquellos usos donde las limitaciones técnicas dificultan una adopción exclusiva de sistemas eléctricos.
El 72,4% de los encuestados considera que esta tecnología puede convertirse en una opción viable frente a los combustibles tradicionales. Su principal ventaja radica en su mayor densidad energética, lo que lo posiciona como una alternativa adecuada para aplicaciones que requieren gran autonomía o uso intensivo.
Entre los segmentos con mayor potencial, el transporte pesado lidera las expectativas, mencionado por el 46,4% de los profesionales. Le siguen el transporte marítimo (38,4%) y las operaciones de larga distancia (36,6%), donde las soluciones eléctricas aún presentan restricciones operativas.
Asimismo, el hidrógeno gana relevancia en el ámbito logístico, donde la continuidad operativa y la capacidad de carga resultan factores críticos. En entornos urbanos, en tanto, podrían desarrollarse esquemas combinados que integren electrificación e hidrógeno, particularmente en flotas de uso intensivo.
Hacia un modelo multi-tecnológico
De cara al futuro, el sector se encamina hacia una matriz diversificada. Según el 46,4% de los encuestados, el modelo predominante en 2040 será multi-tecnológico, basado en la convivencia de distintas soluciones energéticas.
En este esquema, además de la electrificación y el hidrógeno, también tendrán un rol los combustibles sintéticos o e-fuels, especialmente en sectores donde la transición completa resulta más compleja, como la aviación o ciertas ramas del transporte pesado.
Esta visión refleja un cambio de paradigma: en lugar de una única tecnología dominante, el futuro de la movilidad estará definido por la complementariedad. Cada solución se adaptará a las necesidades específicas de cada segmento, optimizando costos, eficiencia y reducción de emisiones.

