
Infraestructura hídrica: el deterioro de las redes ya tiene un costo millonario
La infraestructura de agua y saneamiento atraviesa un proceso de depreciación que afecta tanto la prestación de servicios como la capacidad futura de expansión. Una parte significativa de las redes superó su vida útil, mientras persisten fuertes diferencias de cobertura entre provincias y se acumulan necesidades de inversión y mantenimiento.
Argentina enfrenta un déficit creciente en el mantenimiento de sus activos de infraestructura. Un diagnóstico de la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO) estima que el país pierde alrededor de US$ 25.000 millones por año como consecuencia del deterioro de caminos, puertos, instalaciones energéticas y redes sanitarias. El cálculo equivale a unos US$ 70 millones diarios.
En el caso específico del agua y el saneamiento, el problema adquiere una dimensión adicional porque la infraestructura existente condiciona la prestación de servicios esenciales. Jorge Núñez, especialista en la materia, estimó en más de US$ 156.000 millones el valor de reposición de las redes nacionales de agua y saneamiento. Sin embargo, el valor actual de esos activos se ubica en aproximadamente US$ 60.400 millones, lo que implica una depreciación cercana al 60%.
“El 65 % de la población servida en el país se abastece con sistemas que ya superaron su vida útil”, afirma Núñez.
La brecha no se explica solamente por la falta de nuevas obras. Una parte importante de las redes existentes requiere renovación y mantenimiento para conservar su capacidad operativa. La inversión anual necesaria para sostenerlas en condiciones adecuadas fue estimada en US$ 3.000 millones, un nivel que actualmente no se alcanza.
Déficit de cobertura y desigualdad territorial
El estado de las redes convive con una cobertura todavía incompleta. Según datos expuestos por especialistas de CAMARCO, el 21% de la población argentina no dispone de acceso a agua potable, mientras que el 40% no cuenta con conexión a una red cloacal. En términos absolutos, esto representa alrededor de 18,5 millones de personas sin servicio de saneamiento por red.
La situación también presenta diferencias importantes según la jurisdicción. Un informe de la Asociación Argentina del PVC (AAPVC), elaborado a partir de información del último Censo Nacional, muestra que mientras la Ciudad de Buenos Aires supera el 89% de cobertura cloacal, en Chaco, Formosa y Misiones más del 60% de la población no tiene acceso a ese servicio.
Buenos Aires, especialmente los municipios del conurbano, junto con Santiago del Estero, Chaco, Formosa y Misiones, aparecen entre las zonas con mayores necesidades combinadas de infraestructura de agua y cloacas.
A esta brecha se suma el tratamiento de los efluentes. Actualmente, el 26% de los líquidos cloacales no recibe tratamiento, por lo que el objetivo de ampliar la cobertura sanitaria requiere también aumentar la capacidad de depuración.
El desafío se vuelve mayor debido a la antigüedad de las instalaciones. De acuerdo con los especialistas consultados por CAMARCO, alrededor del 60% de la infraestructura existente tiene más de cinco décadas. Por eso, la expansión de las redes debe avanzar en paralelo con programas de renovación.
El PVC como alternativa para renovar las redes
Dentro de las opciones disponibles para modernizar la infraestructura, la AAPVC destaca el uso de tuberías de PVC en redes de agua potable y saneamiento. El material forma parte de los productos normados utilizados en sistemas primarios y secundarios y puede contribuir a reducir las necesidades de mantenimiento durante la vida útil de las instalaciones.
Una de sus características es la superficie interior lisa, que disminuye la acumulación de depósitos y favorece el desplazamiento del agua. Esta condición también reduce la resistencia hidráulica, lo que puede mejorar el desempeño de los equipos de bombeo.
En sistemas destinados al abastecimiento de agua potable, la menor tendencia a acumular depósitos constituye además una característica relevante para conservar las condiciones internas de las tuberías. Existen antecedentes de utilización de PVC en redes de agua potable desde la década de 1930, entre ellos instalaciones desarrolladas en Alemania.
Otro atributo señalado por el sector es su durabilidad. Las tuberías de PVC pueden alcanzar una vida útil superior a los 100 años, dependiendo de las condiciones de instalación y operación. El material tampoco se oxida ni se corroe, una característica que puede reducir intervenciones asociadas al deterioro de las cañerías.
Desde el punto de vista ambiental, la industria destaca además su posibilidad de reciclaje y un requerimiento energético de fabricación que, según la AAPVC, puede resultar competitivo frente a otras alternativas.
“El PVC es mucho más que un material de construcción; es un facilitador de derechos”, señala Miguel García, director de la AAPVC.
Una política de infraestructura de largo plazo
El deterioro acumulado plantea un problema que no puede resolverse únicamente mediante obras nuevas. La postergación del mantenimiento incrementa el costo de reposición y puede convertir intervenciones relativamente acotadas en proyectos de mayor complejidad y presupuesto.
Fernando Lago, director del Área de Pensamiento Estratégico de CAMARCO, sostiene que evitar la pérdida anual de capital de infraestructura constituye una cuestión estratégica. La propuesta de los especialistas apunta a incorporar el mantenimiento y la renovación como componentes permanentes de la planificación pública.
Entre las medidas planteadas aparecen programas de infraestructura con horizontes de hasta 50 años, un marco institucional que permita coordinar la gestión y regulación del sector de agua y saneamiento, y la búsqueda de financiamiento internacional para proyectos que puedan ser presentados ante organismos como el BID, el Banco Mundial y la CAF.
También se plantea mejorar la eficiencia de las inversiones mediante la incorporación de tecnologías y materiales con mayor durabilidad.

