La industria plant-based busca dar el salto exportador y ganar peso en la agenda regulatoria

La industria plant-based busca dar el salto exportador y ganar peso en la agenda regulatoria

Tras retomar la presidencia de la Asociación de Productores de Alimentos a Base de Plantas de Argentina, Pancho Piñero Pacheco plantea una nueva etapa para el sector, con foco en el acceso al financiamiento, la apertura de mercados, los cambios normativos y la generación de beneficios concretos para las más de 90 empresas que integran la entidad.

La Asociación de Productores de Alimentos a Base de Plantas de Argentina (ABP) atraviesa una nueva etapa bajo la presidencia de Pancho Piñero Pacheco, quien regresó al cargo en mayo de 2026 luego de haber liderado la entidad durante sus primeros años.

Con más de 90 empresas asociadas, la organización trabaja para consolidar una industria que abarca desde productores exclusivamente plant-based hasta compañías tradicionales que incorporaron alimentos de origen vegetal a sus portfolios.

En diálogo con Gerencia Ambiental, Piñero Pacheco analiza la evolución del sector, los avances alcanzados por la asociación y los desafíos que enfrenta la actividad en materia de regulación, competitividad, acceso a mercados y articulación entre empresas y organismos públicos.

Entre los principales objetivos de esta nueva gestión se encuentran fortalecer el mercado interno, generar herramientas concretas para los productores, impulsar el desarrollo exportador y posicionar a la Argentina como un referente regional en la producción de alimentos a base de plantas.

-Volvés a estar al frente de la Asociación de Productores de Alimentos a Base de Plantas de Argentina. ¿Cómo se dio tu regreso?

-En realidad, quien era la actual presidenta de la asociación dio un paso al costado por cuestiones personales. Yo ya venía formando parte del directorio desde que dejé la presidencia y seguía acompañando desde afuera. 

Cuando surgió la necesidad de reemplazarla, dentro del directorio nadie podía asumir el cargo y apareció de manera natural la posibilidad de que volviera. Yo había sido quien inicialmente convocó a muchas de las empresas que conformaron la asociación y, aunque había dejado la presidencia, nunca dejé de ocupar ese lugar dentro del sector. Originalmente, el cambio iba a producirse en octubre, cuando terminaba el mandato, pero finalmente se adelantó y asumí ahora por un mandato completo.

-Si hacemos un recorrido desde la fundación de la ABP hasta hoy, ¿cuáles fueron los principales hitos y cómo evolucionó el sector?

-La ABP se funda con tres propósitos muy claros. El primero es ser interlocutores y representar al sector frente a los organismos que regulan la producción: el Gobierno, la Comisión Nacional de Alimentos (CONAL), el Instituto Nacional de Alimentos (INAL) y otros organismos públicos. También buscamos relacionarnos con bancos, fondos y otros actores, es decir, hacer un trabajo de representación del nicho de la producción a base de plantas.

El segundo eje es comunicar los beneficios de este tipo de alimentación y el tercero es acompañar a los pequeños emprendedores en un camino que es muy difícil. Muchos de nosotros ya atravesamos esa experiencia y sabemos lo que implica desarrollar una empresa desde cero.

Durante mi primera gestión hubo varios hitos importantes. Uno de ellos fue conseguir que la producción a base de plantas fuera reconocida como una industria estratégica para el país. En ese momento había mucha efervescencia y visibilidad internacional alrededor de este tipo de productos, y entendimos que podía representar una oportunidad para el desarrollo económico y la innovación alimentaria. A partir de esa gestión se habilitaron Aportes No Reembolsables para empresas con proyectos de exportación y varias compañías de la asociación pudieron financiar parte de sus iniciativas.

También creamos la Mesa Plant-Based junto con organismos públicos y distintos actores del sector. Ese espacio fue importante para participar en discusiones vinculadas con las normativas que comenzaron a aparecer alrededor de estos productos.

Pancho Piñero Pacheco, presidente de la Asociación de Productores de Alimentos a Base de Plantas de Argentina (ABP)

-El sector atravesó un cambio importante en los últimos años. ¿También tuvo que cambiar el discurso de la asociación?

-Sí. Entre 2022 y 2023 el sector perdió parte de aquella efervescencia inicial. La alimentación a base de plantas había sido presentada en algunos ámbitos casi como una alimentación perfecta, pero los estudios y el conocimiento fueron mostrando una mirada más equilibrada sobre la nutrición.

Eso nos obligó a modificar el discurso. Pasamos de plantear una alimentación 100% basada en plantas a explicar que los productos plant-based son una alternativa para reducir el consumo excesivo de proteínas animales. Parece un cambio sutil, pero en su momento implicó revisar todo nuestro eje de comunicación.

Además, es importante separar la producción a base de plantas de la filosofía vegana. El veganismo tiene una mirada vinculada con los derechos de los animales y con la forma en que se produce y consume. Nuestra asociación tiene una mirada diferente: nos enfocamos en el aporte de los alimentos a base de plantas dentro de una dieta equilibrada y en el desarrollo de una industria.

-¿Qué posibilidades tiene la Argentina de posicionarse como referente regional y salir al mundo con estos productos?

-Creo que tenemos características muy interesantes. El emprendedor argentino es resiliente, está acostumbrado a atravesar crisis, mira permanentemente qué sucede afuera y suele ser rápido para incorporar aquello que funciona bien en otros mercados. Además, tenemos materias primas de primerísima calidad y en volumen.

El problema es que competimos en un mercado global cada vez más exigente. China está entrando con mucha fuerza y aparecen competidores con márgenes muy bajos. También tenemos desventajas vinculadas con el acceso al financiamiento. Un emprendedor en Estados Unidos puede conseguir capital para desarrollar un producto en pocos meses; nosotros podemos tardar muchísimo más.

Para determinados productos que no requieren frío, el mercado ya es prácticamente global. Se pueden producir en Argentina y vender en Estados Unidos sin que la distancia sea el principal problema. La diferencia está muchas veces en dónde está parado el emprendedor y qué acceso tiene al crédito y al capital.

-¿Qué cambios regulatorios necesita el sector?

-Uno de los principales temas es el de las denominaciones de identidad. Hoy en Argentina no podés llamar leche de almendras a una leche de almendras, ni queso de castañas a un queso de castañas. Tenés que utilizar denominaciones como “bebida” u otras fórmulas que son mucho menos claras para el consumidor.

En el mundo esto está mucho más resuelto. Nosotros no queremos confundir a nadie. Al contrario: queremos dejar claro que no es leche de vaca con lactosa, sino un producto elaborado a base de almendras. Pero si legalmente tenés que utilizar un nombre que no tiene relación con el producto con el que vas a competir en una góndola de Brasil, por ejemplo, eso también genera dificultades para exportar.

Son cuestiones que pueden parecer menores, pero tienen impacto comercial y requieren modificaciones normativas. La ABP trabaja justamente para que esas discusiones avancen.

-También hubo discusiones sobre trazabilidad y contaminación cruzada. ¿Qué rol tuvo la asociación?

-Fue muy importante. En un momento, la CONAL estuvo cerca de establecer una normativa que podía impedir que los productos a base de plantas tuvieran trazas de determinadas proteínas animales. Eso hubiera afectado a fábricas que producen, por ejemplo, helados vegetales y también helados tradicionales, o hamburguesas vegetales y de carne.

Se estaba dando a los productos a base de plantas un tratamiento similar al de un alimento para celíacos, cuando no es lo mismo. Para una persona celíaca, una traza puede representar un problema de salud; en el caso de alguien que elige consumir alimentos a base de plantas, estamos hablando de una decisión nutricional.

La asociación intervino y planteó esa diferencia. Ese es justamente uno de los sentidos de tener una entidad que represente al sector: cuando aparece una regulación que puede afectar a toda una industria, tiene que haber alguien que pueda analizarla, discutirla y defender los intereses de las empresas.

-¿La producción plant-based implica necesariamente un compromiso ambiental?

-No. Que un producto sea a base de plantas no significa automáticamente que sea saludable ni que quien lo produce tenga un compromiso con el ambiente. Hay alimentos plant-based que pueden ser muy poco saludables y empresas a las que la sustentabilidad les importa mucho, poco o nada.

Eso depende de cada empresario y de la cultura de cada compañía. Hay empresas dentro de la asociación que tienen políticas ambientales muy desarrolladas y otras que están enfocadas en otros aspectos. Son dimensiones diferentes.

-La ABP reúne a más de 90 empresas. ¿Cómo está conformado ese universo?

-Tenemos empresas cuyas líneas son 100% a base de plantas y otras que tienen solamente algunas líneas de este tipo. Las primeras pueden participar del directorio y votar en las asambleas. Las segundas pueden ser socias adherentes.

Pero no haría demasiado hincapié en esa diferencia. Para mí, una empresa que desarrolla productos con mucho cuidado y compromiso es tan importante para el ecosistema como una compañía que tiene exclusivamente líneas plant-based.

-¿Cuáles serán las prioridades de esta nueva etapa?

-Vamos a retomar con fuerza el trabajo de representación y diálogo con los organismos públicos. En la gestión anterior hubo mucho trabajo vinculado con educación y universidades, y ahora queremos volver a poner el foco en la agenda regulatoria.

Pero también queremos dar un paso más y generar beneficios económicos concretos para las empresas. Si somos más de 90 compañías, tenemos que aprovechar ese volumen. Podemos pensar en un pool de compras para conseguir mejores precios en insumos, mecanismos de exportación conjunta para consolidar cargas y reducir costos logísticos, y acuerdos con cadenas comerciales para facilitar el ingreso de nuevos proveedores.

La idea es que la asociación no solamente haga lobby, sino que también genere ahorros, oportunidades y negocios concretos para sus miembros. Ese es uno de los principales desafíos de esta nueva gestión.