
Por qué las inundaciones exigen nuevas estrategias para gestionar el agua de lluvia
El aumento de los eventos climáticos extremos y las pérdidas económicas asociadas a las inundaciones impulsan la búsqueda de soluciones complementarias a la infraestructura tradicional. Especialistas y empresas del sector coinciden en que la adaptación urbana será clave frente a escenarios de precipitaciones cada vez más intensas.
Las inundaciones se han convertido en uno de los fenómenos climáticos con mayor impacto económico y social a nivel global. El incremento sostenido de las lluvias extremas registrado durante las últimas décadas está obligando a gobiernos, especialistas y empresas a replantear la forma en que las ciudades gestionan el agua de lluvia, especialmente en entornos urbanos cada vez más impermeabilizados.
Según datos de las Naciones Unidas, los episodios de precipitaciones intensas e inundaciones aumentaron más de un 50% en los últimos diez años y actualmente ocurren a una frecuencia cuatro veces superior a la registrada en 1980. En Argentina, las consecuencias también son significativas: el Banco Mundial estima que las pérdidas económicas derivadas de estos eventos alcanzan, en promedio, los US$ 1.000 millones anuales.
La amenaza de lluvias cada vez más intensas
La preocupación crece además por las proyecciones climáticas que anticipan la posible aparición de una nueva fase de El Niño, fenómeno que altera los patrones meteorológicos en distintas regiones del planeta y suele incrementar la ocurrencia de precipitaciones extraordinarias.
Algunos especialistas ya hablan de un posible “Súper El Niño” debido a la intensidad que podría alcanzar el evento. En países como Argentina, donde el crecimiento urbano avanzó durante décadas sobre superficies naturales y amplió considerablemente las áreas pavimentadas, la capacidad de absorción del suelo se redujo de manera significativa.
Cuando se producen lluvias de gran intensidad, gran parte del agua ya no puede infiltrarse de forma natural. Como consecuencia, aumenta el escurrimiento superficial, se incrementan los caudales en ríos y arroyos cercanos y se elevan los riesgos de anegamientos e inundaciones urbanas.
Este fenómeno genera una presión creciente sobre la infraestructura existente, particularmente sobre los sistemas pluviales diseñados bajo parámetros climáticos que hoy comienzan a quedar desactualizados frente a la nueva realidad meteorológica.
Los límites de la infraestructura convencional
Ante cada evento de inundación, suele instalarse el debate sobre la necesidad de ampliar la red de drenaje urbano mediante conductos de mayor tamaño o nuevas obras hidráulicas. Sin embargo, especialistas en gestión hídrica advierten que esta estrategia, si bien resulta necesaria en muchos casos, no alcanza por sí sola para resolver el problema.
Los sistemas pluviales tradicionales están concebidos para captar y transportar el agua de lluvia hacia puntos de descarga determinados. No obstante, cuando las precipitaciones alcanzan volúmenes excepcionales, la infraestructura requerida para evacuar esos caudales debería multiplicar sus dimensiones, elevando considerablemente los costos de construcción y mantenimiento.
Además, existe una limitación ambiental relevante. Al acelerar el traslado del agua fuera de las áreas urbanas, se reduce la posibilidad de que ésta infiltre naturalmente en el terreno, afectando la recarga de acuíferos y alterando el equilibrio hídrico de las cuencas.
Por esa razón, cada vez más ciudades incorporan estrategias complementarias orientadas a retener, almacenar o infiltrar parte del agua de lluvia antes de que ingrese al sistema de drenaje convencional.
Infraestructura verde para mejorar la resiliencia urbana
En este contexto ganan terreno los Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS), soluciones que buscan reproducir el comportamiento natural que tenía el agua antes del desarrollo urbano.
Dentro de estas tecnologías se encuentran las celdas WavinAquacell desarrolladas por Amanco Wavin, empresa especializada en infraestructura y construcción. El sistema está diseñado para captar y almacenar de manera subterránea grandes volúmenes de agua durante eventos de lluvia intensa, permitiendo posteriormente su infiltración controlada o su reutilización para distintos usos.
Una de las principales ventajas de esta tecnología es su flexibilidad de instalación. Puede incorporarse bajo plazas, calles, bulevares, veredas, edificios, complejos industriales, estadios deportivos o desarrollos residenciales, sin afectar el uso de la superficie.
El objetivo es reducir los picos de escorrentía que suelen saturar la infraestructura urbana durante tormentas severas y contribuir a una gestión más eficiente del recurso hídrico.
Economía circular y adaptación climática
Además de sus beneficios hidráulicos, estas soluciones incorporan criterios de sustentabilidad vinculados a la economía circular. Las celdas están fabricadas íntegramente con polipropileno reciclado de alta resistencia y pueden ser recicladas nuevamente al finalizar su ciclo de vida útil.
Cada unidad posee capacidad para almacenar aproximadamente 190 litros de agua, contribuyendo a gestionar excedentes pluviales que de otro modo se convertirían en escorrentía superficial.
Para Sandra Pérez, directora de Producto Global de Amanco Wavin, el desafío trasciende la magnitud que finalmente alcance el próximo evento climático. “Más allá de la intensidad que alcance este fenómeno, el desafío de las ciudades es el mismo: adaptarse a eventos climáticos más frecuentes e intensos. La gestión del agua de lluvia no puede depender únicamente de evacuar el agua lo más rápido posible. Incorporar soluciones que trabajen junto al ciclo natural del agua permite reducir riesgos de inundación y construir entornos urbanos más resilientes y sostenibles”, concluyó.
La creciente frecuencia de lluvias extremas plantea un escenario que obliga a combinar infraestructura tradicional con nuevas herramientas de adaptación. En ese proceso, la capacidad de las ciudades para gestionar el agua de manera más inteligente será un factor determinante para reducir riesgos y fortalecer su resiliencia frente al cambio climático.

