
Residuos: crece la digitalización de un mercado todavía informal
La presión por cumplir normas ambientales y reportes ESG está acelerando cambios en la gestión de materiales reciclables. Empresas, gobiernos y cooperativas buscan incorporar herramientas que permitan mejorar la trazabilidad, reducir costos y formalizar operaciones.
La gestión de residuos atraviesa una etapa de transformación impulsada por nuevas exigencias regulatorias y una creciente demanda de información por parte de empresas, inversores y organismos públicos. Lo que durante años fue considerado una tarea operativa hoy se convirtió en un aspecto central de las estrategias de sustentabilidad y cumplimiento ambiental.
La tendencia se refleja en distintas jurisdicciones del país, donde avanzan normativas que obligan a mejorar el control sobre los residuos generados por industrias, supermercados, centros comerciales, hoteles, operadores logísticos y cadenas gastronómicas.
Entre los cambios más recientes figura la Resolución 60/2026 del Ministerio de Ambiente de la Provincia de Buenos Aires, que establece un nuevo marco para los Residuos Industriales No Especiales (RINE) y refuerza la necesidad de contar con mecanismos de seguimiento y registro de materiales.
En este contexto, la digitalización comienza a ganar protagonismo como una herramienta para responder a los nuevos requerimientos regulatorios y reducir los niveles de informalidad que históricamente caracterizaron a buena parte del sector.
Más control y trazabilidad
La incorporación de plataformas digitales permite a las empresas registrar movimientos de materiales, documentar operaciones y generar información verificable para auditorías y reportes de sustentabilidad.
Uno de los modelos que busca avanzar sobre este segmento es Reaquila, una plataforma que conecta a grandes generadores de residuos reciclables con recicladores urbanos y cooperativas mediante un sistema digital de gestión y seguimiento.
La herramienta funciona a través de un esquema similar al de las aplicaciones de logística bajo demanda. Las empresas informan la disponibilidad de materiales reciclables, los recuperadores reciben la notificación y coordinan el retiro. Cada movimiento queda registrado digitalmente y los pagos se realizan de forma electrónica.
“La gestión de residuos dejó de ser un tema operativo para las empresas y para los Estados: hoy es un eje regulatorio, financiero y reputacional. Con Reaquila, un gran generador pasa de tener un pasivo operativo a contar con un activo trazable que cumple la normativa, fortalece su agenda ESG y genera ingresos para los recicladores”, señala Martín Parra, CEO y fundador de Reaquila.
El ejecutivo agrega que la digitalización también puede convertirse en una herramienta para la implementación efectiva de las regulaciones. “Y, al mismo tiempo, podemos trabajar codo a codo con los gobiernos provinciales para que esas regulaciones se puedan implementar realmente, con datos y no con declaraciones”.
Un mercado con alto potencial de recuperación
La magnitud del desafío es significativa. Argentina genera más de 16,5 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos por año, según cifras oficiales. Solo la Ciudad de Buenos Aires produce más de 1,15 millones de toneladas anuales, de las cuales alrededor del 13% corresponde a plásticos.
A nivel nacional se generan aproximadamente 927.000 toneladas de envases plásticos por año, pero apenas el 9% logra reincorporarse a circuitos de reciclaje.
Dentro de ese universo, los grandes generadores concentran una parte importante de los materiales con potencial de valorización, como cartón, papel, vidrio y distintos tipos de plásticos. Una sucursal mediana de supermercado puede generar entre cinco y quince toneladas mensuales de cartón, mientras que algunas cadenas comerciales y gastronómicas superan los 1.000 kilos diarios de envases mixtos por local.
Para muchas empresas, mejorar la gestión de estos materiales no solo responde a exigencias ambientales. También representa una oportunidad para optimizar costos operativos asociados a la disposición final de residuos.
Según estimaciones de Reaquila, derivar materiales reciclables hacia circuitos de recuperación puede reducir entre 20% y 40% los costos vinculados al tratamiento y disposición final, además de mejorar la logística de recolección.
Impacto ambiental y métricas ESG
La posibilidad de medir resultados concretos se convirtió en otro de los factores que impulsan la adopción de sistemas de trazabilidad.
De acuerdo con factores de cálculo de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), reciclar una tonelada de cartón permite evitar aproximadamente 3,3 toneladas de dióxido de carbono equivalente y preservar cerca de 17 árboles. En el caso de los plásticos, la reducción puede oscilar entre 1,5 y 2 toneladas de CO₂ equivalente por cada tonelada recuperada.
Aplicado a grandes operadores comerciales o industriales, el impacto puede ser significativo. La recuperación de 500 toneladas anuales de cartón reciclable equivale a evitar la emisión de alrededor de 1.650 toneladas de CO₂ por año.
Estos indicadores se volvieron especialmente relevantes para compañías que deben reportar avances en materia de sustentabilidad y cumplimiento de objetivos ambientales.
Formalización e inclusión financiera
La digitalización también busca abordar uno de los desafíos históricos del sector: la informalidad de los recicladores urbanos.
Actualmente, Reaquila trabaja con más de 150 cooperativas y miles de recuperadores que participan de un sistema que permite registrar operaciones, recibir pagos electrónicos y acceder a servicios financieros formales.
Según validaciones internas de la empresa, los recicladores que operan dentro de circuitos digitalizados registran mejoras de ingresos de entre 25% y 40% respecto de los esquemas tradicionales.
“La economía circular necesita infraestructura digital para escalar. Lo que buscamos es transformar un sistema históricamente informal en una red trazable, eficiente y económicamente sostenible tanto para las empresas como para los recicladores”, afirma Parra.
La compañía, que nació en Argentina y ya opera en otros países de América Latina, busca expandir este modelo en un contexto donde avanzan regulaciones vinculadas a la Responsabilidad Extendida del Productor y a la gestión integral de residuos. Un escenario que, para especialistas y empresas del sector, marcará una nueva etapa en la relación entre sustentabilidad, tecnología y economía circular.

