Urbano Express: logística de última milla con certificación B

Urbano Express: logística de última milla con certificación B

La empresa logística Urbano Express fue reconocida como Empresa B, convirtiéndose en la primera compañía de logística de última milla en alcanzar esta distinción. La certificación implica equilibrar el beneficio económico con un propósito social y ambiental, integrando en su gestión diaria un Sistema de Gestión Triple Impacto (SG3I) y el compromiso de crecer reduciendo la huella ambiental de sus operaciones.

Con 3.000 colaboradores en total, considerando tanto internos como externos, 52 sucursales propias y más de 400 puntos de retiro en todo el país, la firma realiza 8 millones de entregas mensuales —6 millones de cartas y 2 millones de paquetes— lo que representa 80 millones de envíos anuales.

Opera con una flota de 1.600 vehículos de última milla y 50 camiones troncales. Antes de la pandemia, el 90% de su negocio estaba vinculado al correo; hoy ese segmento representa apenas el 15%, en un contexto de fuerte crecimiento de la logística.

En el plano de infraestructura, la compañía inauguró en la Ciudad de Buenos Aires la planta más grande de la industria, con una inversión de US$ 7 millones, como parte de un plan de desembolso total de US$ 30 millones proyectado hasta 2027. Ya construye una nueva planta en el parque industrial de Junín y analiza expansiones en Mar del Plata, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Neuquén.

El nuevo centro incorpora un sorter semiautomático desarrollado junto a una firma tecnológica china, capaz de pesar y clasificar hasta 10.000 paquetes por hora con trazabilidad visual, procesando el 60% de la paquetería que recibe en la Ciudad. En los próximos meses sumará una segunda cinta para bultos de más de 30 kilos.

En línea con su enfoque de triple impacto, Urbano Express avanza en tres frentes: social, ambiental y económico. Entre las iniciativas se destacan la capacitación continua de sus equipos, el apoyo a proveedores locales y a organizaciones sociales —como la Fundación Espartanos—, la incorporación de paneles solares, el proyecto de una granja solar en su planta de Barracas, el recambio del 90% de su luminaria a tecnología LED y programas de gestión de residuos y reciclaje para fomentar la economía circular.

Gerencia Ambiental conversó con Marcelo Mattio, vicepresidente de Urbano Express, sobre el proceso que llevó a la compañía a certificarse como Empresa B y los desafíos de aplicar un modelo de triple impacto en una actividad intensiva en consumo energético y transporte como la logística de última milla.

—¿Cuándo comenzó Urbano a trabajar en triple impacto?

—En 2018 empezamos a hablar internamente de medir nuestro impacto. Dos años después tuvimos un acercamiento con Sistema B, que nos ayudó a hacer la primera medición formal en términos económicos, sociales y ambientales. Ese fue el punto de partida. Armamos un equipo joven, transversal a todas las áreas, para darle estructura y visibilidad a prácticas que ya existían, pero que no estaban ordenadas bajo un enfoque de sustentabilidad.

—¿Cuál fue la primera iniciativa concreta?

—Decidimos empezar por algo simple y tangible: la gestión de residuos. Así nació el Programa de Gestión de Residuos (PGR), que implementamos inicialmente en nueve sucursales del AMBA. Incorporamos separación en origen, designamos “embajadores de triple impacto” en cada sucursal para medir y supervisar, y generamos conciencia ambiental interna. No podíamos arrancar hablando de huella de carbono; era un concepto más complejo. El reciclaje era una puerta de entrada más clara.

—¿Cómo evolucionó esa agenda ambiental?

—Hoy el programa está extendido a unas 60 sucursales en todo el país. En localidades donde no existe infraestructura de reciclado, utilizamos nuestra propia logística de retorno para traer los residuos reciclables a Buenos Aires y entregarlos a cooperativas o a sistemas formales de disposición. No agregamos camiones: aprovechamos viajes que regresan vacíos. Es parte de pensar la operación con otra lógica.

—La logística es una actividad altamente emisora. ¿Cómo enfrentan ese desafío?

—Es cierto. Tenemos alrededor de 1.400 camionetas diarias en la calle y unos 300 camiones troncales recorriendo rutas. El 97% de nuestra huella de carbono —unas 26.000 toneladas— proviene del combustible. Sabemos que electrificar toda la flota hoy no es viable. Entonces trabajamos en lo posible: incorporamos bicicletas y triciclos eléctricos para recorridos urbanos —tenemos cerca de 100 unidades—, promovemos el uso de vehículos a gas en algunos casos y avanzamos fuerte en eficiencia energética en nuestras plantas.

—¿Qué están haciendo en materia de energía?

—Instalamos paneles solares en nuestra sede administrativa en Florida Oeste, que hoy cubren entre el 50% y el 60% del consumo del edificio. Y estamos desarrollando una granja solar en nuestra planta de Barracas, de 32.000 m², donde proyectamos cubrir cerca del 60% de la demanda energética, incluyendo cámaras de frío. Es una inversión estimada en US$ 600.000 que se repaga en aproximadamente tres años por ahorro en energía. Además, como Empresa B podemos acceder a líneas de financiamiento específicas orientadas a compañías con estándares ambientales y sociales certificados.

—También avanzaron en compensación de emisiones.

—Sí. Sabemos que no vamos a ser carbono neutro en el corto plazo, por la naturaleza del negocio. Por eso combinamos reducción con compensación. Plantamos 25 árboles nativos en una jornada con empleados y financiamos la plantación de 250 árboles en Lago Puelo, tras los incendios. Ese “bosque digital” nos permite medir, a través de una aplicación, cuánto carbono capturan esos árboles a lo largo del tiempo. La idea es ampliar ese esquema cada año.

—En lo social, ¿cuáles son los ejes principales?

—Somos una compañía de cerca de 3.000 personas entre empleados y colaboradores externos. Trabajamos en capacitación constante y en inclusión laboral de personas con barreras de empleo. También tenemos un vínculo muy fuerte con la Fundación Espartanos, acompañando procesos de reinserción sociolaboral. Además, entendemos que el impacto social incluye a nuestros proveedores: fleteros y transportistas del interior son parte de nuestro ecosistema. Los apoyamos con herramientas, asesoramiento y condiciones que les permitan sostener su actividad.

—¿Cómo integraron el triple impacto a la gestión diaria?

—Durante años fue un trabajo adicional que hacían personas de distintas áreas. En 2024 incorporamos objetivos de triple impacto en la evaluación de desempeño de toda la compañía. Y creamos un área específica dentro de Recursos Humanos que gestiona el sistema de impacto —incluyendo estándares como ISO 9000— con una mirada ambiental y social integrada. Además, el compromiso está en nuestro estatuto: buscamos estándares sociales y ambientales del mismo modo que buscamos rentabilidad.

—¿Qué cambios implicó puertas adentro?

—Un cambio cultural. Hoy, cuando el área de compras evalúa proveedores, prioriza empresas con propósito o certificadas. No excluimos a quienes no lo son, pero los invitamos a transitar ese camino. Lo mismo con clientes: a compañías con propósito les ofrecemos condiciones diferenciales y donamos el 100% de la logística a organizaciones como Cáritas o Techo. La idea es generar una red donde impacto y negocio se potencien.

—¿Hubo innovaciones en materiales y embalajes?

—Sí. En nuestra operación de fulfillment utilizamos grandes volúmenes de bolsines. Primero migramos a bolsas con 70% de plástico reciclado y luego a bolsines compostables que se degradan en aproximadamente 180 días. Trabajamos con un proveedor local para desarrollar una alternativa económicamente viable —hoy cuesta apenas un 20% más que una bolsa común— y eso permitió escalar el uso.

—En paralelo, la empresa está invirtiendo fuerte en infraestructura.

—Estamos en un negocio que crece. Hace años veníamos del correo tradicional, que estaba en declive. Hoy operamos alrededor de 1,5 millones de paquetes y 4 millones de cartas por mes. Para sostener ese volumen necesitamos tecnología e infraestructura. Inauguramos la planta más grande de la compañía en la Ciudad de Buenos Aires, incorporamos un sorter semiautomático —somos la cuarta empresa del país en contar con este tipo de automatización— y avanzamos con una nueva planta en el parque industrial de Junín. Cada nueva instalación incorpora criterios de eficiencia energética.

—¿El triple impacto mejora la competitividad?

—Sin dudas. No es filantropía aislada. Creemos que vamos a ser una mejor empresa también en términos económicos porque este modelo genera eficiencia, acceso a financiamiento, mejores vínculos con clientes y mayor compromiso interno. Nuestro éxito no se mide solo por el resultado financiero, sino también por el impacto social y ambiental.

—Para cerrar, ¿qué falta en la agenda?

—Divulgación. Necesitamos que este mensaje circule más. Siempre habrá escépticos, pero hay mucha gente dispuesta a escuchar. Cuando entendés que impacto y negocio pueden ir de la mano, cambia la perspectiva. Si más empresas recorren este camino, el efecto colectivo es mucho mayor.