
“Cuando hablamos de salud del suelo hablamos, en definitiva, de un suelo productivo”
Guillermo Delgado, responsable de Sustentabilidad LATAM de Syngenta, explica cómo la compañía combina diagnóstico, inteligencia artificial y seguimiento de largo plazo para abordar el deterioro de los lotes. También analiza las condiciones necesarias para recuperar su potencial, el rol del financiamiento y las nuevas exigencias de las cadenas agroalimentarias.
La degradación de los suelos se convirtió en uno de los desafíos centrales para la agricultura: pérdida de nutrientes y carbono, deterioro de la estructura y menor actividad biológica condicionan el potencial productivo de los lotes. En este escenario, Guillermo Delgado, head de Sustentabilidad LATAM de Syngenta, analiza el papel de la tecnología y las nuevas prácticas de manejo.
En diálogo con Gerencia Ambiental, Delgado aborda las estrategias que impulsa la compañía para avanzar hacia sistemas productivos capaces de conservar y recuperar la calidad del suelo. Entre ellas se encuentran herramientas de diagnóstico, soluciones digitales que combinan información satelital y datos de campo, y tecnologías orientadas a utilizar los insumos de manera más eficiente.
La conversación también recorre el desarrollo de la Guía Técnica para la Recuperación de Suelos Degradados, elaborada junto con INTA, la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca y Aapresid, y el funcionamiento de Soil Data Fusion, una plataforma que utiliza inteligencia artificial para identificar limitantes productivas y generar mapas de salud del suelo.
Delgado también se refiere al avance de los productos biológicos, las estrategias de agricultura regenerativa y el aporte que pueden realizar las nuevas herramientas para reducir el impacto de las labores agrícolas sin resignar rendimiento. El desafío, plantea, pasa por transformar una mayor cantidad de información en decisiones concretas de manejo.
—¿Qué busca aportar la Guía Técnica para la Recuperación de Suelos Degradados?
—En Syngenta venimos trabajando hace varios años sobre la temática de suelos. Hace tres años empezamos con el mapeo de carbono y con el análisis de la capacidad de nuestros suelos para capturar carbono. Fuimos actualizando ese trabajo y este año decidimos profundizar sobre la salud del suelo y poner sobre la mesa el problema de los suelos degradados, tanto en Argentina como a nivel global.
A partir de toda la información que teníamos disponible, surgió la necesidad de armar una guía técnica para la recuperación de suelos degradados. Para desarrollarla trabajamos junto con Aapresid, que tiene una amplia experiencia en esta temática, y sumamos la mirada del INTA, a través de sus investigadores, y de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca.
La guía tiene un enfoque práctico. Primero plantea un diagnóstico sencillo sobre los distintos tipos de degradación —física, química y biológica— y explica cada uno con ejemplos. Después propone recomendaciones para manejar esos suelos y recuperar determinados niveles de degradación, buscando también contribuir a incrementar la productividad. Finalmente incorpora indicadores para determinar qué medir y cómo hacerlo.
La guía es gratuita y está disponible para su descarga en las páginas de Aapresid y Syngenta. La idea es que funcione como una herramienta de consulta. No establece un esquema rígido, porque las estrategias dependen de cuál sea el estado inicial de cada suelo.
—¿Cómo se complementa esa guía con Soil Data Fusion?
—La guía se complementa con nuestra tecnología de diagnóstico de salud del suelo, Soil Data Fusion. En Syngenta tenemos equipos que trabajan sobre esta temática tanto a nivel global como local y empezamos a desarrollar un diagnóstico más preciso utilizando inteligencia artificial y las herramientas disponibles actualmente.
El objetivo es establecer una línea de base sobre la situación del suelo. Para eso se combinan imágenes satelitales, sensores de medición y análisis de suelo. Con toda esa información y los algoritmos de inteligencia artificial obtenemos un diagnóstico inicial que permite detectar cuál es el factor que está limitando la productividad.
A partir de ahí comienza un proceso de recuperación. Entendemos que la salud del suelo no se recupera en un año, sino que requiere un programa de entre tres y cinco años, dependiendo de cada situación. El primer año se realiza el diagnóstico inicial y, del segundo al quinto, se hacen correcciones y nuevos análisis para seguir evaluando la evolución.
—¿Es una tecnología que ya está disponible en Argentina?
—Sí. Llevamos dos años calibrando las máquinas y los sensores en Argentina, mapeando suelos y trabajando con productores para adaptar la tecnología a las condiciones locales. El servicio ya está disponible y varios productores lo incorporaron.
Es una tecnología que proviene de Syngenta a nivel global, pero armamos un equipo local para adaptar la información. Los análisis de suelo, por ejemplo, son locales, de manera que las recomendaciones sean lo más precisas posible para cada ambiente.
Hoy cualquier productor puede acceder al servicio, sea o no cliente de Syngenta. Se puede contactar con nuestro equipo técnico y, de hecho, lo estamos ofreciendo en las reuniones comerciales.
—¿Qué tipo de resultados permite obtener?
—Lo primero es identificar el factor limitante. Puede ser un problema de pH, acidez, alcalinidad o alguna deficiencia. A partir de ahí se trabaja sobre ese aspecto y después se continúa con el siguiente. Es un árbol de decisiones que permite ir corrigiendo las limitantes para recuperar productividad.
La tecnología forma parte de un programa más amplio que llamamos Reverte, que busca trabajar sobre la recuperación de suelos degradados. Soil Data Fusion funciona como la medición de la línea de base, pero después hay que acompañar al productor para recuperar el suelo, incrementar la producción y medir las prácticas regenerativas.
Ahí también aparecen cuestiones como la rotación de cultivos, los cultivos de cobertura y el uso eficiente de insumos. Esas prácticas pueden registrarse en nuestra plataforma digital, algo que resulta cada vez más relevante porque las cadenas de alimentos necesitan demostrar cómo se producen los alimentos.
—¿Ese seguimiento puede derivar en algún tipo de certificación?
—El sistema permite generar reportes periódicos para que el productor conozca dónde están sus limitantes y sus deficiencias. También permite generar información más simplificada para mostrar a terceros qué se está haciendo y cómo evoluciona la salud del suelo.
Además, tenemos CrowWise Sustainability, dentro de nuestra plataforma digital CrowWise, que permite medir aspectos vinculados con la sustentabilidad y emitir certificados de huella de carbono y reportes sobre la sustentabilidad del sistema. Esa información puede ser presentada ante terceros validantes.
La ventaja de medir de manera consistente y verificable es justamente que después esa información puede ser verificada. La certificación es un paso adicional y dependerá de que exista un tercero que la requiera.
—¿Cómo entra el financiamiento en este proceso?
—Estamos trabajando con varios bancos para que puedan ofrecer mejores condiciones de financiamiento a los productores que desarrollen este tipo de acciones. No hablamos solamente de tasas más accesibles, sino también de plazos más largos.
Recuperar un suelo requiere realizar inversiones y acciones durante el primer año, cuyos resultados pueden aparecer más adelante. Por eso necesitamos que el financiamiento tenga una mirada de largo plazo.
Los bancos están entendiendo ese enfoque, aunque también necesitan información y verificaciones que les permitan demostrar que el productor efectivamente está trabajando sobre la recuperación del suelo. No se trata solamente de financiar con un papel, sino de poder mostrar que existe un proceso que se sostiene durante más de una campaña.
—¿Qué significa concretamente hablar de “salud del suelo”?
—Hay que pensar el suelo como algo vivo, que respira, que tiene una buena estructura física y cuenta con los nutrientes necesarios. Cuando hablamos de salud del suelo hablamos, en definitiva, de un suelo productivo.
Si un suelo está estancado y campaña tras campaña registra menores producciones, puede ser una señal de que existe algún tipo de degradación. Lo que buscamos es ayudar al productor a identificar esa limitante y recuperar la productividad, manteniendo al mismo tiempo las condiciones físicas, químicas y biológicas.
Un suelo compactado, con problemas de pH o con una estructura deteriorada va a ser menos productivo. La mirada sobre la salud del suelo parte de encontrar qué necesita ese suelo para volver a producir mejor. Esa es la razón por la que creemos que el productor va a encontrarle sentido a trabajar en su recuperación.
—¿En cuánto tiempo puede recuperarse un suelo degradado?
—Depende mucho de la situación inicial y de la zona del país. Hay suelos muy ricos en materia orgánica, por ejemplo en la Pampa Húmeda, donde las necesidades pueden ser diferentes.
Lo importante es que la herramienta permite entender en qué parte de un lote se necesita más fertilizante que en otra. Podemos utilizar el mismo fertilizante, pero distribuirlo mejor, o identificar qué elemento es limitante en cada ambiente. Es una agricultura por ambientes.
Lo que sabemos es que el incremento de la producción se va a dar en un horizonte de tres a cinco años. En un año podemos corregir un factor y obtener algún incremento, pero nuestro programa apunta a trabajar con una perspectiva más larga. Por eso no me gustaría dar un número aislado de mejora, porque depende de la línea de base y de las características de cada suelo.
—¿Existe un mapa que permita conocer el nivel de degradación de los suelos argentinos?
—Sí. La guía incorpora un mapa de suelos degradados donde se puede observar en qué zonas del país existe mayor nivel de degradación. Son mapas elaborados a partir de información del INTA y de la Secretaría.
Hay estimaciones que hablan de determinados porcentajes de degradación, pero ese número depende de qué región se analice y de qué tipo de degradación estemos hablando: física, química o biológica. Lo concreto es que existe actualmente un mapa publicado con índices de degradación de los suelos de Argentina.

