
Los tres proyectos con los que Benito Roggio Ambiental busca transformar residuos en recursos
Desde el Centro de Innovación y Desarrollo que la compañía posee en la Facultad de Agronomía de la UBA, el equipo de investigación trabaja sobre nuevas alternativas para valorizar distintas corrientes de residuos. Pellets, recuperación de suelos y biochar forman parte de una agenda que combina tecnología, ambiente y nuevos modelos de negocio.
Ariel Rodríguez, jefe de Innovación y Desarrollo de Benito Roggio Ambiental, está al frente de un equipo interdisciplinario que investiga alternativas para mejorar la gestión de residuos y encontrar nuevos usos para materiales que actualmente tienen poco o ningún valor económico.
El trabajo se desarrolla en el Centro de Innovación y Desarrollo que la compañía instaló en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA), a partir de un convenio que también contempla la interacción con grupos de investigación y estudiantes.
Desde allí, el equipo combina el soporte técnico a las operaciones de la empresa con líneas propias de investigación. En los últimos años trabajó sobre digestión anaeróbica, caracterización de residuos y aprovechamiento de distintas fracciones.
Actualmente, tres proyectos concentran buena parte de esa actividad: la producción de pellets a partir de residuos de poda, la producción de un sustrato orgánico para la cobertura del relleno sanitario a partir de residuos y la producción de biochar.
Pellets: convertir la poda urbana en energía
-¿Cuál es el primer proyecto que están desarrollando?
-Estamos evaluando la posibilidad de producir pellets para uso energético a partir de los restos de poda urbana.
Los pellets son una fuente de energía que tiene mucho desarrollo en Europa, especialmente para estufas y otros usos térmicos. Una condición importante es que deben producirse a partir de biomasa residual y no de bosques talados exclusivamente para ese fin.
Nosotros tenemos una corriente de residuos leñosos que proviene de la poda y que hoy tiene un valor muy bajo. El desafío es que es un material heterogéneo: llegan distintas especies de árboles, hojas, material verde y diferentes niveles de humedad según la época del año. También aparecen algunos impropios que en la planta tenemos que separar.
Estamos haciendo un año de caracterización para entender cómo cambia el material según la estación. Ya preparamos los primeros lotes y los resultados fueron buenos. El poder calorífico es bastante similar al de residuos de madera pura, aunque genera un determinado nivel de cenizas.
En el Área Metropolitana de Buenos Aires podría ser una alternativa para industrias con una demanda importante de combustible, como una cementera. En otras zonas del país, donde la red de gas tiene menor alcance, también podría convertirse en una fuente de energía accesible.
Recuperar los módulos cerrados del relleno
-¿Y cuál es el segundo proyecto?
-Tenemos una planta de tratamiento mecánico-biológico donde se separa la fracción orgánica de los residuos. Ese material atraviesa un proceso de bioestabilización, que se realiza en presencia de oxígeno y tiene principios similares al compostaje, aunque no buscamos producir compost.
Históricamente, ese material se utiliza para las coberturas intermedias de las celdas activas del relleno sanitario. Nosotros buscamos darle una etapa adicional de maduración avanzando durante unos meses en el proceso.
El objetivo es obtener un material que, sin llegar a ser compost, sea compatible con el crecimiento vegetal y tenga nutrientes más biodisponibles. Esto es muy útil cuando hacemos la cobertura final de los módulos porque necesitamos que la vegetación se desarrolle rápidamente.
Las raíces ayudan a evitar la erosión y la vegetación también permite retener agua. Esa agua que queda en la cobertura es agua que no filtra hacia los residuos y, por lo tanto, contribuye a reducir la generación de lixiviados.
La maduración nos llevó unos tres meses. Primero trabajamos con pequeñas cantidades y después llegamos a pilas de unos 800 metros cúbicos. Los resultados fueron muy buenos y ahora el conocimiento desarrollado se está transfiriendo a la operación.
Biochar: capturar carbono y generar nuevos usos
-El tercer proyecto es el biochar. ¿Qué están investigando?
-Venimos trabajando hace aproximadamente dos años en la producción de biochar. Es un material sólido, rico en carbono, que se obtiene mediante la pirólisis de biomasa residual.
La idea tiene una relación directa con el cambio climático. Las plantas absorben dióxido de carbono de la atmósfera durante su crecimiento. Si después esa biomasa se transforma mediante pirólisis en un material carbonoso y ese carbono se mantiene almacenado, se puede retirar carbono del ciclo atmosférico.
La pirólisis es un tratamiento térmico realizado en ausencia de oxígeno. El material vegetal no se quema, sino que se transforma y pierde una parte de su masa, principalmente por la eliminación de agua y otros compuestos volátiles.
Nos enfocamos en los residuos de poda porque son una corriente abundante, tienen una composición bastante cercana a la madera y requieren soluciones de tratamiento. En el Área Metropolitana se generan más de 40.000 toneladas de residuos de poda por mes.
En nuestras pruebas, la pirólisis permitió reducir un 63% el peso del material inicial. Además, encontramos que de cada 100 gramos de biochar producido, aproximadamente 86 gramos corresponden a carbono fijado. El potencial es importante: según las referencias que manejamos, una tonelada de biochar puede retener entre dos y tres toneladas de dióxido de carbono.
-¿Qué usos puede tener ese material?
-La aplicación principal es agronómica. Por su estructura liviana y porosa, puede mejorar la aireación y la estructura de los suelos, reducir su compactación y favorecer el desarrollo de las raíces. También funciona como una especie de esponja: permite retener agua y liberarla progresivamente.
Otra posibilidad es utilizarlo como material de relleno en productos como concreto y asfalto. Hay estudios que analizan su incorporación en estos materiales y también existen experiencias de empresas que ya están evaluando mezclas con biochar.
Además, su estructura porosa permite capturar determinados contaminantes, por lo que podría tener aplicaciones como filtro o en procesos de tratamiento de agua.
-¿En qué etapa está hoy el proyecto de biochar?
-Estamos en una etapa de desarrollo y búsqueda de aplicaciones. El desafío es encontrar quién demande el material. El beneficio ambiental es importante, pero también tiene que existir un incentivo económico para que el biochar pueda producirse y mantenerse fuera del ciclo de emisiones.
Nuestro rol es encontrar soluciones para valorizar los residuos y generar conocimiento que permita tomar decisiones. Después necesitamos que exista una demanda, una regulación y voluntad de inversión, tanto del sector privado como del público.
Lo importante es que el residuo pueda pasar a ser considerado un recurso. No alcanza solamente con mejorar la separación en origen. Hay que desarrollar tecnologías, generar conocimiento, probar alternativas y construir nuevos mercados.
Ese es el objetivo del Centro: investigar, ensayar y poner esas soluciones a disposición para que puedan convertirse, cuando exista la demanda necesaria, en nuevos servicios y modelos de valorización.

